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Max Hernández: “Si castañeda no hubiera cancelado la bienal, sería ya una institución”

En coedición con José-Carlos Mariátegui y Jorge Villacorta, ha publicado un libro clave para entender la historia del videoarte en el Perú.

Max Hernández

Max Hernández: “En 20 años el videoarte se ha difundido en escuelas y galerías”.

Hace 21 años se produjo un punto de inflexión en la historia del arte local. En un momento de crisis democrática, en medio del auge de la piratería de discos y software, y de la consolidación de fenómenos como la televisión por cable, se organizó un evento inusual en Lima: un festival internacional de videoarte. La actividad, impulsada por la recién creada organización Alta Tecnología Andina (ATA), en la universidad Ricardo Palma, convocó a jóvenes artistas que venían experimentando con un medio nuevo por estos lares, en videoinstalaciones, en performances, en animaciones o trabajos multimedia.

Así lo registran José-Carlos Mariátegui, Jorge Villacorta y el crítico y curador Max Hernández, en un libro valioso porque reconstruye una historia no contada: El mañana fue hoy. 21 años de videocreación y arte electrónico en el Perú. Conversamos con Hernández en la Casa Prado, en Miraflores, la sede de la feria PArC, donde el libro será presentado el próximo jueves.

Si antes, como en 1977, hubo presentaciones de videoarte, ¿por qué fue clave el festival de 1998?
Lo del 77 fue un hito, pero fue algo muy singular. El Perú estaba aislado del mundo por distintas razones; el gobierno militar, la crisis económica y luego el terrorismo nos mantuvieron desconectados del circuito artístico. Además, en los setenta y ochenta los equipos eran inaccesibles. Todo cambió progresivamente en los noventa: apareció la televisión por cable, se expandió el videoclip, los videos circulaban fácilmente en casetes de VHS, la Bienal Iberoamericana de Arte de Lima incluyó trabajos en video, y surgió una institución como ATA, que fue fundamental para el desarrollo de esta actividad.

Curiosamente, en el año 2000 los vladivideos también popularizaron este formato.
Tenemos varios hitos de la fuerza del video. Antes (1986), ocurrió la transmisión del motín del Sexto... Sí, los vladivideos fueron un hito porque, además, fueron producidos en un formato muy casero, con un videotape y una cámara escondida detrás de una planta.

¿Dirías que lo casero y la experimentación son las características de los videoartistas locales?
Eso porque nuestro sistema de enseñanza artística estuvo absolutamente desconectado de la experimentación tecnológica. Las universidades y escuelas, sobre todo las públicas, no tenían dinero para comprar equipos. Por eso, las producciones eran domésticas, las videoinstalaciones eran con un televisor y un VHS, y las ediciones eran de casetera a casetera, del tipo do it yourself. Esto va a cambiar cuando entramos al nuevo siglo, con la masificación y perfección del género. En eso influyeron los festivales de videoarte y también internet.

En una escena conservadora, el videoarte ha sido siempre un desafío para el creador como para el espectador, ¿cómo logramos que haya un mercado y más gente interesada en este medio?
Conozco varias colecciones locales que ya tienen piezas de video... Creo que el desconocimiento de este medio es el mismo que se tiene frente a una pintura o escultura. ¿Cómo entender un video? Como en cualquier obra de arte, siempre hay retos por delante, necesitas prestar atención y poner de tu parte.

¿Cómo encuentras la escena del videoarte hoy?
El cambio ha sido como una vuelta de tortilla. El medio se ha difundido enormemente en las escuelas y galerías. Hay más permeabilidad con la experimentación. En Art Lima se compraron videos, en PArC también se van a exponer. Para los artistas el video ya es parte de su quehacer.

Fue lamentable la desaparición de las bienales de Lima. ¿Deberíamos reactivarlas en esta nueva gestión municipal?
Si Castañeda no hubiese cancelado la bienal hace 20 años, esta sería ya una institución. ¿Relanzarlas? Es complicado. Se necesita inversión y leyes de mecenazgo que no tenemos. Ahora, la brecha entre Castañeda y Muñoz es enorme. Castañeda inició una yihad anticultural; Muñoz, en cambio, desde la Municipalidad de Miraflores apostó por los proyectos culturales. Tengo esperanzas de que eso continúe en Lima.

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