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Reconocido poeta, Abelardo Sánchez León (Lima, 1947) ha incurrido también en la novela y en los últimos años nos ha mostrado una interesante faceta como ensayista. En el 2024 publicó un polémico libro, “Territorios en pugna: Mario Vargas Llosa y Miguel Gutiérrez”, que oponía ambas figuras tanto en el espacio literario como en el político, formulando apreciaciones que establecían un atractivo diálogo, facilitado por la claridad de la prosa y su negativa a academizar en demasía su discurso, tornándolo asequible al lector no iniciado, sin por ello menguar la densidad y profundidad de su acercamiento.
Reconocido poeta, Abelardo Sánchez León (Lima, 1947) ha incurrido también en la novela y en los últimos años nos ha mostrado una interesante faceta como ensayista. En el 2024 publicó un polémico libro, “Territorios en pugna: Mario Vargas Llosa y Miguel Gutiérrez”, que oponía ambas figuras tanto en el espacio literario como en el político, formulando apreciaciones que establecían un atractivo diálogo, facilitado por la claridad de la prosa y su negativa a academizar en demasía su discurso, tornándolo asequible al lector no iniciado, sin por ello menguar la densidad y profundidad de su acercamiento.
“Los poetas del 60”, el nuevo ensayo de Sánchez León, sigue manteniendo la mirada personal, el tono abierto, la perspicacia de muchas de sus propuestas, pero no es un libro con ánimo controversial. Todo lo contrario: es un texto afable, por tramos cómplice y muchas veces teñido de nostalgia por una época renovadora, revolucionaria e irrepetible. Es natural: Sánchez León, aunque encuadrado en los poetas de la generación siguiente, era considerado como un autor bisagra entre ambas camadas, no solo porque su primer libro “Poemas y ventanas cerradas” apareció en 1969, año límite, sino por su poética inicial, más cercana al ánimo de Antonio Cisneros y Marco Martos que al populismo callejero de los muchachos de Hora Zero y vates asociados.
Sánchez León articula su trabajo a través de un concepto llamativo y atendible: la generación del sesenta revolotea en torno a las ideas de la casa (que puede ser la familiar, el país o la misma obra que sus poetas han forjado a través de los años), del viaje (que sin duda define los poemas de dos autores fundamentales, Cisneros y Rodolfo Hinostroza, evidenciadores de los avatares de un Occidente en trance que ellos perfilan y cuestionan como cronistas periféricos) y el retorno (la vuelta a la realidad nacional, con sus respectivas certezas y pérdidas). El esquema funciona con naturalidad, instaurando una serie de relaciones en general esclarecedoras.
Otro aspecto central del ensayo es el sino trágico de los poetas del sesenta, encarnado en una circunstancia colectiva (el aplastamiento de las guerrillas, que tuvo a Javier Heraud como su víctima más renombrada) y en la vida privada de Luis Hernández, Juan Ojeda y Guillermo Chirinos Cúneo, quienes comprendieron que -citando un verso de Ojeda- “lo real es horrenda fábula”, y aceptaron su inmolación frente a ese determinismo terrible que confirmaron en carne propia. Ahí están los poemas que reafirman la condición de participantes y testigos de la catástrofe y la derrota: los espléndidos “El día de los Santos Inocentes de Bay Fu” y “Crónica de Chapi” de Cisneros, “Anakairo de Hiroshima” de Hinostroza o “El último poema de Volcek Kalsarets”, emotivo texto de César Calvo, que nos traslada a las mismas fauces del Holocausto judío.
El libro de Sánchez León es un ejemplo de ensayo sentimental: utilizando un sistema hermenéutico acucioso, trata sobre la vida y pasión de amigos queridos y compañeros añorados que, en su mayoría, ya no están entre nosotros. Por eso “Los poetas del 60” es parte de ese “oficio de sobreviviente” que el poeta declaró en el título de uno de sus más logrados poemarios de los ochenta.