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Teatro

La ciudad bajo el mar: Una ópera contra el plástico

La ciudad bajo el mar retorna al teatro seis años después de su primera edición con un argumento que sigue vigente: la lucha contra la contaminación de los océanos.

La enorme pasión que despierta el mar en Maritza Núñez Bejarano la llevó a escribir una historia que ayude a detener la descontrolada e interminable ola de residuos que cada día contamina nuestros océanos. Luego de una amplia y nutrida investigación del mundo submarino, Núñez creó La ciudad bajo el mar (2013), una ópera situada en la mítica ciudad de Meriterras al fondo del mar, lugar donde viven unos misteriosos niños-coral, que tienen la particularidad de despertar cada 25 años y solo por 37 horas. Sin embargo, el plástico acumulado impide que algunos no pueden despertar. Preocupado por esta situación, Elis, uno de los niños-coral, decide salvar a los suyos. Así se desarrollan los eventos, en el universo que existe bajo el agua, el mismo que estamos llenando de basura. Como sucede con toda gran historia, nadie vuelve a ser el mismo al terminarla o, como sería en este caso, al regresar a la superficie.

Los recientes datos alarmantes sobre el avance de la contaminación de los océanos (la ONU ha señalado, por ejemplo, que en 2050 existiría más plástico que peces en el mar) motivaron a Mauricio Salas (productor), Maritza Núñez (libretista), Nilo Velarde (compositor) y Jean Pierre Gamarra (director escénico) a hacer ligeros cambios en la ópera de 2013 y reponerla en nuestros escenarios. Esta vez contará con la participación del Coro Nacional de Niños y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil.

“La ópera ––que es una propuesta que bombardea al espectador desde la escena, la música, la interpretación y los textos–– genera un gran impacto sobre todo si se aborda este tema con una maravillosa historia”, dice Mauricio Salas, quien es, además, director del Gran Teatro Nacional.

—Nuevos retos—
“Los niños que vieron la obra en 2013 no son los mismos que los de ahora, las cosas que captan su atención no son las mismas y, por ello, es necesaria un nueva propuesta artística”, relata Gamarra moviendo constantemente sus manos buscando recrear en el aire el universo marítimo que ha construido sobre las tablas del Gran Teatro. “En la primera versión ––recuerda el director escénico–– hicimos uso de la tecnología con proyecciones de imágenes para sorprender a los niños, pero ahora eso es algo común en sus vidas, así que vamos a mostrarles un lenguaje que no conocen”.

Esta vez, se emplean métodos clásicos del teatro y se pone en marcha toda una producción de escenografía que se enfoca en el movimiento, las figuras y el color que, junto con el resto de componentes, van recreando la nueva versión de la ciudad de Meriterras. “Tengo la dicha de tener al público más sincero y crítico de todos: los niños”, afirma Maritza Núñez. “Una vez que pierdes su atención es casi imposible recuperarla; por ello era importante nutrir el libreto de elementos que existen y otros creados por la imaginación, para así no dejar de estimularlos a lo largo de la obra. Tocar estos temas es de vital importancia y qué mejor que el arte para mantener vivo ese cuestionamiento en el espectador, sobre todo, en los pequeños”, señala.

El mensaje de esta ópera ha traspasado los límites del escenario y ha hecho que en las instalaciones del Gran Teatro Nacional se detenga el uso de plástico y tecnopor. “No podemos involucrarnos tanto en esta obra que toca un tema tan importante si no somos coherentes con nuestros actos”, asegura Mauricio Salas, para quien otra de las misiones de esta ópera es contagiar esta iniciativa en todas las instituciones del Estado.

–Una esperanza y el mar—
La importancia de esta pieza recae en su potente mensaje, en su propuesta artística que busca contagiar el amor por la ópera, en la apuesta por desarrollar el talento de niños y jóvenes y en la esperanza de todos los miembros del equipo de despertar en los más pequeños el deseo de actuar frente a la contaminación del mar. “Me motiva mucho pensar que esos niños serán los que miren con horror el daño que estamos haciendo, y sé que ellos serán los que harán un cambio real frente a este problema”, declara Gamarra.

La fantasía y la cruda realidad presentes en esta obra nos invitan a reflexionar sobre este difícil problema y las posibilidades que tenemos para salir a flote y encontrar, finalmente, aguas libres de indiferencia.

La obra busca impactar con un mensaje de conservación para revertir la contaminación.


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