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Ursula K. Le Guin: un legado cósmico

La obra de la dama de la ciencia ficción está a la misma altura que la de Isaac Asimov o Ray Bradbury.

Ursula K. Le Guin

La escritora estadounidense, consagrada por su obra de ciencia ficción y fantasía, falleció el 22 de enero.

Getty Images


Por Daniel Salvo

La versión más difundida de lo que es la ciencia ficción, tanto cinematográfica como literaria, es la denominada space opera, es decir, la rama del género que se enfoca en la aventura espacial, con héroes y villanos que se enfrentan a muerte en un entorno hipertecnologizado. Por supuesto, la ciencia ficción es en realidad mucho más amplia, con obras que no solamente se enfocan en las aventuras, sino en especulaciones en torno a otros aspectos de la existencia humana. Cabe señalar que estas no suelen ser las más populares ni conocidas incluso para los aficionados al género, aun cuando se reconozca su calidad.

Es imposible establecer una frontera nítida entre ambas versiones de la ciencia ficción. Sucede simplemente que cada autor aporta una perspectiva propia a cualquier rama del género, y eso es lo que, en buena cuenta, busca el lector: una voz original.

La vida de la escritora estadounidense Ursula Kroeber Le Guin está llena de esa originalidad. Hija de una escritora y de un antropólogo, escribió su primer cuento de ciencia ficción a los 11 años. Graduada en las prestigiosas universidades de Harvard y Columbia, sus intereses abarcaron tanto la historia medieval y renacentista, como el taoísmo y el aprendizaje de distintos idiomas. En 1953 se casó con Charles Le Guin, de quien tomó el apellido.

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Ursula K. Le Guin escribió más de 20 novelas, además de 12 libros de poesía, siete colecciones de ensayos, 13 libros infantiles y más de 100 relatos y novelas cortas. También tradujo al inglés obras de autores que escribían en chino y en español. Su decisión de priorizar la escritura de piezas de ciencia ficción y fantasía tal vez le jugó en contra. Se dice, por ejemplo, que varios premios literarios, entre ellos el Nobel, le han sido negados por escribir literatura de género. Evidentemente, tal perspectiva solo puede ser adoptada por quien desconozca su producción.

El ciclo de novelas y cuentos ambientados en Terramar es su trabajo más conocido. Se trata de historias que se desarrollan en un mundo de islas, magia y dragones, en las que transforma las aventuras e iniciación de un joven mago en una visión particular del universo y sus leyes. El universo de Terramar fue creado en 1964 para localizar en él su cuento “La palabra que libera”, pero se hizo famoso con la novela Un mago de Terramar, publicada en 1968. La serie la completan los libros Las tumbas de Atuan (1972), La costa más lejana (1974), Tehanu (1990) y En el otro viento (2001).

Pero Le Guin es famosa más allá de los confines de Terramar por obras como La mano izquierda de la oscuridad (1969). Narrada en un estilo pausado y reflexivo, esta novela transcurre en el planeta Gueden, o Invierno, habitado por humanos que tienen una particularidad: sexualmente neutros durante gran parte de su existencia, se polarizan en uno u otro género bajo ciertas condiciones, de modo que pueden actuar como machos o hembras según la ocasión. Un habitante de Gueden puede ser padre o madre indistintamente. Un enviado de la Tierra, involuntariamente implicado en una intriga política, servirá de piedra de toque para conocer la sociedad y la cultura guedenianas en un viaje a través de desiertos nevados. Aventura que, por supuesto, cuestiona nuestras nociones sobre género y sexualidad.

Otro es el caso de Los desposeídos (1974), una aguda reflexión en torno a la utopía, sus posibilidades y sus ilusiones. Y, finalmente, podemos acudir a El nombre del mundo es bosque (1976) para encontrar una historia bastante más poética y melancólica. Cuenta una invasión por parte de los terrestres a un pacífico planeta poblado por humanoides peludos que viven integrados con su entorno, en un mundo más soñado que real. Como un antecedente tal vez algo más panfletario que la película Avatar, esta novela nos lleva a pensar en los excesos del colonialismo y la codicia extrema que no respeta nada, ni a la gente, ni a la naturaleza, pese a ser el sustento de toda existencia.

La creación de otros pueblos y sus cosmovisiones, lenguajes y mitologías son el resultado de una gran reflexión antropológica y una sensibilidad especial. Por ello, los universos de Ursula K. Le Guin son reflexivos, profundos pero jamás aburridos, pues encontró en la creación de mundos fantásticos una forma para reflexionar sobre las idas y venidas de la naturaleza humana. Le Guin, la primera mujer distinguida como Gran Maestra de la SFWA (Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos), murió el 22 de enero en su hogar, en Portland, Oregon. Tenía 88 años.

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