Módulos Temas Día
Módulos Tomas de Canal

Más en El Dominical

Filosofía

Madre, patria y sociedad, por Víctor Krebs

Una reflexión en torno a la importancia de la maternidad como soporte psíquico, social y formativo, sobre todo en un momento de profunda crisis moral.

Madres

Según el filósofo todo ser humano requiere de un vínculo que lo nutra para desarrollarse en la vida.

Vivimos rodeados de manifestaciones colectivas que evidencian una pobreza cultural vergonzosa, y de un Estado que parece no haber logrado jamás comprometerse verdaderamente con la educación. Más que nunca en estos días se hace evidente en nuestro país cuán importante es la tarea de educar, para poder forjarnos un futuro mejor que nuestro presente.

No es necesario entrar en detalle sobre la pobreza de la que hablo. La conocemos demasiado bien, porque la sufrimos continuamente. En la política sobre todo, un territorio que en el Perú está desolado por la envidia, el odio y el resentimiento, que permanentemente bloquean e impiden avanzar a nuestros gobiernos. Nuestra vida social y nuestra mentalidad colectiva son incapacitadas también por esa misma infección virulenta. La homofobia, el racismo, la misoginia —de cuyas fatales consecuencias se registran estadísticas todos los días—, y, en general, el prejuicio y la intolerancia persisten alarmantemente en nuestra cultura. De ellos se engendran movimientos sociales tan perversos como el de Con mis Hijos no te Metas, o conceptos tan falaces como el de “la ideología” de género, que no hacen sino impedir el avance que han logrado el feminismo, el movimiento LGTBQ, entre tantos otros, en el reconocimiento de la pluralidad humana.

Mientras el resto del mundo avanza, nosotros en este país parecemos estar anclados en un oscurantismo medieval para el que el despertar de la conciencia que va adquiriendo hoy el mundo no es sino una amenaza que es menester rechazar, a toda costa. Perpetuamos así un statu quo en el que reina la ignorancia y su desconocimiento del valor de la diferencia.

Leche

La leche materna contiene anticuerpos que ayudan a proteger a los recién nacidos de enfermedades como la diarrea y la neumonía. (Foto: Archivo El Comercio)

— Leche materna —
Aprendemos, como decía Rousseau, del seno de nuestra madre. Ella nos amamanta primero una sustancia líquida y blanca que nos nutre biológicamente. Pero esa leche también toma otras formas, en las creencias que ella nos inculca, en los afectos y los valores que nos enseña a cultivar y, sobre todo, en lo que hace y lo que dice, en sus palabras y sus acciones.

Crecemos física y espiritualmente del pecho de nuestras madres hasta el último día de nuestra vida. Aun después de muerta, ella nos acompaña y nos sigue nutriendo. El vínculo que nos une es el más profundo; es en ella que han prendido milagrosamente nuestras vidas; con ella estaremos unidos para siempre, pues somos, literalmente, carne de su carne.

Es cuando el niño ha tenido una madre amorosa, que se erigen las estructuras psíquicas que lo sostendrán durante la vida y que le harán capaz de todas sus obras y sus logros. Suficientemente nutridos por nuestras madres, entramos al mundo capaces de establecer vínculos, emprender proyectos y vivir armónicamente en sociedad.

Pero cuando el niño no ha tenido una madre “suficientemente buena” —como diría Winnicott, recordándonos que también ella es humana—, naturalmente busca el infante contrarrestar la inestabilidad e inseguridad en la que crece. Sobredesarrolla así su capacidad de racionalizarlo todo, como explica el ensayista Adam Phillips, protegiéndose con su mente hiperdesarrollada contra un mundo al que teme, por no haber sido nutrido suficientemente del amor de su madre.

Todo ser humano requiere de leche suficiente que lo nutra para construir la base sobre la cual seguirá creciendo en su vida. Si esta le falta, por el contrario, será incapaz de pensar en los demás o formar comunidad, y necesitará de toda su energía simplemente para sobrevivir en un mundo para el que no ha sido preparado.

—Sociedad—
Si el tráfico fuese una imagen del estado del alma de una ciudad, bastaría solamente con vernos conducir a los limeños, para reconocer que nos encontramos aún en la barbarie. Sin ninguna consideración por el otro, nos volvemos abusivos y prepotentes, dispuestos a cortarle la cabeza al primero que pretenda quitarnos la ventaja. De igual modo que el niño a quien le ha faltado su madre se encierra en sí mismo para defenderse del mundo, nosotros también, egoístas, encerrados en nosotros mismos, vivimos con poco o ningún interés en formar comunidad o relacionarnos pacíficamente con los otros. Pareciésemos, efectivamente, estar tratando de suplir las carencias que resultan de una mala madre, cuya ausencia es la causante de nuestras penas, de nuestros traumas, de nuestras fallas y fracasos.

Una de las pobrezas más profundas es la incapacidad de pensarse parte de una comunidad. Constantino Carvallo solía decir que lo que necesitábamos, antes que nada, era una educación dedicada a inculcar la confianza en uno mismo que se base en el agradecimiento y genere solidaridad. La llamaba una educación por amor.

Se trata entonces de una labor conjunta que debe realizar cada individuo en la sociedad, pero sobre todo el Estado. Es necesario tomar conciencia de la importancia de la educación y de reconocer en ella el fundamento desde el cual es posible crecer. La educación es el sustento de nuestra sociedad, y debemos asegurarnos de que sea una madre “suficientemente buena” para establecer las sólidas bases sobre las cuales construir una comunidad y los lazos necesarios para luchar contra nuestros complejos colectivos y prosperar. Aquí —como en todo aspecto de la existencia humana— el sustento materno es, siempre y en todos los casos, indispensable y primordial.

Tags Relacionados:

Maternidad

Filosofía

Sociedad

Leer comentarios ()

SubirIr aúltimas noticiasIr a Somos

Mantente siempre informado y disfruta de cientos de beneficios exclusivos del CLUB EL COMERCIO

¡SÉ PARTE DEL CLUB EL COMERCIO!

SUSCRÍBETE AQUÍ
Ir a portada