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Google y Huawei: Una guerra de insospechadas consecuencias, por José Carlos Mariátegui

La tecnología y los datos se han convertido en el petróleo del siglo XXI. Su control parece configurar una nueva geopolítica hecha de algoritmos y está detrás del conflicto entre Google y Huawei.

Huawei es una de las tres marcas de celulares más vendidas en América Latina.

Huawei es una de las tres marcas de celulares más vendidas en América Latina. (Foto: Getty Images)

Por: José Carlos Mariátegui
Hace unas semanas, el Gobierno de Estados Unidos colocó a la compañía china Huawei en su lista negra de empresas que no pueden negociar con entidades estadounidenses. Esto conllevó que Google —que produce el sistema operativo Android para smartphones— esté ahora prohibida de proporcionarle a la firma china dicha tecnología. El gigante tecnológico asiático es hoy el segundo mayor fabricante de smartphones en el mundo (el año pasado vendió 200 millones de aparatos) y, con casi el 30 % del mercado global, es la compañía dominante en venta de infraestructura tecnológica para telecomunicaciones. Por eso la guerra se veía venir.

Tim Watkins, vicepresidente para Europa de Huawei, mencionó esta semana que ellos ya “se habían estado preparando para lo peor” desde hace mucho tiempo. Por eso habían estado comprando procesadores para los próximos cinco años, armando una cadena de proveedores, principalmente chinos, y, finalmente, desarrollando su propio sistema operativo.

En el fondo, la prohibición estadounidense que, aparentemente, pone en jaque temporal a Huawei y sus ambiciones globales es un indicio de la nueva geopolítica mundial de relaciones limítrofes y translimítrofes que están intrínsecamente relacionadas con la tecnología y el control de la información.

HUW EVANS PICTURE AGENCY

El presidente estadounidense Donald Trump agregó a Huawei a una lista de compañías con las que las empresas estadounidenses no pueden negociar a menos que tengan una licencia. (HUW EVANS PICTURE AGENCY)

—Una nueva y oscura era—
La reconocida socióloga Saskia Sassen, Príncipe de Asturias 2013, auguraba ya esta situación en sus escritos sobre las ciudades globales a fines del siglo XX. En ellos explicaba cómo las tecnologías de la información y el incremento del capital posibilitaban la aparición de procesos económicos transfronterizos inmateriales, es decir, la producción de bienes y servicios basados en la creación y gestión de información, flujos de capital, software y entretenimiento. Hasta las leyes caían dentro de esta definición.

El vaticinio de Sassen se cumple hoy a la perfección. Vivimos un fenómeno completamente global con relación a la distribución y creación de información, donde, a la par de la expansión de los canales para su difusión —gracias a internet—, se han ampliado también los centros financieros y de negocios que los controlan.

En las últimas décadas, al eje de ciudades dominantes compuesto por Nueva York, Londres y Tokio, se han sumado ‘ciudades tecnológicas’ como Silicon Valley y Shenzhen. Precisamente, Huawei opera en Shenzhen, una antigua villa de pescadores transformada en una ciudad hipermoderna que concentra las principales empresas de innovación chinas.

Se trata de una guerra silenciosa e invisible entre las dos principales potencias mundiales que va más allá de una dominación tecnológica: es una lucha por controlar nuestra vida social. Huawei provee los artefactos e infraestructura móvil esencial para capturar nuestras acciones rutinarias, búsquedas en Google, red de amigos en Facebook, interacciones en Twitter y fotografías en Instagram. Estos datos son registrados, procesados, analizados y reempaquetados para ser vendidos y utilizados con fines comerciales, lo que permite, cada vez con mayor certeza, predecir nuestros pensamientos.

hUAWEI 5g

hUAWEI 5g

Como menciona el artista y escritor británico James Bridle, autor de New dark age: technology and the end of the future, la apropiación de los datos del comportamiento de las personas es una “extracción tan grotesca y tan espeluznante”, que resulta imposible pensar por qué aceptamos dar nuestros datos como un recurso gratuito a empresas que los utilizan para controlar nuestras vidas por medio de mecanismos computacionales.

—El capitalismo de vigilancia—
La profesora Shoshana Zuboff, quien en los años ochenta escribió una de las obras seminales sobre cómo las tecnologías de información establecieron capacidades informativas y cognitivas que transformaron el trabajo, ha denominado, recientemente, “capitalismo de vigilancia” a la práctica por la cual el comportamiento humano se puede modelar, predecir y controlar a la perfección.

Esto conlleva el colapso de las relaciones equitativas entre los individuos y la confianza en las instituciones; se sustituyen, así, los aspectos de una sociedad participativa y democrática por la certeza algorítmica corporativa con fines de lucro.

Estados Unidos busca mantener el liderazgo tecnológico mediante una industria que se basa en reconstruir algorítmicamente el comportamiento de las personas. Pero el avance de China no se basa meramente en la mano de obra barata, sino también va hacia la misma dirección: adquirir información, analizarla y predecirla.

En el campo de la geopolítica de la información, el aumento de la desconfianza de parte de las instituciones y Estados incidirá en la creación de tecnologías propietarias que solo se podrán utilizar en determinados países, en contraposición al software libre y la interoperabilidad abierta de la información.

—Geopolítica cuántica—
El escalamiento en la lucha de poderes ya no es entonces puramente armamentista; ahora es principalmente informacional. La geopolítica se va a medir por cuántos centros de innovación existen en cada país. Actualmente, existen más de 70 grupos científicos en todo el mundo que trabajan en la obtención del primer ordenador cuántico, hecho que tendrá importantes consecuencias geopolíticas.

Aunque es un misterio el número de centros de investigación y desarrollo existentes en China, lo que sí sabemos es que la potencia asiática está desarrollando la tecnología de satélites cuánticos y una gran red terrestre que utiliza la comunicación cuántica, lo cual le permitirá transmitir información a velocidades más rápidas que las de la luz y con alta seguridad. El Gobierno chino está trabajando en un laboratorio nacional, en el que invertirá 10 mil millones de dólares, para la investigación cuántica que se abrirá en 2020. Las compañías, que controlarán el ‘internet cuántico’, definirán la hegemonía económica global futura.

Si bien no podemos predecir qué sucederá en los próximos años, la historia nos permite especular con cierta claridad y objetividad y ver que estamos en un momento en el que los datos se han convertido en el nuevo petróleo. Las guerras y conflictos tienen un nuevo campo de acción en el que el fin es traducir a datos el comportamiento humano y así generar ‘productos de predicción’ que anticipen lo que harán los seres humanos.

Dichos ‘productos’ se llegarán a comercializar en un nuevo tipo de mercado de futuros de comportamiento, que legitimaría la escalofriante frase de George Orwell: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”.

David Orlando

Viñeta de David Orlando en la edición de esta semana.

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