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Ficción: "Hermosos perdedores", por
 Leonard Cohen

Presentamos el inicio de la novela de Leonard Cohen, reeditada por Lumen a fines del 2017, a un año
de la muerte del autor.

Hermosos perdedores, por  Leonard Cohen

[Ilustración: Manuel Gómez Burns]

Manuel Gómez Burns



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Kateri Tekakwitha, ¿quién eres? ¿Eres (1656-1680)? ¿Con eso basta? ¿Eres la Virgen de los Iroqueses? ¿Eres el Lirio de las Costas del Río Mohawk? ¿Puedo amarte a mi manera? Soy un viejo investigador, más atractivo ahora que en mi juventud. Es el efecto facial de pasarse la vida con el culo pegado en la silla. Vengo siguiéndote, Kateri Tekakwitha. Quiero saber qué pasa debajo de esa manta rosada. ¿Tengo algún derecho? Me enamoré de una pintura religiosa donde se te veía parada entre abedules, mis árboles favoritos. Dios sabe hasta dónde te llegaban los cordones de las botas. Tenías un río detrás, sin duda el río Mohawk. Dos pájaros a la izquierda, en primer plano, deseando que les acariciaras el cuellito blanco o incluso los usaras como un ejemplo en alguna parábola. ¿Tengo algún derecho a seguirte con esta mente polvorienta, llena de la basura de unos cinco mil libros? Ni siquiera voy al campo muy a menudo. ¿Me enseñarías acerca de las hojas? ¿Sabes algo de hongos alucinógenos? Lady Marilyn murió hace pocos años. ¿Podré decir que dentro de cuatrocientos años algún viejo investigador, tal vez de mi propia sangre, irá en su búsqueda como yo vengo en la tuya? Pero por ahora tú debes de saber más sobre el cielo. ¿Es parecido a esos altarcitos de plástico que brillan en la oscuridad? Juro que si es así no me molestará. ¿Son, bien mirado, pequeñas las estrellas? ¿Puede un viejo investigador por fin hallar el amor y dejar de tener que masturbarse todas las noches para dormirse? Ya ni siquiera odio los libros. La mayor parte de lo que leí lo he olvidado y, francamente, nunca me pareció muy importante, ni para mí ni para el mundo. Mi amigo F. solía decir con su tonito eufórico: Hay que aprender a detenerse valientemente en la superficie. Hay que aprender a amar las apariencias. F. murió en una celda acolchada, con el cerebro podrido de tanto sexo sucio. La cara se le puso negra, eso lo vi con mis propios ojos, y dicen que de la verga no quedó mucho. Me dijo una enfermera que parecía la parte interior de un gusano. ¡Salut, F., viejo y gritón amigo mío! Me pregunto si tu recuerdo perdurará. Y tú, Kateri Tekakwitha, si tienes que saberlo, soy tan humano como para sufrir de estreñimiento, la recompensa por una vida sedentaria. ¿Te asombra acaso que haya enviado mi corazón hacia los abedules? ¿Te asombra que un viejo investigador que nunca hizo mucho dinero quiera meterse en tu postal tecnicolor?

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Soy un conocido folclorista, una autoridad en los a___s, tribu que no pienso avergonzar con mi interés. Quedan, tal vez, diez a___s genuinos, de los cuales cuatro son chicas adolescentes. Añadiré que F. aprovechó al máximo mi prestigio antropológico para tirarse a las cuatro. Viejo amigo, tuviste tu merecido. Los a___s parecen haber hecho su aparición en el siglo XV; o más bien una parte de la tribu, de tamaño considerable. Su breve historia se caracteriza por una derrota constante. El propio nombre de la tribu, a___s, significa “cadáver” en el idioma de todas las tribus vecinas. No hay registro de que este pueblo desafortunado haya ganado una sola batalla, mientras que las canciones y leyendas de sus enemigos no son más que un sostenido aullido de triunfo. Mi interés por esta banda de fracasados delata mi carácter. Cuando le prestaba dinero, F. solía decirme: ¡Gracias, viejo a___! Kateri Tekakwitha, ¿me estás escuchando?

Hermosos perdedores, por  Leonard Cohen

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Lumen

novela

Hermosos perdedores

Leonard Cohen
Editorial: Lumen
Páginas: 293
Precio: S/ 92,00

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Kateri Tekakwitha, he venido a rescatarte de los jesuitas. Sí, un viejo investigador osa pensar en grande. No sé qué se dice de ti últimamente, porque mi latín está casi difunto. “Que le succès couronne nos espérances, et nous verrons sur les autels, auprès des Martyrs canadiens, une Vierge iroquoise – près des roses du martyre le his de la virginité”. Una nota de un tal Ed. L., S. J., escrita en agosto de 1926. Pero ¿qué importa? No quiero cargar con mi antigua vida de beligerancia en mi viaje por el río Mohawk. ¡Paz, Compañía de Jesús! F. decía: Un hombre fuerte no puede sino amar a la Iglesia. Kateri Tekakwitha, ¿ qué nos importa si te moldean en yeso? En estos momentos estudio los planos de una canoa de corteza de abedul. Tus hermanos han olvidado cómo se construyen. ¿Y qué si en el tablero de todos los taxis de Montreal está tu cuerpecito reproducido en plástico? Eso no puede ser malo. El amor no se puede acaparar. ¿Hay una parte de Jesús en cada crucifijo pisoteado? Yo creo que sí. ¡El deseo cambia el mundo! ¿Qué hace que los arces, en la ladera, se vuelvan rojizos? ¡Paz, fabricantes de barajitas religiosas! ¡Estáis manipulando material sagrado! Kateri Tekakwitha, ¿ves cómo me voy entusiasmando? ¿Cómo quiero que el mundo sea místico y bueno? ¿Son, después de todo, pequeñas las estrellas? ¿Quién nos mandará a dormir? ¿Debo conservar mis uñas? ¿Es santa la materia? Quiero que el peluquero entierre mi cabello. Kateri Tekakwitha, ¿ya te estás ocupando de mí?

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Marie de l’Incarnation, Marguerite Bourgeoys, Marie- Marguerite d’Youville, tal vez puedan excitarme si logro salirme de mí mismo. Quiero conseguir todo lo que pueda. F. decía que jamás había oído nombrar a una santa a la que no le habría gustado follarse. ¿Qué quería decir con eso? F. no me digas que al fin te estás poniendo profundo. Una vez F. dijo: A los dieciséis dejé de follarme caras. Yo había provocado el comentario al expresar mi disgusto ante su última conquista, una joven jorobada que había conocido recorriendo un orfanato. Ese día, F. me habló como si verdaderamente yo fuera uno de los desamparados; o tal vez no se dirigía a mí cuando murmuró: ¿Quién soy yo para rechazar el universo?

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Fueron los franceses los que bautizaron a los iroqueses. Una cosa es poner nombre a una comida y otra poner nombre a un pueblo, aunque hoy en día al pueblo en cuestión no parezca importarle. Si nunca les importó, peor para mí: estoy más que dispuesto a cargar con las supuestas humillaciones a los pueblos inocentes, como lo demuestra toda una carrera dedicada a los a___s. ¿Por qué me siento tan mal todas la mañanas cuando me levanto? Ya preguntándome si podré cagar o no. ¿Va a funcionarme el cuerpo? ¿Se me van a revolver las entrañas? ¿La vieja máquina habrá logrado volver marrón la comida? ¿A alguien le sorprende que siempre ande recorriendo bibliotecas en busca de noticias sobre víctimas? ¡Víctimas ficticias! Todas las víctimas que no asesinamos o apresamos nosotros mismos son víctimas ficticias. Vivo en un pequeño edificio de apartamentos. Al hueco del ascensor se accede por el segundo sótano. Mientras yo, en la biblioteca, trabajaba en un artículo sobre los leminos, ella se metió en el hueco del ascensor y se quedó allí sentada, con los brazos alrededor de las rodillas (o al menos eso dictaminó la policía a partir del revoltijo).

Leonard Cohen

 Sus creaciones musicales tocaron temas como la religión, la política, el aislamiento, las relaciones personales y la sexualidad.

Archivo

Leonard Cohen (Montreal 1934 - Los Ángeles 2016)

Leonard Cohen, ganador del Premio Príncipe de Asturias en el año 2011, destacó en todos los rubros en los que incursionó, marcando hitos en la música, la narrativa y la poesía. Fue en la Universidad McGill de Montreal donde empezó su carrera literaria escribiendo poesía, en la década del 50. Su novela Hermosos perdedores (publicada originalmente en 1966 ) fue reeditada en español al cumplirse un año de su muerte.


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