Rafael Freyre y Ana Teresa Barboza presentan una instalación que recrea el ciclo del agua en los humedales.
Rafael Freyre y Ana Teresa Barboza presentan una instalación que recrea el ciclo del agua en los humedales.

Alguna vez en Lima hubo extensas lomas y humedales. Alguna vez crecieron ahí el junco y la totora que absorbían y filtraban las materias orgánicas del subsuelo y posibilitaban la existencia de todo un ecosistema de agua dulce que desafiaba la aridez del desierto. Y alrededor de estos sitios se asentaba la vida. Cerca de estos paraísos acuáticos costeros se agruparon comunidades de pescadores y recolectores hace 10.000 años, y con los siglos se formaron ahí centros urbanos y ceremoniales. De esos extensos humedales hoy no queda casi nada, salvo pequeñas excepciones, como los existentes en los pantanos de Villa o en Ventanilla; o como los ubicados cerca de Huacho, en El Paraíso y en la albufera de Medio Mundo.

Esta función vital de la totora ha sido recuperada por un proyecto que combina arte, diseño y artesanía. A partir de técnicas ancestrales y procesos mecánicos contemporáneos, la artista plástica Ana Teresa Barboza y el arquitecto Rafael Freyre han creado una instalación que reproduce el ciclo vital del agua en los humedales costeños o mejor dicho los reinventa. La obra, ganadora del Premio Nacional MAC Lima Arte e Innovación, nos permite reflexionar sobre ese valor ritual y simbólico que alguna vez tuvo este elemento en nuestro territorio.

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Una alfombra de totora se extiende sobre la sala 3 del Museo de Arte Contemporáneo. A los extremos de esta especie de totoral artificial se levantan dos mallas tejidas de junco y totora y cubiertas con tillandsias, plantas originarias de las lomas y humedales costeños. Debajo de ellas, se han dispuesto dos cántaros grandes de piedra volcánica; y más abajo, sobre el suelo, dos piedras cóncavas que —se dice— provienen del lecho del río Rímac.

Para visitar
La instalación puede ser visitada de martes a domingo, de 10:00 a 18:00; y viernes, de 10:00 a 20:00. Hasta el 18 
de agosto.
Para visitar La instalación puede ser visitada de martes a domingo, de 10:00 a 18:00; y viernes, de 10:00 a 20:00. Hasta el 18 de agosto.

“Lo que se busca con esta instalación es recuperar y fusionar las técnicas naturales y artesanales de captación, purificación y filtrado del agua con la tecnología actual”, dice Rafael Freyre, coautor del proyecto, mientras enciende una bomba que pone a funcionar la obra.

Sobre las mallas de totora comienza a caer un vapor frío. “Es un sistema mecánico y electrónico —explica Freyre— que esparce en el ambiente gotas pequeñísimas de 50 micras y forma una especie de neblina artificial que atraviesa la totora y las plantas”. En segundos, por un proceso de condensación, comienzan a caer pequeños chorros de agua hacia los cántaros de piedra volcánica. En estos recipientes porosos, ricos en carbón y cuarzo, el agua se filtra de manera natural.

Finalmente, esta agua purificada es depositada en las piedras pulidas y de ahí pasa a unas vasijas de vidrio, donde puede ser bebida por el público que asiste a la exhibición.

Ingreso
Entrada general: S/10,00. Estudiantes, docentes y mayores de 65 años: S/6,00.
Ingreso Entrada general: S/10,00. Estudiantes, docentes y mayores de 65 años: S/6,00.

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“Debido a mi trabajo como artista —cuenta Ana Teresa Barboza— conocí hace algunos años a la familia Goicochea que se dedica al tejido de totora y junco. Ellos han sido parte importante de este proyecto”. Lo interesante del Ecosistema del Agua es que para su ejecución ha involucrado a artesanos tejedores, a talladores de piedra como Roberto Román y a ceramistas como Elizabeth Vásquez.

Si bien la innovación y la tecnología pueden ser percibidas como productos de nuestro tiempo, tanto para Barboza como para Freyre estos conceptos en una realidad como la nuestra están ligados necesariamente con el pasado.

“A nosotros nos interesó cuestionar el concepto de arte contemporáneo como algo europeo o foráneo, y lo relacionamos más con nuestro territorio”, precisa Freyre. “Lo contemporáneo —agrega—no solo es el presente, sino también el pasado que se integra a los nuevos lenguajes electrónicos y digitales. Lo contemporáneo es ese pasado que vive en la actualidad. Por eso, nos pareció importante integrar en el proyecto las tradiciones locales, como el trabajo de los artesanos. Parte de las piezas han sido creadas con ellos”.

Y nada mejor para mostrar ese vínculo entre pasado y presente que el manejo del agua. Desde tiempos ancestrales, este elemento ha tenido un valor real y simbólico, ha sido administrado con eficiencia a través de sistemas de irrigación y canales; y también ha sido valorado mediante fiestas y tradiciones. Si algo buscan Barboza y Freyre con este proyecto es recuperar ese bien perdido. Es evitar, por ejemplo, que se sigan destruyendo los humedales, otrora fuentes de vida de los valles costeños. Por el contrario, desde el arte buscan hacer un llamado para que estos espacios se integren a eso que llamamos ciudad moderna.

El Ecosistema del Agua, proyecto ganador del Premio Arte e Innovación, se exhibe en el MAC de Barranco.
El Ecosistema del Agua, proyecto ganador del Premio Arte e Innovación, se exhibe en el MAC de Barranco.

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