Poeta Gloria Portugal (Foto: Rosana López Cubas)
Poeta Gloria Portugal (Foto: Rosana López Cubas)
Marco Gonzales Peralta

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La poeta Gloria Portugal (Trujillo, 1976) cree que hay una línea muy tenue entre lo que es real y lo que no, y confiesa que siempre ha vivido con esa sensación de extrañamiento. “Esta idea de estar y a la vez no estar en el mundo, de ser alguien y pretender ser una persona formal y normal, me ha dejado mucho que pensar. En este libro traté de escribir desde mi punto más incómodo, tocar temas que no había tocado por diversos motivos asociados al qué dirán. Ha sido liberador”, dice.

Ha tenido que recorrer un camino largo para llegar a la conclusión de que la vida es un regalo. Su nuevo libro, Canción del manicomio (Hipatia Ediciones, 2021) es una prueba de ello. Puede encontrarlo en librerías y en la Feria del Libro de Miraflores.

¿Cómo surge la idea del poemario y de la exploración de los ajetreos emocionales del ser humano? Parece ser una idea antigua, considerando que tu primer poemario se llama Insanías (2010).

No sé si ha sido una serie de fuerzas que se han configurado alrededor de mí y mi oficio, pero siempre he estado rodeada de estas circunstancias. Hace más de quince años que vivo cerca del Instituto Noguchi (Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado - Hideyo Noguchi”); cuando me hice vecina de este lugar, pensé que me iba a encontrar con los típicos locos de los que hablan los libros, y no, en realidad estas personas que pueden tener un trastorno o problema de salud mental temporal son como cualquiera que padezca una enfermedad física. Siempre he dudado de lo que significa “ser normal”; uno de mis personajes favoritos es Segismundo de La Vida es Sueño, él siempre duda de si algo le pasó o no, si está soñando o no. Hamlet fue de los primeros libros que leí, también allí hay personajes que no saben qué es lo que está ocurriendo realmente y todo lo confunden.

“Me muestro agradecida a los fármacos, ayudan a salvar vidas y la vida es lo mejor que tenemos”

El poema Bipolar es buen ejemplo del tránsito entre extremos emocionales y la fatiga que representa tal vaivén existencial. ¿Crees que los occidentales nos encontramos frecuentemente con tal neurosis en la vida cotidiana?

Últimamente me he dado cuenta que esto se aplica a nosotros como peruanos y latinoamericanos, pasamos de un extremo al otro, y me parece que eso es una muestra de emocionalidad en demasía. Por ejemplo, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, la gente tomó sus bandos y no solo apoyaba a su candidato, sino que se convirtieron en una especie de admiradores, hablaban de sus virtudes y los ensalzaban. Está bien que uno tenga que decidir porque no queda otra, pero de allí a pintarlos como santos… y las personas empezaron a pelear como si fueran sus familiares, hasta hubo amistades rotas. A veces tenemos esa dicotomía, o es lo uno o lo otro, y si no estás de mi lado estás en mi contra.

El poema bipolar se llama así por un asunto poético, pero me refiero a ese pensamiento limítrofe; o te amo o te odio, no hay término medio. Para llegar al término medio se requiere ver a una persona en su total magnitud y comprender que no es ni buena ni mala, sino ambos. Pero uno tiende a idealizar a las personas o satanizarlas.

En el poema Ser cebolla escribes: “A veces reparo en mí y / reviso debajo de mis capas // Me pregunto si seguiría siendo yo / a falta de alguna”. ¿Cuán complejo es el entramado emocional del ser humano? ¿Es posible liberarse de ciertas capas y lograra ecuanimidad sin despersonalizarse?

Es posible, pero requiere voluntad. Yo empecé a investigar sobre tipos de personalidad y trastornos porque es un tema fascinante y no está todo explicado. Los psiquiatras te hacen test mecánicos y te dicen tú tienes esta personalidad, te clavan tu etiqueta y uno dice ¿y ahora? Cuando es una personalidad saludable está bien pero cuando te dicen que tienes un trastorno y necesitas medicamentos, no te va a gustar. Yo creo que el conocimiento es la base, si el individuo conoce qué es lo que padece y voluntariamente intenta no ser de cierto modo, lo puede conseguir. Siempre hay esperanza, pero el cambio comienza en uno. Te pueden dar pastillas, pero quién hace que tus relaciones interpersonales sean mejores, esa es una tarea personal.

Percibo un sabor fatalista en todo el libro, poemas como Horas nocturnas y El atrapasueños parecen decirnos que ni en el mundo onírico podemos liberarnos de los pesares de la existencia. ¿Crees que hasta el inconsciente ha sido permeado por la inestabilidad emocional contemporánea?

Todos somos una unidad, en el poema de la cebolla parece que tenemos partes, pero todas estas partes hacen un todo y uno lo refleja siempre. Si eres observador puedes darte cuenta de lo que está pasando dentro de una persona, de sus pesares. En los sueños puede haber un escape. Soy un poco cínica en algunas cosas, y cuando escribí ese libro no creía que había salvación, pero me muestro agradecida a los fármacos, ayudan a salvar vidas y la vida es lo mejor que tenemos. A veces somos muy románticos y pensamos en la fatalidad, pero he tenido experiencias muy cercanas a la muerte, y me he dado cuenta que estaba en un error; la conclusión es que la vida es un regalo.

“Si le das pastillas a Ofelia, se acaba Hamlet

Sobre esto que dices, en el poema Comienza la función la voz poética es la actriz que hace de Ofelia en el drama Hamlet, pero arropada por la medicina moderna su fatal destino puede cambiar. ¿Son los fármacos seguros aliados para librarnos de la angustia existencial? ¿podemos reducir todo a la bioquímica?

Yo tengo un libro llamado Marcados con fuego: La enfermedad maníaco-depresiva y el temperamento artístico (de la sicóloga clínica estadounidense Kay Redfield Jamison); lo que trata de averiguar la autora es la relación que existe entre el temperamento artístico y tal enfermedad, la conclusión es que no se sabe, pero enlista muchas personas que ha padecido esta enfermedad: los poetas Antonin Artaud, Paul Celan, Samuel Taylor Coleridge, Emily Dickinson, T. S. Eliot, narradores como Hans Christian Andersen, Honoré de Balzac, Máximo Gorki, Virginia Woolf, pintores como Paul Gauguin, y un largo etc. Algunos se mataron y no llegaron a la plenitud de su vida. Si hablamos de alguien muy actual y que me gusta mucho es David Foster Wallace, se mató a los 46 años pues sufría de trastorno bipolar y los fármacos que le daban no le dejaban escribir, entonces dejó los medicamentos para poder hacerlo, pero cuando volvió a tomarlos ya no le sirvieron.

Lo de Ofelia es una ironía, si le das pastillas a Ofelia, se acaba Hamlet. Siempre he pensado que vivimos en una época mejor porque ahora hay maneras de ayudar a la gente y mejorarles la vida, aunque es un área del conocimiento que sigue siendo explorada. La depresión clínica consiste en sentirse incómodo en el mundo, en no ser capaz de apreciar nada, te molesta que salga el sol, te molesta cualquier ruido, no eres capaz de admirar una flor, todo está mal, tú estás mal en el mundo; es un sentimiento tan incómodo que aparece la ideación suicida. Ahora tenemos la suerte de que la gente habla más de esas cosas y empieza a comprender, porque normalmente te decían “déjate de tonterías”; por ejemplo, ahora los ataques de pánico tienen nombre, antes eran simplemente miedo.

En el poema Fortuna la voz poética que escribe mensajes en las galletas de la fortuna tiene la “suerte” de abrir una de ellas y leer “la suerte no existe”. Gloria, ¿La suerte no existe? ¿podemos confiar solo en nuestras virtudes?

Creo que puede existir el azar, que tal vez no es lo mismo que la suerte. Pero si la suerte es el azar entonces sí existe. La verdad es que nosotros hacemos que las cosas sucedan. Por eso dice el refrán “A Dios rogando y con el mazo dando”. Por ejemplo, yo suelo mandar mis poemarios a los concursos (risas), que te lo lean tiene que ver con la suerte. Yo creo, como decían las chapitas de las gaseosas, que uno debe seguir intentando. Vi en una serie que un predicador decía que un milagro es un momento pequeñito en que uno tiene toda la atención de Dios; ¿te imaginas?, somos tantos y Dios está tan ocupado. Pienso que en cada vida podemos tener un segundo la atención de Dios, pero el milagro es algo muy subjetivo, por eso hay que seguir intentando.

En el poema ¿Por qué humana? aparece la figura de un “cactus de espinas inocentes” y un “gato que duerme sin píldoras” y el verso “No les urge tener la conciencia limpia / ni estar en lo cierto”. ¿Es la conciencia humana una espada de doble filo?

Ese poema está basado en mí misma, para mí lo de tener una conciencia limpia es algo muy difícil de enfrentar, por la educación católica que he recibido. Muchas veces he relacionado el padecer insomnio con no tener la conciencia limpia.

Hay un versículo bíblico que dice: Los malos no tendrán descanso (Isaías 57: 21)

(Risas) Es posible que eso pase, pero no a todos. Yo tengo un gato (llamado Sigfrido ron ron, a veces Juan Frido, y otras Mustafá) y tengo envidia de cómo duerme, allí se me ocurrió eso de que duermen sin píldoras. Y lo de los cactus… tú te lastimas al acercarte a un cactus, pero eso no es una maldad pues él no tiene la culpa de ser como es, por eso lo de espinas inocentes. En ese poema hay un epígrafe de la cantante Alondra Bentley: de todas las creaturas, ¿por qué humana? El humano, a pesar de que es el que domina la creación es el que más sufre. La vida de Adan y Eva era perfecta, y al comer de la manzana se enteraron de que podían morir; la ignorancia era un regalo de Dios para que vivan felices.