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Juan Manuel Roca: "En mi país, la guerra siempre viene después de la posguerra"

El poeta colombiano llegará a la Feria del Libro Zona Huancayo (Felizh) como parte de la delegación internacional. La feria será hasta el 30 de junio en la explanada de la plaza Huamanmarca.

Juan Manuel Roca | Feria de Huancayo | Poesía | "En mi país, la guerra siempre viene después de la posguerra" | Perú | Colombia

El poeta Juan Manuel Roca es invitado internacional de la Feria del Libro Zona Huancayo (Felizh).

Feria del Libro de Huancayo


Juan Manuel Roca (Medellín, 1946) es una de las principales voces actuales de la poesía colombiana y latinoamericana. El poeta de la denominada 'Generación del inxilio' y autor de una amplia obra que explora la poesía, la narrativa y el ensayo, llegará a nuestro país para participar en el Feria del Libro Zona Huancayo (Felizh) el sábado 29 de junio a las 11:00 en la Plaza Huamanmarca. 

Asegura que Westphalen, Moro, Eguren, Sologuren, Eielson, Varela, Watanabe, Belli y Cisneros son algunos de los nombres tutelares de nuestra literatura, los mismos que él describe como “nombres brujos”. Es un gran lector de César Vallejo (se considera "vallejólogo") y publicó el libro "Teatro de sombras con César Vallejo" en su honor. Roca escribe bien puesto sobre la realidad y con los recuerdos del hogar, de la madre, y de las costumbres de su Colombia natal. Su obra es una recuperación de su historia personal pero también de la memoria de su país. En ella está presente la guerra así como el espíritu de nuestro continente.

Juan Manuel Roca | Feria de Huancayo | Poesía | "En mi país, la guerra siempre viene después de la posguerra" | Perú | Colombia

César Vallejo es una presencia permanente en la obra del poeta colombiano Juan Manuel Roca.

Leslie Searles / Archivo

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Hay mucha nostalgia del hogar en su obra, mucha memoria de su país, de las costumbres, de sus personajes cotidianos. ¿Es una manera de conservar la memoria? ¿Por qué es importante hacerlo?
En verdad, sí hay en lo que escribo un intento de rastrear desde la memoria mi país, más con un carácter evocador que nostálgico. Soy de la idea de que la historia oficial de mi país no está escrita por la punta del lápiz sino por el lado del borrador. Nos han borrado y ahora más con un gobierno ultraderechista, un pasado crítico y creador, insatisfecho y desobediente. Siempre digo que a mi generación le tocó aprender a nadar en un naufragio. Pero a la actual generación, a los jóvenes, les alcanzan una tabla de salvación que es el autismo, el ensimismamiento, la pérdida de interés en lo que nos ocurre como nación. Les arrojan la tabla agujereada del consumismo, pero aun así no logran en muchos núcleos crear un aturdimiento intelectual. Hay, con todo, una creciente conciencia social, un interés por lo que nos pasa en los otros. Creo que un país sin memoria es más fácil de manipular. La poesía, además de ser una forma del pensar, es la salud del lenguaje como diría ese desobediente civil llamado Henry David Thoreau; y es también el mejor aliento y alimento de lo que va quedando de sociedad. Esto, por supuesto, es algo que desdeñan los políticos y con ellos las políticas editoriales. Me gusta y se ajusta a nuestra realidad este pensamiento de un marxista surreal y patafísico llamado Groucho: “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Don Groucho Marx parece conocer mejor nuestra realidad que muchos politólogos.

¿Cómo percibe su país actualmente? Durante décadas la violencia ha estado presente en Colombia ¿Se logran sanar las heridas con la palabra, con la poesía?
El país se debate entre un anhelo de paz que nos resulta esquivo por los intereses guerreristas de quienes han hecho de la guerra un negocio y del desarraigo del otro una ganancia. Me repito, pero no me canso de decirlo, es una cruel paradoja pero, en mi país, la guerra siempre viene después de la posguerra. No hemos tenido sino breves treguas, una de ellas y, de manera parcial, es la que vivimos después de la firma de un acuerdo de paz entre la guerrilla más grande del país y el gobierno pasado. Ese bumerang de la guerra regresa ahora bajo un gobierno zombie. Vuelven los crímenes de líderes sociales, vuelven los desplazamientos. No creo que la poesía sea una forma de sanación ni de catarsis, no quisiera darle esa potestad mesiánica como si ella tuviera que ser la cruz roja de nuestra crisis. Pero sí sé que --sin pretensiones programáticas, sin un deber ser--, el poeta verdadero --y con esto quiero señalar no al que escribe por prestigio, por anhelos de figuración, sino al que intenta explorarse a él en los demás--, tiene un espacio que no por poco reconocido deja de ser importante. Por supuesto que hay centenares de poetas inanes con los que hay gran indulgencia por ausencia de crítica, ya que la única crítica en el país parece ser la situación.

¿Por qué la poesía se convierte en una hermosa herramienta para afrontar la brutalidad de la realidad?
Quien dijo que la realidad no es verbal tenía toda la razón. Haga un diagnóstico desde la palabra, muestre las claves de la violencia y; sin embargo, esta no desaparece. Pero aun así, la palabra no se niega a la confrontación y los cambios que logra en quien conserva la idea de que la imaginación es real, resulta grande. Digo imaginación o fabulación sin que esto signifique escapismo o evasión. Tal vez por eso la poesía que más me gusta es la que viene sucia de realidad, pero no es realista. Lo significativo es saber que lo más grande que posee el hombre, su lengua, no se resigna en el poeta a ser solamente un verbalizador de realidad o un novio de la muerte. La poesía o la literatura que se mueven entre una actitud utópica o distópica como único signo, no constituyen un mandamiento.

Usted proponer llamar a su generación la “Generación del inxilio” ¿En qué consiste?
Es que a mi generación le han puesto muchos nombres. Desencantada, posnadaísta, del Estado de Sitio, etc. Para que la pila bautismal donde se bautizan las generaciones tenga un bautizo más, propuse la generación del inxilio.
Mi generación ha visto quizá más que todas las anteriores: un país de desplazados, de gente que tiene que huir a sitios distintos a los suyos con todo lo que eso acarrea, pérdida de raíz, mendicidad, carne de cañón para los violentos; pero, ante todo, pérdida de tierras a manos de terratenientes y políticos, que a veces son las dos cosas al mismo tiempo.
Pues bien, como homenaje a esa legión que lleva un país a cuestas, de un lado a otro como un “país portátil”, la expresión es del venezolano Adriano González León, me parecería bien que nos llamáramos del inxilio, que es ni más ni menos que un exilio en casa. Además, porque la poesía es la inxiliada del festín editorial.

César Vallejo es una figura importante en su poesía. En unas declaraciones comenta que le "tocó aceptar que no podía ser él y conformarme con ser Juan Manuel Roca”. ¿Cuál es su relación con Vallejo? 
Es alguien de nuestra lengua a quien considero una prótesis que me ha ayudado a transitar caminos pedregosos. Digamos que es mi poeta de cabecera. Mi primer acercamiento a él tiene algo de azar y algo de encuentro programado. Siendo muy adolescente, mi pasión era el fútbol, pues mientras pudiera lo jugaba de sol a luna. Una vez me lesionaron y tuve que guardar cama varios días. Vivía con mi madre y con un tío poeta, Luis Vidales. Y casi que por otro azar, tomé un libro de su biblioteca. Era un libro empastado en gamuza azul de una colección de editorial Losada. Era de César Vallejo. Lo leí. No lo entendí. Pero hubo una serie de poemas y de palabras que me quedaron resonando. Que a alguien lo frieguen los cóndores, que un tipo diga que nació un día que Dios estuvo enfermo, que un hermano muerto le hiciera “una falta sin fondo”, me quedó rondando por años hasta que ya me hice feligrés de la poesía y empecé a entender con qué brujo andino me había encontrado. Hace algunos años (2002), hice un libro con grabados de mi amigo Antonio Samudio, “vallejólogo” como yo y “arguediano” como yo, y tuve el honor de que lo prologara Fernando de Szyszlo, para mí, más grande pintor de este lado del continente. El libro se titula Teatro de sombras con César Vallejo. Vallejo, un grande. El más.

¿Cuál es su percepción de la poesía peruana? ¿Huancayo será su primera visita a nuestro país?
Les diré que esto lo he dicho siempre, en el país que me encuentre y no solamente en Perú. Es la poesía en nuestra lengua la que quizás más he frecuentado, la que más me atrae, la que me acompaña. Le diré algunos nombres brujos para mí. Nombres tutelares: Westphalen, Moro, Eguren, Sologuren, Eielson, Varela, Watanabe, Belli, Antonio Cisneros, amigo y hermano, entre otros. En cuanto a mi presencia en el Perú, solo conozco Lima y ahora llego, felizmente, a Huancayo.

MÁS INFORMACIÓN
Juan Manuel Roca participará en un recital el sábado 29 de junio a las 11:00. Lo acompañarán Mariana Vacs (Argentina), Beatriz Vanegas (Colombia), Nicolás Matayoshi (Perú) y John López (Perú).

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