Conoce los tipos de suelos que no se recomienda construir

08.10.18
La importancia de preparar las viviendas ante los impredecibles desastres de la naturaleza
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Hernando Tavera, jefe del Instituto Geofísico del Perú; y Julio Kuroiwa, profesor emérito de la Universidad Nacional de Ingeniería, acaso dos de las voces más autorizadas en desastres naturales, concuerdan en algo: es muy probable que en los próximos años se desate un gran terremoto en Lima y en parte del sur peruano, incluso hasta Tacna. Un sismo que alcanzaría la magnitud 8,5 en la escala de Richter.

En un país en donde el 70% de las construcciones son informales, según la Cámara Peruana de la Construcción, es importante preguntarnos: ¿cómo preparar nuestras casas ante un eventual sismo de gran magnitud? De acuerdo con los expertos, el punto de partida de una construcción segura es el conocimiento y la preparación del tipo de suelo sobre el que se levantará la vivienda.

Existen diversos tipos de suelos, pero la clasificación principal los divide en dos: los firmes y los blandos. Los suelos firmes son aquellos que tienen una capacidad rocosa sólida y que, además, han sido compactados con maquinarias. Entre los blandos se encuentran los arcillosos, los arenosos y los pantanosos. Sea cual fuere el suelo, realizar un estudio de mecánica de suelos es obligación de quien desea construir una vivienda o un edificio. Así lo detalla la Norma Técnica E.050 del Reglamento Nacional de Edificaciones. Por ahorrar dinero, muchos peruanos no ejecutan esta norma. A largo plazo, la informalidad les resultará más cara.

Según el ingeniero Kuroiwa, al construir una casa sobre un suelo resistente se genera una reducción de hasta el 80% de los posibles daños ante un eventual terremoto.

“No se debe construir en sectores de peligro muy alto, como, por ejemplo, el suelo blando de Yungay o algunas zonas de Huaraz”, recomienda Kuroiwa. La historia nos dice que, tras el terremoto de 1970, en el Perú se desató un aluvión que desapareció la ciudad de Yungay, en Áncash.

“El riesgo también está en las zonas de suelos arenosos, como en parte de Lima Norte, Lima Sur y Lima Este. Lamentablemente, son las zonas en donde ha crecido Lima y la mayoría son autoconstruidas”, dice la arquitecta María Teresa Mendez, directora del Centro de Estudios para Comunidades Saludables de la Universidad Ricardo Palma.

Un caso crítico se presenta al sur de Lima. Según el Ministerio del Ambiente, el 88% del suelo de Villa El Salvador (VES) no es apto para vivir y, por ende, se le ha catalogado como zona roja en caso de desastres. Sin embargo, según expertos del Instituto de la Construcción y el Desarrollo, cada año se construyen 30 mil casas informales en Lima. La mayor cantidad de ellas se levanta en distritos que se ubican en la periferia, como es el caso de VES. Para combatir la autoconstrucción y edificar una casa sismorresistente es necesario acudir a los profesionales.

TIPOS DE SUELOS PARTE 2 TIPOS DE SUELOS PARTE 2

Estos especialistas participan en la preparación del suelo

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Según el Instituto Nacional de Estadística, en el terremoto de 2007 que azotó la región Ica, 93.708 viviendas quedaron destruidas.

Han pasado 11 años de aquella catástrofe que dejó 596 fallecidos y aún la construcción de viviendas en suelos no adecuados continúa. En el distrito de Tambo de Mora, en Chincha, cientos de familias perdieron completamente sus casas debido a la licuación o pérdida de rigidez del suelo. “Dos años después del terremoto fui a Tambo de Mora y vi que nada ha cambiado. Se ha vuelto a construir en el mismo suelo y con los mismos materiales [adobe]”, dice la arquitecta María Teresa Mendez.

El ingeniero Kuroiwa recuerda que en Tambo de Mora el desastre fue tal, que los cercos de las cárceles se cayeron y los reos se escaparon. “Seis años antes de que ocurra el terremoto había determinado dos sectores muy críticos en esa zona”, dice Kuroiwa. Sin embargo, muy pocas personas leyeron el estudio realizado por Kuroiwa y el grupo de expertos y, además, hicieron oídos sordos a las recomendaciones.

“En los terremotos de los años 1908, 1940, 1966 y 1974, algunas casas no se cayeron, pero sí los daños se han ido acumulando; tal es así, que las casas representan un riesgo”, dice Kuroiwa, en clara referencia a las viviendas de adobe. El Perú no deja de temblar y las edificaciones autoconstruidas se debilitan cada vez más.

Por otro lado, en nuestra selva, si bien se pueden construir grandes edificaciones, es importante tomar precauciones, sobre todo ante un eventual sismo. El ingeniero Arnaldo Carrillo Gil, consultor principal de AC Ingenieros SAC, en su informe “Comportamiento del suelo tropical peruano”, detalla que “el contenido de humedad natural es significativamente mayor que el óptimo contenido de humedad de compactación”. Es decir, en la selva del Perú —sobre todo en Loreto y Madre de Dios—, el suelo húmedo dificulta la compactación de muchos terrenos.

 
 

Materiales para construir una buena base

Para evitar una tragedia es importante cimentar el suelo de la vivienda con los materiales adecuados, siempre de la mano de profesionales expertos. Pero hay algo que es aún más básico: debemos tomar conciencia de que un gran sismo es inminente y, por lo tanto, hay que prepararnos. Mary Mollo, coordinadora académica de los programas de Gestión de Riesgo de ESÁN, señala que “es importante profundizar la labor de los Gobiernos subnacionales en esta etapa, especialmente en la concientización de la población en riesgo”. En nuestras manos está intentar reducir los daños de ese gran sismo que nos amenaza.

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Hernando Tavera  
Presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú
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Más allá de la comprensión de los peligros naturales, en realidad el mayor peligro es el modo de construcción de las viviendas, ya que es responsabilidad directa de sus habitantes.”

No somos capaces de comprender que solo existen los peligros naturales y los desastres se dan por la irresponsabilidad de las personas al invadir zonas de alto riesgo y construir sus viviendas de manera inadecuada, sea por el tipo del material utilizado o por la falta de ayuda técnica.

Deberíamos evaluar cuáles de las siguientes afirmaciones son las que mejor explican los escenarios que dejan los sismos después de ocurridos: “El terremoto dejó muchos distritos de Lima en ruinas” o “Las viviendas de los distritos de Lima no soportaron el sacudimiento del suelo por estar construidas sobre suelos malos o materiales inadecuados”; “El terremoto produjo la muerte de 5 mil personas y 2 mil heridos” o “Se contabilizaron 5 mil muertos y 2 mil heridos rescatados de los escombros de las viviendas que colapsaron”.

Estos escenarios nos indican que, más allá de la comprensión de los peligros naturales, en realidad el mayor peligro es el modo de construcción de las viviendas, ya que es responsabilidad directa de sus habitantes. Entonces, el sismo no es el culpable del desastre que se produce en las ciudades, sino las personas. La falta de cultura de prevención es evidente.

La historia nos dice que el último sismo importante que afectó a Lima ocurrió en 1974 y tuvo una magnitud de 7,7 en la escala de Richter. Los daños se concentraron en las calles del distrito de Chorrillos, Cercado de Lima y en la Universidad Agraria La Molina. Durante los siguientes años inició el crecimiento de la ciudad, con la aparición de los distritos de Villa El Salvador, San Juan de Miraflores, San Juan de Lurigancho, Ventanilla, Independencia, Comas, El Agustino, Lurín, Puente Piedra, Ate y Santa Anita; así como el crecimiento de Chorrillos, Barranco, Lima Metropolitana, Callao,  San Martín de Porres y distritos de playa, entre otros.

En estos distritos, la población se instaló en suelos poco consolidados, en las pendientes de los cerros, las riberas de ríos y las zonas de playa. Del mismo modo, construyeron con materiales inadecuados y muchas veces obviando la presencia de columnas; en general, no se respetó la norma de construcción sismorresistente. Con el paso de los años, las viviendas se han vuelto vulnerables y su crecimiento vertical se ha realizado de manera irresponsable. Por otro lado, la población inmigrante se ha incrementado a tal punto, que en la actualidad Lima Metropolitana tiene casi 13 millones de habitantes y de ellos más de 8 millones habitan en los distritos antes indicados; además, hay casi 3 millones de viviendas tugurizadas.

Para tener una idea del posible desastre a producirse en Lima por la ocurrencia de un sismo, solo basta con mirar fotografías y videos de los distritos detallados líneas arriba: veremos viviendas apiladas en los cerros sobre pircas de piedra, otras con diseños y materiales inapropiados sugiriendo la ausencia de apoyo técnico, invasiones a lo largo de la ribera del río Rímac y otras con población tugurizada. Además, veremos zonas de playa invadidas con gran diversidad de construcciones, lo cual sugiere una sobreexposición al peligro de tsunamis.

Lima ya está construida y no es posible proponer una solución. El riesgo por vulnerabilidad estructural es alto, sobre todo en los distritos que han surgido después del año 1974. Estos crecieron sin orientación, apoyo técnico y sin una visión de ciudad moderna y menos vulnerable a los sismos. Como lección podríamos considerar la experiencia chilena, donde se aprendió a construir y su población actúa correctamente, después de haber sido testigo de al menos 20 terremotos ocurridos en los últimos 100 años. Este es el ejemplo que debe servir para mejorar nuestras construcciones y nuestra cultura de prevención.