Reseña: Vargas Llosa en el lado oscuro
Reseña: Vargas Llosa en el lado oscuro
Jorge Paredes Laos

El tema del poder y de la dictadura que corrompen la cotidianidad de una sociedad no es nuevo en la narrativa de Vargas Llosa. Por ejemplo, dos de sus grandes novelas —"Conversación en La Catedral" y "La fiesta del Chivo"— hurgan en episodios tremebundos de la historia peruana y dominicana, respectivamente, para poner en evidencia algo que atrae a nuestro premio Nobel: ese lado oscuro o desconocido del ser humano que sale a flote en momentos críticos cuando la moral y las reglas se desmoronan o relajan. Por eso no es casual que la escena con la que arranca "Cinco esquinas", su retrato breve pero intenso del fin del gobierno de Alberto Fujimori, sea el momento en que dos jóvenes mujeres de la clase alta limeña descubren, con asombro y excitación, que pueden convertirse en amantes. El telón de fondo de este contrapunto de erotismo y revelación es un período de incertidumbre y miedo, marcado por el galopante terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA —algo que se repite con demasiada insistencia en la novela— y por los tentáculos de un régimen que utiliza lo más ruin del periodismo para chantajear y difamar a quienes considera sus enemigos políticos. 
    Planteada como un thriller, "Cinco esquinas" es un encuentro de historias cruzadas en el que un grupo de personajes de distintas clases sociales limeñas no puede huir de un destino impuesto por un poder omnipresente y siniestro. Vargas Llosa ha dicho que esta es su novela más improvisada, y no le falta razón: eso le da un aire de atrevimiento y desenfado, que nos recuerda por momentos lo más relevante de su narrativa —como esos diálogos breves del capítulo XX—, pero también la convierte en un retrato inacabado, como si el propio escritor hubiera renunciado ya a contarnos las grandes historias del pasado.