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Harry Dean Stanton: El hombre cuyo rostro era una historia

A pocos días de la muerte del actor que protagonizó París, Texas, un repaso por su vida y obra.

Harry Dean Stanton

West Hollywood, California, 2012. Harry Dean Stanton durante el rodaje del documental "Harry Dean Stanton: Partly Fiction". [Foto: AFP]

West Hollywood, California, 2012. Harry Dean Stanton durante el rodaje del documental "Harry Dean Stanton: Partly Fiction". [Foto: AFP]

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¿De dónde viene este hombre? ¿De dónde ha salido esta figura delgada que lleva un terno raído, lleno de arena, que atraviesa caminando el desierto de Texas como si lo viniera haciendo desde siempre? Las suelas de sus zapatos están rotas, su corbata ha perdido color, tiene el rostro insolado. Lleva una gorra roja. Bebe un último trago de agua antes de arrojar la botella vacía. Sigue caminando. Suena una triste melodía country que podría ser la voz de piedras y arenas. Hay mucho polvo y una absoluta soledad.

Así conocieron los espectadores de todo el mundo a Travis Henderson o, mejor dicho, a Harry Dean Stanton. Es la escena inicial de París, Texas, aquel trabajo de Wim Wenders que más que un filme era un canto a la desolación y al fin del amor. Para cuando le llegó ese papel, el primer protagónico de su vida, Stanton tenía casi 57 años de una existencia dedicada a la actuación. Ese conmovedor personaje lo convirtió en una leyenda para los amantes del cine de autor, allí donde cada palabra y cada silencio tienen significado, distantes de los clichés hollywoodenses.

Travis Henderson fue producto de la imaginación del también actor y escritor Sam Shepard —recientemente fallecido—, quien escribió el guion del filme de Wenders. Este lo quería como protagonista, pero el autor lo rechazó. Había pasado cuatro años escribiendo la historia y prefería dejarlo así. Además, le dijo a Wenders, conocía al hombre perfecto para el papel. “Es de esos actores que saben que su cara es una historia —dijo Shepard—. Solo tiene que estar en algo, aparecer en una toma, y su cara ya es la historia.”

Harry Dean Stanton

El actor estadounidense Harry Dean Stanton estudió periodismo y artes en la Universidad de Kentucky. Allí comenzó a hacer teatro participando en la obra "Pygmalion". [Foto: AFP]

El actor estadounidense Harry Dean Stanton estudió periodismo y artes en la Universidad de Kentucky. Allí comenzó a hacer teatro participando en la obra "Pygmalion". [Foto: AFP]

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                                          — Harry, Texas —
“Sus brazos estaban ardiendo, se lanzó afuera y rodó sobre el suelo mojado. Luego corrió. Nunca miró atrás, hacia el fuego. Solo corrió. Corrió hasta que el sol salió, y no pudo correr más. Cuando el sol se ocultó, corrió otra vez. Durante cinco días corrió así, hasta que todo signo humano desapareció”, le dice Harry/Travis a Nastassja Kinski/Jane en el monólogo más sobrecogedor de París, Texas. “Harry se permitió ser muy vulnerable en ese papel y nos mostró su alma. Es frágil. Es vulnerable. La gente no está acostumbrada a que su protagonista se abra tanto. Creo que llego al corazón de mucha gente justamente porque se atrevió a ser frágil”, ha recordado el mismo Wim Wenders en Harry Dean Stanton: Partly Fiction, el documental del 2012 dedicado a la figura del actor.

—¿Cómo te describes a ti mismo?
—Como nada. No hay yo.
—¿Cómo te gustaría que te recordaran?
—No me importa.
—¿Cuáles eran tus sueños de niño?
—Pesadillas.

El entrevistador es su amigo, el cineasta David Lynch. Las respuestas de Stanton son del tipo: “¿Por qué me preguntan esto? ¿Por qué hacen una película sobre mí, si yo soy un tipo normal, común y corriente?”. Era un hombre que actuaba con tan conmovedora naturalidad que podía hacer pensar a cualquiera de nosotros que también podíamos hacerlo. Él era nosotros ahí donde aparecía. Nos representaba o, al menos, representaba todo aquello que podíamos llegar a ser si él quería. Quizá por una cualidad maravillosa: podía personificar a un hombre absolutamente normal y promedio, pero que era decisivo para o por algo.

"París, Texas"

1984. Trailer de "Paris, Texas", película dirigida por Wim Wenders y protagonizada por Harry Dean Stanton.

Probablemente esa fue una de las razones que hicieron que el crítico Roger Ebert asegurara que, para él, solo dos actores garantizaban con su presencia que la película no fuera mala: Stanton y M. Emmet Walsh. Y bautizó su idea como la “regla Stanton-Walsh”. Fue todo lo contrario a una estrella de cine. Era un outsider.

Lo cierto es que, aunque las nuevas generaciones puedan hacer un esfuerzo para recordarlo como el guardia de seguridad que habla brevemente con Mark Ruffalo/Hulk en Los Vengadores, hay muchos otros papeles por los que Stanton merece ser recordado: el prisionero que canta y toca la guitarra en Cool Hand Luke (1967) —más tarde formó la Harry Dean Stanton Band, en la que interpretaba rock, blues, jazz y canciones tex-mex—; sus actuaciones en Missouri (1976), donde comparte con sus amigos Jack Nicholson y Marlon Brando; Alien (1979); La muerte en directo (1980); Rescate en Nueva York (1981); Christine (1983); o Repo Man (1984), además del detective de Corazón salvaje de Lynch, o el apóstol Pablo en La última tentación de Cristo, de Scorsese (1988), sin olvidar su participación en Twin Peaks.

También es necesario mencionar su incidencia en la cultura pop, como en la canción de Debbie Harry, “I Want that Man”, en el bautizo de la banda Travis, o en el himno que Kris Kristofferson le dedicara a él, Johnny Cash, Waylon Jennings y Dennis Hopper, “The Pilgrim, Chapter 33”.

Harry Dean Stanton en "La última tentación de Cristo"

Harry Dean Stanton interpreta al apóstol en "La última tentación de Cristo"

Harry Dean Stanton interpreta al apóstol Pablo en "La última tentación de Cristo"

Universal Pictures

También, claro, por Lucky, la película en la que comparte pantalla con David Lynch, que ha dejado lista antes de fallecer de manera inesperada —a pesar de sus 91 años y de sus varios cigarrillos al día— el pasado 15 de setiembre. De algún modo, es como si Harry Dean Stanton no hubiera nunca dejado de ser Travis, no hubiera detenido sus pasos en aquel paraje tejano o lo hubiera hecho solo para pretender que actuaba, para que lo creyéramos posible, siendo siempre consciente de que, al final, retomaría la marcha.

Ese momento ha llegado.

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