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El gran desgarramiento: Una hipótesis sobre el fin del universo

Le llaman el Gran Desgarramiento y predice que, en algún momento, todo lo existente —galaxias, planetas y átomos— se partirá en una cantidad incalculable de partículas.

El gran desgarramiento

La belleza de la Vía Láctea en una despejada noche de abril al norte de Alemania. Según una teoría, todo se disgregará hasta desaparecer.

Por: Hanguk Yun y Saneli Carbajal 
¿Cuál será el final del universo? La pregunta genera más incertidumbre que entusiasmo. Aun así, imaginar cómo acabará la vida ha sido una de las grandes obsesiones del ser humano. Parábolas religiosas, mitos tribales y hasta superproducciones de cine proponen respuestas al enigma del final de los tiempos. Un asunto harto abordado y, sin embargo, vigente.

Puede que la respuesta sea inaccesible para nuestra comprensión, pero existen algunas hipótesis confiables. La cosmología, ciencia que estudia el comportamiento del universo, proyecta algunos escenarios posibles. Uno de los modelos más vigentes, conocido como el Gran Desgarramiento, propone que, en un futuro muy distante, una energía opuesta a la gravedad disgregará todo lo que existe: galaxias, estrellas y planetas se desintegrarán en incalculables partículas. Después de eso, solo quedará el vacío. La nada. ¿Cuál es el sustento de este modelo cosmológico?

—El universo es finito—
No siempre se supo que el universo tenía un origen y que tendrá un final. La sospecha comenzó a tomar validez con los descubrimientos del astrónomo estadounidense Edwin Hubble. Corrían las primeras décadas del siglo XX y un buen número de científicos —Albert Einstein a la cabeza— estaban seguros de que el universo era estático: inmóvil en el espacio y eterno en el tiempo. En otras palabras, que siempre había estado ahí, inalterable, y que seguiría estando por siempre.

En 1929, Hubble trabajaba en el Observatorio del Monte Wilson —Los Ángeles, Estados Unidos— y estudiaba la radiación proveniente de ciertas estrellas ubicadas en otras galaxias, a millones de años luz de la Tierra. Con un telescopio y mediciones de la época, observó que los astros emitían una luz más rojiza de lo esperado, un efecto visual que indicaba que se estaban alejando de la Tierra. Más tarde, sus investigaciones lo llevarían a descubrir que las galaxias más distantes se alejaban a mayor velocidad.

Observatorio del Monte Wilson

Observatorio del Monte Wilson en Los Angeles, California

Estos resultados solo tenían una explicación posible: el universo no era estático ni eterno, como pensaba Einstein, sino que se estaba expandiendo. Ante tal evidencia, las certezas científicas cambiaron por completo. Si el universo no era eterno, había que estudiar su origen y también su posible final.

Después de que la teoría de la relatividad general fue aplicada a la cosmología, por algunos teóricos y sobre todo gracias a las demostraciones de los trabajos de Hubble, aparecieron los modelos cosmológicos sobre el final del universo”, comenta Teófilo Vargas, doctor en Física por el Instituto de Física Teórica de São Paulo y actual responsable del Grupo de Física Teórica de la Universidad de San Marcos.

—Nuevos cálculos, nuevas teorías—
A partir de este momento, los modelos cosmológicos creados para imaginar el fin de los tiempos se basaron en la certeza de que el universo no se expandiría por siempre. Las leyes físicas predecían que, en algún punto del futuro, la fuerza de gravedad debería frenar la expansión y el universo empezaría a contraerse. En 1998 se supo que la realidad era muy distinta.

Grupos de observación de todo el mundo competían por ser los primeros en encontrar respuestas sobre la expansión del universo. Siguiendo el ejemplo de Hubble, apuntaron sus telescopios hacia las galaxias más lejanas, a miles de millones de años luz de la Tierra. La competencia terminó en 1998, cuando dos grupos de investigación —The Supernova Cosmology Project y The High-Z Supernova Search Team— descubrieron una verdad que confrontaba todas las certezas: la expansión del universo no estaba frenándose, sino que se aceleraba. El universo crecía cada vez más rápido, como si existiese una fuerza invisible que lo forzaba a expandirse.

“A esta fuerza se le atribuyó el nombre de energía oscura, precisamente porque no se tiene una idea clara de cómo opera”, indica el cosmólogo Aleksey Topolansky, investigador de la Universidad Estatal de Moscú. “El modelo cosmológico del Gran Desgarramiento aparece como resultado de la inclusión de esta energía, que tiene como particularidad el poseer una propiedad repulsiva y contraria a la gravedad”, explica.

—El Gran Desgarramiento—
Imagine una gigantesca rueda de la fortuna, con sus asientos brillantes, girando en el cielo nocturno. Mientras la rueda rota por acción del mecanismo electrónico, el sistema se encuentra en armonía. Las galaxias son también sistemas que se accionan por una fuerza —la gravedad—, y, vistas desde la Tierra, son brillantes y hermosas. El Gran Desgarramiento propone que, por obra de la energía oscura, esta armonía llegará a su fin.

Por ahora la energía oscura opera solo a grandes escalas cosmológicas. Entonces, no se siente su efecto de repulsión. Pero, en el modelo del Gran Desgarramiento, la energía oscura aumentará, lo que significa que no solo va a sentirse en grandes escalas, sino en galaxias y en sistemas planetarios. A escalas macroscópicas y microscópicas”, añade Vargas.

Por efecto de esta energía, las galaxias se alejarían unas de otras hasta que en determinado momento serán imposibles de observar. El universo tendría entonces la forma de un gigantesco mar negro e infinito. Con el tiempo, la presión de la energía oscura no solo alejaría los astros, sino que los partiría: su fuerza repulsiva dividiría a todos los cuerpos del cosmos en incalculables partículas. Las estrellas y planetas —y toda la vida que contienen— desaparecerían. Al final, solo quedaría la nada.

—Certezas del fin—
Aunque es uno de los modelos sobre el final de los tiempos más aceptados, el Gran Desgarramiento todavía es una hipótesis. En rigor, se trata de una proyección creada a partir del conocimiento que los cosmólogos tienen del comportamiento del universo.

Lo que hacemos los científicos es llevar al extremo las condiciones bajo las que opera el universo y, a partir de aquí, sacamos proyecciones”, comenta Vargas. “En otras palabras, hacemos extrapolaciones cuidadosas e inteligentes de la situación actual, sin violar ninguna de las otras hipótesis, y, a partir de este punto, proyectamos escenarios de cómo será el futuro y el final del universo”, agrega.

En cualquier caso, se trata de un escenario lejano. De acuerdo con Robert Caldwell, el Gran Desgarramiento ocurriría dentro de por lo menos 22 mil millones de años. Para entonces es muy probable que ningún ser humano viva en la Tierra, y probablemente la Tierra tampoco exista. ¿Por qué entonces pensar en un futuro que jamás llegaremos a ver? Quizá la respuesta radique en la curiosidad, el obsesivo deseo humano por conocer verdades más grandes que él.

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