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Satélite Sputnik 1: Lanzamiento decisivo

Hace 60 años la URSS puso en órbita el primer satélite artificial e inició la era espacial y de las telecomunicaciones.

Satélite Sputnik 1

Octubre de 1957. Un técnico le da los últimos retoques al Sputnik 1, una esfera presurizada hecha de aluminio que fue el primer satélite artificial de la historia. [Foto: AFP]

Octubre de 1957. Un técnico le da los últimos retoques al Sputnik 1, una esfera presurizada hecha de aluminio que fue el primer satélite artificial de la historia. [Foto: AFP]

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Por Ricardo Hinojosa Lizárraga


Esa tarde soleaba como siempre, el cielo parecía tener los mismos colores hermosos, los mismos elementos el paisaje. Nada tenía por qué ser distinto en Baikonur, una pequeña ciudad minera en la estepa de Kazajistán (entonces parte de la URSS), igual a muchas otras, donde nunca pasaba nada, donde nunca nada cambiaba. Donde, por supuesto, los cohetes tampoco despegaban ni se enviaban cuerpos extraños a orbitar el planeta.

Por eso, mientras aquella ciudad continuaba con la rutina de sus días, en otro sitio, 41 kilómetros al norte pero llamado exactamente igual para despistar a la ‘competencia’, se había construido un lugar que demostraría que la ciencia ficción podía hacerse realidad. Tras varios intentos fallidos y muchísimas jornadas monótonas, el 4 de octubre de 1957, por fin, el paisaje y los cielos de Baikonur transformaron su inercia para siempre con la aparición del Sputnik y el cohete R-7 Semiorka, lanzados desde un polígono que se convertiría en uno de los cosmódromos más importantes de la historia. Lo que surcó los aires kazajos ese día no fue solo un cohete que dibujaría una estela en el cielo hasta salir del planeta para que el Sputnik pudiera orbitarlo 1.440 veces durante tres meses con el eco de sus bips, sino el factor que decidiría nuestra relación con el universo. El futuro de las telecomunicaciones vibraba también en aquel cielo.

Portada del periódico soviético "Pravda" después del lanzamiento del primer satélite del mundo.

06 de octubre de 1957. Portada del periódico soviético "Pravda" después del lanzamiento del primer satélite del mundo. [Foto: AFP]

06 de octubre de 1957. Portada del periódico soviético "Pravda", después del lanzamiento del primer satélite del mundo. [Foto: AFP]

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Y pensar que el satélite artificial Sputnik 1 era una esfera de aluminio de 58 centímetros de diámetro y 83 kilos, que poseía cuatro antenas. No parecía un artefacto muy amenazador. Pero para la competencia, los Estados Unidos, sí lo era. La carrera espacial había comenzado y era una lucha por la supervivencia en plena Guerra Fría.

“Esta fue una primera gran oportunidad para mostrarle al mundo el valor del conocimiento”, explica el físico nuclear Modesto Montoya, quien sostiene que en Estados Unidos, antes de la Segunda Guerra Mundial, no había mucho espacio para la ciencia. “Solo después del conflicto, cuando llevaron a varios científicos de la Alemania vencida, todo cambió. Eso les permitió hacer la bomba atómica. Luego tuvieron la idea de conquistar el espacio y lo hicieron con Wernher von Braun, estableciendo el programa espacial, pero Von Braun no les fue suficiente como para ser los primeros en poner en órbita un satélite”, agrega. Según Montoya, los estadounidenses sufrieron un golpe tremendo a su orgullo; el lanzamiento del Sputnik significó para ellos “como perder la Copa del Mundo”, además del entendible temor de que aquel poderoso cohete pudiera usarse no solo con fines científicos, sino para lanzarles misiles. Muy probablemente este suceso fue un acicate para las palabras que John F. Kennedy pronunciaría en setiembre de 1962: “Nosotros elegimos ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas, no porque sea fácil, sino porque es difícil”.

cohete ruso Sputnik III

1958. Imagen del cohete ruso Sputnik III, presentado en Bruselas durante un espectáculo internacional. [Foto: AFP]

1958. Imagen del cohete ruso Sputnik III, presentado en Bruselas durante un espectáculo internacional. [Foto: AFP]

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                                — Encuentros cercanos —
“Yo estaba en el hotel de turistas de Arequipa con mi señora y pude verlo. Desde la terraza vimos a un americano mirando con binoculares y le preguntamos qué pasaba. Él dijo que estaba viendo al Sputnik. Hasta ahora no sé si era un espía o un conocedor del tema, porque pocos sabían realmente lo que estaba sucediendo”, nos cuenta Tomás Unger, reconocido divulgador científico, sobre aquel 4 de octubre de 1957. “Me prestó sus binoculares y pude ver un punto en movimiento, me parece que cuando estaba dando la primera vuelta”, asegura, sobre un avistamiento que para muchos podría ser improbable, aunque él lo recuerda con convicción. Unger sostiene que el uso de los satélites en las comunicaciones había sido una idea del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke, autor del relato que da pie a 2001: Odisea del espacio, poema cósmico de Stanley Kubrick. “Pensar en las consecuencias del Sputnik es como pensar en las que tuvo la locomotora de Stephenson. A veces la gente no se acuerda de la primera locomotora, del primer carro o la bicicleta, porque forman parte de la vida cotidiana.
En cambio, el espacio tiene constantes variables”, dice Unger, para quien el futuro de la carrera espacial, tal como se entiende ahora, está en las empresas privadas. “El millonario americano Elon Musk y su empresa Space X ya están construyendo cohetes más baratos que la NASA”. Tomen nota.

réplica a escala real del primer satélite artificial del mundo Sputnik

Los niños se juntan alrededor de una réplica a escala real del primer satélite artificial del mundo Sputnik, lanzado por la Unión Soviética, desde un campo de prueba en Kazajstán el 4 de octubre de 1957. [Foto: AFP]

Los niños se juntan alrededor de una réplica a escala real del primer satélite artificial del mundo Sputnik, lanzado por la Unión Soviética, desde un campo de prueba en Kazajstán el 4 de octubre de 1957. [Foto: AFP]

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Celeste, aunque le cueste
Modesto Montoya es profesor principal de la UNI, pero además es líder de Smart Machines, un grupo de más de 20 estudiantes de esa universidad que se han reunido con el objetivo, en sus propias palabras, de “comenzar la carrera espacial del Perú”. Para esto han convocado a Tom Bozzonet, experto en cohetería de la Escuela Superior de Tecnología Aeroespacial y Automóvil de Francia. “El objetivo es atraer a otros científicos extranjeros para aprender y dominar la tecnología de los cohetes, de modo que los lancemos tan alto y tan lejos como podamos. El siguiente paso sería poner un satélite. Desde el lado científico nosotros haremos lo posible, pero es necesario el apoyo del Estado”, asegura el especialista. Por el momento, tienen el soporte del Centro de Preparación para Ciencia y Tecnología (Ceprecyt), pero su presupuesto es muy limitado, por lo que Montoya hace una invocación. “Es necesario que el Estado se convenza de la importancia de trabajar esta tecnología y respaldar la idea, como alguna vez hizo Kennedy en Estados Unidos. Veamos todo lo que se logró desde entonces”.

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