

Escucha la noticia
Mi escena favorita con Woody Allen: reconocidas personalidades nos dan su ránking del cineasta que cumple 90 años
Resumen generado por Inteligencia Artificial
Accede a esta función exclusiva
Resume las noticias y mantente informado sin interrupciones.
Escenas de la vida cultural neoyorquina, sobre la decadencia del amor a mediana edad o el destino fatal de quien, sin tener talento, aspira a triunfar... Todos son momentos narrados con el habitual sentido del humor de Woody Allen, inconfundible en tantas películas. Pensemos, por ejemplo, en el ladrón con fea caligrafía en “Robó, huyó y lo pescaron” (1969), su filme debut: en la escena, un robo fracasa cuando el cajero del banco no logra entender la nota que le entrega el asaltante, dando pie a una discusión con sus colegas en la que el delincuente es ignorado.
MIRA: El manuscrito de una amistad
O la demostración de que la vida no es como en el cine desarrollada en “Annie Hall” (1977), cuando en la cola de una sala, un Woody desesperado ante el profesor que presume de sus conocimientos sobre Marshall McLuhan, puede desenmascararlo convocando en persona al brillante pensador a participar en el debate.

O el caos de los bogavantes en “Annie Hall”, cuando Allen y Diane Keaton, intentando cocinar a los crustáceos, estos se escapan, generando un pequeño caos en la cocina. O la secuencia de inicio de “Manhattan” (1979), cuando el humorista ofrece incondicional amor por Nueva York filmando la ciudad en blanco y negro con la “Rhapsody in Blue”, de George Gershwin como fondo.
El momento Allen
Tantos momentos memorables: el hombre que se mimetiza con todos aquellos que lo rodean (“Zelig”, 1983), o la madre de un exitoso abogado desapareciendo en un show de magia para luego convertirse en una figura omnisciente y omnipresente desde los cielos de la ciudad (“Edipo reprimido”, 1989), o un Owen Wilson que cumple su fantasía de tener enfrente a un escritor genial como Ernest Hemingway, quien lo desafía a vivir sin miedo (“Medianoche en París”, 2011).
¿Qué define un momento Allen? La fórmula plantea un delicado balance entre ingenio, absurdo y cierto patetismo. Más difícil aún preguntarnos cómo elegir una sola escena cuando en la filmografía de Woody Allen abundan los momentos memorables.

Para responder, trasladamos la inquietud a representativos artistas e intelectuales que, para celebrar el aniversario 90 del cineasta neoyorquino, comparten las escenas, sean dirigidas o protagonizadas por él, que llevarán grabadas para siempre en su memoria.
La rosa púrpura del Cairo” (1985)
A Cecilia (Mia Farrow) la han despedido de su trabajo de camarera. Tiene un marido abusador y borracho. Quiere abandonar casa y marido, pero el único lugar donde puede refugiarse es la sala de cine. Ingresa llorando y ve la película “La rosa púrpura del Cairo” una y otra y otra vez. A quien más mira es al personaje del explorador Tom Baxter, romántico, bondadoso e ingenuo. Viene del Cairo dispuesto a pasar días locos en Manhattan. Y de pronto, desde la pantalla, él mira a la sala, a ella. Cecilia se sorprende, no puede ser, a ella nunca nadie la mira. Pero no; no solo se dirige a ella, también le habla: “Te debe gustar mucho esta película. Te he visto dos veces y hoy todo el día”. Abruptamente atraviesa la pantalla mientras dice: “Tengo que hablar contigo” y entra al mundo de Cecilia. La sala de cine es un caos, interactúan los espectadores con los actores que permanecen detenidos en su escena sin poder pasar a la siguiente.
Me gusta la sorpresa de Mía Farrow y de los espectadores del hecho inverosímil pero que está ocurriendo. Nadie lo pone en duda: son testigos presenciales de algo insólito, es “real” y así se impone. Mía y el poeta aventurero salen a la noche de Nueva Jersey y deben lidiar con el encuentro imposible hecho posible desde un verosímil realista, entre un ser humano real y uno de ficción.
La identificación del espectador con la ficción que ofrece el cine ha sido narrada siempre desde el ensueño, generalmente de la espectadora femenina que se imagina entrando al mundo de la ficción, no al revés. Quizás fue Manuel Puig quien mejor elaboró la fantasía cuando intercambió los mundos y contó que, cuando era niño, la vida real estaba en las películas de la Metro, los musicales y melodramas que veía con su madre. Al terminar, salía a una película barata y sin ‘glamour’. General Vallejos, el pueblo donde vivía, era escenario de un mal filme. Pero en “La rosa púrpura…” ocurre algo inédito: no es la espectadora la que vive la fantasía. Es el personaje de ficción el que atraviesa la pantalla y quiere una vida real, aburrido de repetir lo mismo una y otra vez.
La rosa púrpura del Cairo” (1985)
Cecilia, el personaje de Mía Farrow, se refugia en un cine a ver una y otra vez películas para escapar de su vida de esposa abusada y camarera explotada. Después de vivir un romance con un galán de Hollywood, literalmente salido de la pantalla, que acaba abandonándola, y de quedarse sin hogar ni trabajo, vuelve a sumergirse en la penumbra del cine. La película es “Top Hat” y, viendo bailar a Fred Astaire y Ginger Rogers, los ojos de Cecilia se vuelven a llenar de ilusión. Es el homenaje más conmovedor que he visto al poder del arte de transformarnos. Y un acto de fe en su perpetuidad.
“El dormilón” (1973)
Hay un momento en este filme que cada vez que lo recuerdo me hace reír solo. En esta comedia de ciencia ficción, Allen se disfraza de un robot, cuya función es pasar una extraña bola a los invitados de una fiesta. Esta bola da un placer inmediato a los humanos. Cada invitado la recibe, la mantiene un rato en sus manos y la devuelve al supuesto androide. Sin embargo, el lado humano se va manifestando en él cuando este se resiste a entregar la bola a los otros invitados para poder prolongar su propio placer. Se trata de una escena absolutamente genial, donde Allen critica a una sociedad vacía mediante el humor físico.
“Annie Hall” (1977)
Al final de “La rosa púrpura del Cairo”, Cecilia se aferra a la pantalla porque su vida ha quedado en blanco y negro. En “Annie Hall”, Alvy hace aparecer a Marshall McLuhan detrás de un cartel para ganar una discusión. Me gusta el guiño de ambas escenas: en el mundo real no hay cameos salvadores, nadie sale de una película para salvar el día, nunca aparece un teórico brillante para darnos la razón. Pero el cine logra que riamos de esos imposibles para redimirnos un poquito con la vida.
“Días de Radio” (1987)
El ingreso de Joe al Radio City Music Hall, mientras la voz de Allen evoca la sensación de “entrar al cielo”. El tránsito hasta la sala donde se proyecta “The Philadelphia Story” no solo es un recorrido físico; es el acceso a un mundo que permite al niño escapar de la omnipresencia de la radio en el seno de una familia empobrecida de Nueva York, ir al encuentro de nuevas fantasías culturales y descubrir la pantalla iluminada en una suerte de suspenso extático. Allen convierte la memoria en ficción (como Fellini en “Amarcord”) y se pregunta, como en “La rosa púrpura del Cairo” o “Medianoche en París”, si su recuerdo idealiza el pasado o si ese pasado fue, efectivamente, mejor.
“Desmontando a Harry” (1997)
Robin Williams interpreta a Mel, un actor que llega al set listo para filmar… hasta que la cámara decide no registrarlo. El camarógrafo, confundido, anuncia que Mel está borroso: solo él. Ajusta el foco, revisa el lente, prueba todo lo que puede, mientras el director se amarga pensando que, por supuesto, nadie revisó bien los equipos antes de alquilarlos. Pero el problema no es la cámara: cuando el director se acerca para comprobarlo, también lo ve desenfocado. Le dice: “No podemos filmar así. Vuelve cuando estés… enfocado” (“You’re soft/you’re out of focus”). Mel se queda confundido, con esa mezcla de ternura y desconcierto tan propia de Williams. Se mira las manos, se toca la cara, queriendo verificar, con pudor, lo imposible: que está literalmente fuera de foco. La escena es memorable porque Woody Allen convierte una crisis existencial en un gag visual perfecto: cuando alguien pierde el centro, el mundo también empieza a verlo borroso.
¿Cómo escoger una sola escena entre todas las películas de Woody Allen? Desde Harry encontrándose con sus personajes o Boris Grushenko bailando con la muerte de blanco o la pelea de los monjes por un puesto para estacionar los crucificados que llevan por la calle en Bananas, pasando por la mamá de Sheldon flotando en el cielo de Mannhattan y contando la vida de su hijo a toda la ciudad en “Historias de Nueva York”, Tom Baxter saliendo de la pantalla en “La rosa púrpura del Cairo, hasta casi toda “Medianoche en París”. Tantos momentos brillantes: ¡imposible decidir uno solo!
“Todo lo que usted quiso saber sobre sexo y no se atrevió a preguntar” (1972)
Un respetable doctor neoyorquino, médico generalista, más que probablemente judío, interpretado por Gene Wilder, recibe en su consultorio a un extranjero, un hombre armenio, quien viene en busca de la cura de un problema amoroso. Le informa al doctor de sus amores nada platónicos con su oveja, en la soledad de las montañas. En el semblante del médico se agolpan incredulidad, perplejidad, desconcierto, extrañeza, abominación, compasión y curiosidad, todas y cada una ellas, registradas con exquisita precisión, inequívocamente, una tras otra en el rostro de Wilder, durante lo que en tiempos cinematográficos era una eternidad, ¡casi un minuto sin una sola palabra, sólo un rostro ante la cámara! Fue la prueba temprana de lo gran director de actores que era Woody Allen, de su sentido preclaro de lo que cada actor y actriz elegido por él podría darle, si se lo exigía sin recato. Cincuenta segundos de la más desopilante reacción al solo hecho de imaginar la zoofilia de un hombre atribulado de amores.

Contenido sugerido
Contenido GEC


Antes de la temporada 3: la actualización de “Jujutsu Kaisen” en el streaming que ha emocionado a los fans del anime
MAG.
Las ciudades de EE.UU. donde se anticipan las nevadas más intensas en el invierno 2025-2026
MAG.
Un nuevo capítulo de la serie sensación de HBO Max USA: fecha de estreno, hora y link para ver el Episodio 3 de “Heated Rivalry”
MAG.
Oración para encender la segunda vela de la Corona de Adviento 2025 este domingo 7 de diciembre
MAG.





