En el fragor del conflicto, muchos ejemplares fueron escondidos en diferentes lugares de la ciudad
En el fragor del conflicto, muchos ejemplares fueron escondidos en diferentes lugares de la ciudad
Gerardo Trillo

Este 26 de febrero se cumplen 139 años de la ocupación de la Biblioteca Pública de Lima por parte del ejército chileno, dándose así uno de los actos más emblemáticos en aquella fratricida guerra, el saqueo de los libros y su envío a Chile, expolio del que tenemos mucho que aprender y conocer aún. También, es una oportunidad para rescatar del olvido a hombres y mujeres que contribuyeron, en medio de la crisis en la que quedó el país, a la reconstrucción de la biblioteca.

En el fragor del conflicto, muchos ejemplares fueron escondidos en diferentes lugares de la ciudad; algunos fueron comprados a los soldados chilenos, muchas veces para comercializarlos, otras con el claro objetivo de devolverlos tras finalizar la guerra. El testimonio del tradicionista Ricardo Palma nos da una imagen impactante sobre lo ocurrido: “de los cincuenta y seis mil volúmenes que ella contuvo, solo he encontrado setecientos treinta y ocho”.

Gracias a todos estos aportes y a las gestiones de Palma, la Biblioteca Nacional pudo abrir sus puertas en una fecha simbólica, el 28 de julio de 1884, contando con 27,894 volúmenes.
Gracias a todos estos aportes y a las gestiones de Palma, la Biblioteca Nacional pudo abrir sus puertas en una fecha simbólica, el 28 de julio de 1884, contando con 27,894 volúmenes.


Héroes civiles

Finalizada la guerra, Palma logró que el 16 de noviembre de 1883, el Prefecto de Lima, Ignacio de Osma, expida un decreto para permitir a las autoridades el recojo y envío de aquellos libros que pertenecieron a la Biblioteca. Así, Juan Sánchez Silva, funcionario del Ministerio de Justicia, Culto, Instrucción y Beneficencia, por indicación del Inspector del mercado de la Concepción, escribía a Palma: “Tengo el honor de poner a la disposición de usted setenta y seis volúmenes pertenecientes a la Biblioteca Nacional, que he encontrado depositados en un cuarto de la Ynspección del mercado de la Concepcion que corre a mi cargo”.

Claudio Stebenson, propietario de una jabonería en la Calle de las Cabezas, indicó poseer libros de la Biblioteca, los que remitió al entonces conservador de la Biblioteca Enrique Torres Saldamando. Por su parte, el Subprefecto del Cercado, P. Ferreyros remitió 500 volúmenes “que han sido colectados por el Señor Comisario del [Departamento cuarto] de esta capital”. El alcalde de Lima, Rufino Torrico, remitió “ochenta y tres volúmenes pertenecientes a la Biblioteca Nacional que han sido recojidos por el Sr. Rejidor D. Dario Tudela, Ynspector del Mercado de la Concepción, en una de las tiendas interiores de él”.

De similar manera, su sucesor, Luis Roca y Boloña, indica la ubicación de “veintiocho volúmenes pertenecientes a esa Biblioteca que se hallan en el archivo de esta Municipalidad, los cuales han sido recojidos en las tiendas del Mercado de la Concepción por el Ynspector el Señor D. Dario Tudela”. Labor destacable dada por parte de Tudela, ya que tuvo el afán de buscar y recuperar los libros de la Biblioteca. El inspector fue uno de los notables de Lima, se sabe que estuvo casado con Mercedes de Lavalle y Pardo, hija del reconocido intelectual José Antonio de Lavalle y Arias de Saavedra. Durante la guerra participó de la defensa de Lima como oficial, y ya en la ocupación fue afectado con las contribuciones obligatorias de 200 soles de plata que cobraban las fuerzas invasoras, su compromiso era innegable.

Fueron las donaciones de libros o dinero, las que nos permiten conocer el compromiso con la reconstrucción. Palma pudo gestionar la compra de colecciones, una de ellas fue la biblioteca del escritor Fernando Casós, quien perdió la vida en 1881. En 1884, se puso a la venta su biblioteca de tres mil volúmenes a un valor de 800 soles, Palma generó una suscripción que llegó a recaudar 992 soles.
Fueron las donaciones de libros o dinero, las que nos permiten conocer el compromiso con la reconstrucción. Palma pudo gestionar la compra de colecciones, una de ellas fue la biblioteca del escritor Fernando Casós, quien perdió la vida en 1881. En 1884, se puso a la venta su biblioteca de tres mil volúmenes a un valor de 800 soles, Palma generó una suscripción que llegó a recaudar 992 soles.


Por dos reales de plata

Al igual que Palma, que en 1881 compró a un soldado chileno por dos reales plata el Opus pulcherrimuz, incunable de 1499; el capitán del Ejército Antonio Béjar compró ocho volúmenes de diferentes obras pertenecientes a la Biblioteca Nacional y pudo devolverlas en enero de 1884.

Por otro lado, fueron las donaciones de libros o dinero, las que nos permiten conocer el compromiso con la reconstrucción. Palma pudo gestionar la compra de colecciones, una de ellas fue la biblioteca del escritor Fernando Casós, quien perdió la vida en 1881. En 1884, se puso a la venta su biblioteca de tres mil volúmenes a un valor de 800 soles, Palma generó una suscripción que llegó a recaudar 992 soles, con lo que se pudo comprar la biblioteca y otras pequeñas colecciones, entre los suscriptores aparecen Melitón Porras, Manuel Candamo, entre otros. En el esfuerzo se sumaron la logia Concordia Universal del Callao, empresas privadas como la casa Grace Brothers, la Compañía Inglesa de Vapores, el Banco de Londres entre otros.

Entre los suscriptores tenemos, también, a Sebastián Lorente, Manuel de Mendiburu, José Antonio de Lavalle, Antonio Raimondi, Pedro Paz-Soldán y Unanue, Juana Manuela Lazo de Eléspuru y a la argentina Juana Manuela Gorriti; a los impresores Benito Gil, Carlos Prince; a los políticos Manuel Irigoyen, Evaristo Gómez-Sánchez, Federico Larrañaga; a los misioneros descalzos, los jesuitas, los monseñores José Antonio Roca y Pedro García Sanz, entre otras personalidades.

Gracias a todos estos aportes y a las gestiones de Palma, la Biblioteca Nacional pudo abrir sus puertas en una fecha simbólica, el 28 de julio de 1884, contando con 27,894 volúmenes.


Las últimas devoluciones

La última devolución de libros ocurrió en diciembre del 2017, esta vez desde la Biblioteca Nacional de Chile, siendo su director Pedro Pablo Zegers, quien curiosamente es descendiente de Vicente Zegers, guardiamarina de la corbeta Esmeralda, que sobrevivió al combate de Iquique gracias a la orden del contralmirante Miguel Grau de poner a buen resguardo a los náufragos. No estaría demás pensar que el Caballero de los Mares, también se hizo presente en el espíritu de la devolución de los libros.