Hilter celebra la Navidad junto a sus compañeros Nazis.
Hilter celebra la Navidad junto a sus compañeros Nazis.
Jaime Bedoya



Los pagos de Odebrecht a PPK cuando este era ministro de Estado podrían ser el metabolito político que obligue a Kuczynski a ver el Mundial en su casa. Pero en calidad de expresidente. Y ojalá sea en su casa. Si ya entre todos nos odiábamos cordialmente antes de esta revelación, el nuevo escenario hará de la agresividad nacional un desbocado festín ciudadano. Prepárense.

Un escenario predilecto de este canibalismo vibrante suele ser Twitter. La red social vive asfixiada por la toxicidad y el insulto, sin encontrar una forma de crecimiento ni en audiencia ni en comercio que le dé una razón de vida más digna.

Desde Trump hasta el Partido Nazi Norteamericano, pasando por el agreste manejo del idioma castellano de políticos peruanos adictos a las aguas servidas, se utiliza Twitter como conducto natural de la agresión moderna. Y de ambos lados: facho y caviar son los ad hominem favoritos publicables. Debatir, arcaico manierismo, devino en inútil ante esta metralleta digital que nunca se queda sin balas. Al parecer ciento cuarenta caracteres son suficientes para poner al imbécil que estime por interlocutor en su sitio.

La regla de los ocho años en Internet, que son como años de perro para las empresas digitales, hace rato que debería haber dado a Twitter por muerto1. Una de las explicaciones de su supervivencia suspendida es que funge de plataforma idónea para el servicio al consumidor. En este caso convoca todo calibre de reclamos respecto a las relaciones humanas, políticas, personales y de cualquier otro tipo. Pero especialmente las que no se soportan entre sí. Una indignación permanente y sin salida respecto al otro.

Hace casi tres años Alberto Vergara, politólogo con visión de rayos X, advertía de la singular condición de vivir en una permanente “crispación sin crisis”. Entonces, febrero del 2015, él se refería a una esfera pública violenta y a una sociedad contagiada de aquel clima de amargura y división. Mientras eso sucedía, como es costumbre, los políticos ensayaban su minué mediocre al son del cortoplacismo. Si así es la cosa sin crisis económica, decía Vergara, ¿cómo será el enfrentamiento cuando la economía colapse?

La crisis no será económica (todavía), pero ya es de hecho política, moral y hasta anímica. Y en un perfecto mundo al revés propiciada por la presunta irresponsabilidad del presidente, hasta el más impresentable bajo investigación queda posicionado como moralizador justiciero: el imperio de la relativización. Si no se puede confiar ni siquiera en un señor supuestamente honorable y sin malicia como Kuczynski, ¿quién queda?

Alan García, ese artista del trapecio, observa desde lo alto de una carpa en llamas.

1 A los ocho años murieron Yahoo, MySpace, AOL.