Con “Madame Vargas Llosa”, Gustavo Faverón inaugura una serie de novelas breves que ha titulado “Más opio para el pueblo”. Comencemos diciendo que este libro significa un excelente inicio para dicho proyecto: Faverón ha escrito una fábula deliciosa, cruel, atestada de compartimentos –a veces iluminadores, a veces tramposos– que configuran un juego de apariencias y referencias pletórico de imaginación sardónica y compulsiva, además de un humor corrosivo que en sus tramos más logrados nos arranca la carcajada o nos asombra por su malevolencia. Estamos tal vez ante una de las novelas peruanas más divertidas desde “Pantaleón y las visitadoras” o “La tía Julia y el escribidor”.
MIRA: El manuscrito de una amistad
La trama es tan delirante, entreverada y farsesca como los personajes que la ponen en marcha: María Trindade, una transexual brasileña convencida de que es Vargas Llosa y que escribe sus ficciones –una suerte de Pierre Menard de las favelas– confabula su destino con Ruy Guerra –el buen cineasta de Mozambique que fue compañero de ruta creativo del Nobel arequipeño durante los setenta– y Fittipaldi, un alunado escritor de telenovelas que se pudre en un manicomio. Narrador órfico, Faverón conduce a estos seres obsesivos y estropeados a través del infierno de la locura asesina, de las pulsiones más primitivas y del absurdo abisal.
Si Vargas Llosa en “La tía Julia y el escribidor” hizo que Pedro Camacho, mediante sus brutales radioteatros, subvirtiera la realidad hasta transformarla en un escenario grotesco y perverso, Faverón en esta novela descompone, parodia y vampiriza el lenguaje de Vargas Llosa hasta volverlo un discurso macabro, atroz y cómico, como solo pueden serlo algunos momentos de la serie B más clandestina. Y como en los radioteatros de Camacho, las historias de Faverón tienden a la catástrofe o al crimen hiperbólico: ello sucede, por ejemplo, con la multitudinaria masacre de la familia de Fittipaldi en una sola noche sangrienta.
Ese asesinato es solo una de las muchas pequeñas historias, a veces fugaces viñetas, que Faverón despliega a lo largo de “Madame Vargas Llosa” y que suelen fijarse en la memoria del lector con la misma resonancia que la trama principal. El humor impiadoso e implacable de ellas puede rastrearse quizá en un Rubem Fonseca, pero Faverón les impone un sello propio, chocante y perspicaz al mismo tiempo, que le permite núcleos memorables como la enumeración de las telenovelas escritas por Fittipaldi en su época de oro en Bandeirantes, o la comedia musical que este montó en una academia militar basándose en la historia del “Consejero y sus prostitutas redimidas”. Esta profusión de mínimos relatos, argumentos y sinopsis es un evidente legado bolañesco (y que permitió al escritor chileno joyas como “La literatura nazi en América”). En este caso, Faverón, como los buenos narradores, hace un aporte personal y original de lo que en otras manos pudo ser ingenioso homenaje.
“Madame Vargas Llosa” es muchas cosas al mismo tiempo: una pequeña novela que consigue alcanzar las grandes alturas del humor, una serie de dispositivos metaliterarios sagazmente concatenados, así como un alarde de bullente insularidad en medio de los convencionalismos y conciliaciones de nuestra narrativa. Muy recomendable.
“Madame Vargas Llosa”
Autor: Gustavo Faverón Patriau
Editorial: Peisa
Año: 2026
Páginas: 176
Relación con el autor: ninguna
Calificación: 4 de 5.