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Filosofía 3.0 

Cultura: Sobreviviendo la sociedad de masas

Pedro Cornejo reflexiona sobre los cambios que ha experimentado la cultura con el crecimiento de la llamada cultura de masas. 

Pedro Cornejo

Pedro Cornejo

1.
Si hay un fenómeno que ha jugado un rol determinante desde la mitad del siglo XX, este ha sido la irrupción de las masas y los medios de comunicación masivos. Ello generó el surgimiento de una cultura de masas, término acuñado para distinguirla de la alta cultura, propia de la élite dirigente. El nuevo protagonismo de las masas y de una cultura al alcance de todos parecieron ser coherentes con el proceso de democratización posterior a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, no todos compartían este optimismo. Desde la Escuela de Frankfurt, pensadores como Theodor Adorno y Max Horkheimer consideraban que los productos de la cultura de masas estaban diseñados como un mecanismo de evasión cuya finalidad era hacer que el trabajador se sustrajera y se olvidara momentáneamente del proceso productivo mecanizado en que se hallaba inmerso, para luego ponerse de nuevo en condiciones de afrontarlo.

Theodor Adorno

Theodor Adorno

2.
Fue Walter Benjamin quien entendió el proceso de recepción de los productos de la cultura de masas como una nueva forma de apropiación de los objetos culturales. Benjamin constató que el hecho de que los bienes culturales pudieran ser reproducidos técnicamente (en serie) los desacralizaba por completo y los exponía al escrutinio de un público masivo que empezó a usarlos con una sensibilidad y percepción radicalmente distintas a las que hasta ese momento se pensaban como propias y exclusivas de la experiencia estética o cultural. Benjamin hablaba de una percepción distraída o dispersa. Subrayaba así el colapso de toda una manera de relacionarse con la cultura basada en la concentración intelectual y el recogimiento espiritual, y el surgimiento de una nueva sensibilidad que poco a poco se habituaba a asimilar los estímulos que la rodeaban de una manera dispersa, sensorial, múltiple y simultánea.

3.
“Comparemos —decía Benjamin— la pantalla sobre la que se desarrolla una película con el lienzo en el que se encuentra una pintura. Este último invita a la contemplación; ante él podemos abandonarnos al fluir de nuestras asociaciones e ideas. Y en cambio no podremos hacerlo ante un plano cinematográfico. Apenas lo hemos registrado con los ojos y ya ha cambiado. No es posible fijarlo”. Es decir, la actitud contemplativa y de recogimiento no cabe dentro de la experiencia perceptiva de la cultura de masas. Por la sencilla razón de que, como dice Iain Chambers, “la cultura popular moviliza lo táctil, lo incidental, lo transitorio, lo desechable, lo visceral. No involucra una investigación estética abstracta entre objetos privilegiados de atención sino que invoca ordenes móviles de sentido, gusto y deseo”. Lejos de condenar sin reservas la actitud dispersa y disipada de las masas frente al cine, la radio o, más tarde, la televisión, Benjamin descubre que lo que está surgiendo allí es un nuevo tipo de percepción que “no sucede tanto por la vía de la atención como por la de la costumbre”.

Iain Chambers

Iain Chambers

4.
La cultura popular contemporánea es un fenómeno urbano. Y sus imágenes y sonidos existen en los circuitos de la producción, reproducción y distribución electrónica. No son artefactos únicos sino objetos y eventos multiplicados miles, millones de veces. Ello produce una estética de la recepción transitoria, de participación inmediata y de criterios desechables. Pero esto no significa que las imágenes dejen de ser procesadas por el espectador que es —en última instancia— el que les da significado. Y ese significado es —más allá de las apariencias— personal en la medida en que responde a las interrogantes, preocupaciones y demandas de cada uno.

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