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James Watson: Un Nobel innoble

El triste caso del genetista laureado y racista confirmado. ¿Pueden los dichos e ideas retrógradas de un científico minar sus aportes a la historia de la ciencia?

James Watson

James Watson es famoso por ser uno de los cuatro descubridores de la estructura molecular del ADN en 1953.

Por: Juan Luis Nugent
En junio de 2015, James Dewey Watson se convirtió en la primera persona en volver a recibir el mismo Premio Nobel de Medicina que había logrado en 1962. Sucede que, meses atrás, había puesto a la venta la medalla que había recibido a inicios de los sesenta, junto con Francis Crick y Maurice Wilkins, por haber descubierto el modelo helicoidal de la molécula de ADN, un hallazgo que revolucionó la manera en que entendemos la vida misma.

Y, si bien semejante aporte a la humanidad es invaluable, el multimillonario ruso Alisher Usmánov consideró que 4,8 millones de dólares era una suma aceptable para pagar por la medalla en una subasta de Christie’s. El magnate explicó que la única razón por la que la adquirió fue para devolvérsela a Watson. Tal vez cueste entender por qué alguien vendería un Nobel, pero ya en 2015 Watson no tenía dinero ni trabajo, era desdeñado por no pocos de sus colegas y los medios como una persona indeseable y no grata. ¿Qué ocurrió para que se convirtiera en un paria? La explicación no es genética.

—Dr. Watson y Mr. Hyde—
A principios de este año el Cold Spring Harbor Lab, ubicado en el estado de Nueva York, anunció que cortaba todo tipo de vinculación con Watson y retiraba todas las condecoraciones entregadas a este. Se trata del laboratorio en el que Watson trabajó como investigador, director y miembro honorífico desde 1968, y cuyos logros y hallazgos han permitido grandes innovaciones en el entendimiento y tratamiento de enfermedades como el cáncer.

La causa de tal decisión la encontramos en el documental Decoding Watson, estrenado recientemente. En este, el también zoólogo y biólogo molecular dice: “Hay una diferencia en el promedio de los blancos y los negros cuando ves las pruebas de CI”. Lo más escandaloso no es el estereotipo denigrante del que se vale, sino que es una reafirmación de algo que categóricamente había afirmado años atrás en otra entrevista: que no hay razones para asumir que los africanos sean tan inteligentes como el resto del mundo.

Pero estas expresiones decididamente racistas forman parte de una larga cadena de prejuicios y estereotipos que Watson ha expresado en distintos espacios por décadas. A saber, que los latinos tienen más potencia sexual, que las personas delgadas son más felices, que las personas de la India tienden a ser más serviles, que los chinos son más disciplinados, entre otras gemas.

Lo delirante es que la base para estas presunciones arcaicas es supuestamente genética, pero como han demostrado incontables colegas que no han tenido reparos en responderle, no hay base científica para las correlaciones que establece.

James Watson

Watson recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962.

—Ciencia y decencia—
Díscolo, provocador y de una arrogancia insoportable, Watson siempre disfrutó de polemizar y de defender sus puntos de vista de forma vehemente. Pero esta performance también sintonizaba con los prejuicios y estereotipos de su época. La suya era una rebeldía de apariencias pero de fondos muy conservadores.

No tenía problemas en despeinarse a propósito y tener los zapatos desamarrados para hacerse fama de ‘científico loco’, pero tampoco tenía problemas en hostigar y denostar de sus colegas mujeres, como recuerda Barbara Ehrenreich, bióloga y periodista que trabajó con él en los sesenta.

En décadas siguientes, Watson siguió trabajando, investigando y dividiendo a la comunidad científica, entre quienes lo consideraban un genio excéntrico o un patán inexcusable. Ahora, a sus 92 años, está hospitalizado tras un accidente de tránsito y no se ha pronunciado tras la emisión del reportaje.

Es probable que no le quede mucho tiempo de vida y que su actitud beligerante y testaruda lo convierta en figura de culto para supremacistas blancos en internet por algunos años. Pero si algo habrá de perdurar en la historia, afortunadamente, no serán sus ideas sobre las mujeres, los africanos o la eugenesia, sino la chispa que hizo que nuevas generaciones con la mente mucho más abierta continúen aprendiendo y creciendo.

Para saber más:
Problemas con las mujeres

En 1968 publica La doble hélice, en el que narra los entretelones del hallazgo del ADN y le dedica algunas líneas a Rosalind Franklin, cuyas investigaciones fueron decisivas para que sus colegas ganaran el Nobel. Se refiere a ella en términos paternalistas y critica su apariencia desaliñada.

La llave de la vida
En 1952 publica un artículo en Nature en el que explica del modelo de doble hélice de la molécula de ADN, que permitió entender el mecanismo mediante el cual la información genética de todos los seres vivos podía replicarse
a sí misma.


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