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Kazuo Ishiguro: La adaptación perfecta

El reciente Nobel de Literatura no solo es cinéfilo, sino un autor que se ha alimentado del cine para hallarse a sí mismo.

Kazuo Ishiguro

El 5 de octubre, la Academia Sueca anunció a Ishiguro como ganador del Nobel de Literatura 2017, por la “fuerza emocional” de sus novelas. [Foto: EFE]

El 5 de octubre, la Academia Sueca anunció a Ishiguro como ganador del Nobel de Literatura 2017, por la “fuerza emocional” de sus novelas. [Foto: EFE]

EFE


Por Claudio Cordero

Hasta la fecha, solo se han hecho dos películas de sus novelas, pero la relación de Kazuo Ishiguro con el cine es clave para una comprensión íntegra de su obra. Entre los ganadores del Nobel de Literatura de la última década, solo el peruano Vargas Llosa, el francés Modiano y el estadounidense Bob Dylan compiten con Ishiguro por tener una filmografía digna de atención; todos ellos evidenciaron su pasión por el séptimo arte incursionando en el guion o en la dirección.

En el caso de Ishiguro, sus créditos como guionista se limitan a dos encargos de la TV británica (A Profile of Arthur J. Mason y The Gourmet, ambos de 1984), y el texto original de La condesa blanca (2005), cinta de James Ivory. También figura en los créditos de The Saddest Music in the World (2003), aunque él mismo es el primero en reconocer que su guion original fue totalmente alterado por Guy Maddin, “un director canadiense loco y genial”. Hasta allí puede deducirse que el talento de Ishiguro no ha explotado en la pantalla grande en la dimensión que reflejan sus libros, pero su relación con las imágenes en movimiento no empieza ni termina aquí.

La condesa blanca

2005. "La condesa blanca", película dramática estadounidense, dirigida por James Ivory y guionizada por Kazuo Ishiguro.

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Las dos primeras novelas de Ishiguro —Pálida luz en las colinas y Un artista del mundo flotante— evocan el Japón de la posguerra, un tiempo y un lugar que relaciona con su infancia. Pero los recuerdos de un niño de cinco años —edad que tenía cuando se mudó con su familia a Londres— son demasiado frágiles y podrían haberse extraviado en el olvido. Es allí cuando el cine entró en su vida para rescatar sus memorias más preciadas y estimular su imaginación, invitándolo a soñar con los ojos abiertos. Por eso, ver un filme del maestro Yasujiro Ozu cuando tenía 12 años fue una revelación. Desde entonces, siempre ha contado a Ozu y Mikio Naruse entre sus cineastas predilectos; incluso ha ido más lejos y les reconoce una deuda más grande que a cualquier escritor japonés. Algunos estudiosos de su obra han identificado la influencia de Ozu en el temperamento de sus libros, en su desinterés por la trama; nada más valioso para ellos que la simplicidad de los hechos.

Pero no solo el cine japonés inculcó en el joven Ishiguro el gusto por la creación artística. Hubo otra película que lo fascinó de una manera que solo años después alcanzó a comprender, a tal punto que parecía haber sido creada especialmente para él, un fisgón de la conducta humana. “A mediados de los setenta, cuando era adolescente, vi una película llamada La conversación, un thriller dirigido por Francis Ford Coppola. En ella, Gene Hackman interpreta a un experto en vigilancia que está obsesionado con ser el mejor en su campo, pero termina siendo constantemente atormentado por la idea de que las cintas que entrega a sus clientes pueden llevar a consecuencias nefastas, incluso al asesinato. Creo que el personaje de Hackman fue un primer modelo para Stevens, el mayordomo de Los restos del día”. Una vez más, Ishiguro se inspiró en la pantalla grande para avanzar como escritor. En adelante, será el cine el que lo reclame por ideas.

Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro también ha recibido el Premio Booker, el Premio Whitbread (mejor autor novel británico del año), además su obra ha sido traducida a 28 idiomas.

Kazuo Ishiguro también ha recibido el Premio Booker, el Premio Whitbread (mejor autor novel británico del año), además su obra ha sido traducida a 28 idiomas.

Archivo

Así llegamos a las adaptaciones cinematográficas de Los restos del día y Nunca me abandones, novelas que corrieron suerte dispar. La primera es con toda seguridad una de las mejores películas basadas en un libro importante. Esta versión corrió por cuenta de James Ivory, todo un experto en cine literario y de época, como lo demuestran sus cintas basadas en E. M. Forster (Howards End, 1992) y Henry James (Los europeos, 1979). Un dato curioso es que Harold Pinter —ganador del Nobel en el 2005— escribió la primera versión del guion, que iba dirigir Mike Nichols, con Jeremy Irons y Meryl Streep como protagonistas. Ivory ya había leído el libro en 1989 e inmediatamente supo que quería llevarlo al cine, así que aprovechó la oportunidad apenas Nichols se retiró del proyecto.

El resultado es memorable gracias a la combinación de un espléndido texto con actuaciones de primer nivel, especialmente de Anthony Hopkins en el rol de Stevens, un sirviente tan perfeccionista que ha llegado al punto de anular su identidad. La escena en la que Emma Thompson intenta arrebatarle el libro que lee en secreto es uno de los momentos más delicados en la historia del cine británico. Lástima que la adaptación de Nunca me abandones (2010) haya quedado tan solo como una curiosidad. El director Mark Romanek y el guionista Alex Garland (autor de La playa) no pudieron darle nervio al relato de tres jóvenes condenados a donar sus órganos en una distopía habitada por humanos insensibles y sus clones con capacidad de amar.

The Saddest Music in the World

2003. "The Saddest Music in the World", cinta canadiense dirigida por Guy Maddin y basada en el guión original escrito por el novelista ganador del Premio Nobel Kazuo Ishiguro.

Mientras Hollywood alista El gigante enterrado, Ishiguro pide a los espectadores desarrollar su habilidad para ver películas basadas en literatura: aún seguimos exigiéndole al cine fidelidad a un texto. “Es algo en lo que debemos mejorar porque la alianza entre cine y literatura es demasiado poderosa”. ¿Su idea de una buena adaptación cinematográfica? “Una coherente obra de arte que valga por sí sola”. Según Ishiguro es difícil que un autor esté dispuesto a firmar el guion de su propia novela porque tendría que aceptar que la película es una creación totalmente distinta; él confiesa que no podría.

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