Enemigo en casa: cuando compramos materiales 'bamba'

07.05.18
Productos de construcción son adulterados en ciertos emporios, pese a que lo barato no solo es caro, sino riesgoso.
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Lo único que tenían a la mano era lo mismo con lo que trabajaban en jornadas de hasta doce horas diarias: blandiendo un fluorescente bamba a través de una rendija de apenas unos centímetros de ancho, Jovi Herrera Alania (21), uno de los jóvenes fallecidos en junio de 2017, en el incendio de Las Malvinas, pedía así ayuda. Ayuda para no morir engullido por las llamas y encerrado en un container en donde falsificaba fluorescentes chinos, haciéndolos pasar por unos de marca. Ecolux, la firma para la que trabajaba, importó al Perú —entre 2014 y 2017—108 toneladas de tubos de luz y lámparas, a fin de hacerlos pasar por materiales originales.

No extraña que, pese a las tragedias ocurridas y los operativos policiales para combatirlas, la piratería y la adulteración de materiales continúen instaladas en el país.

“Tratan de abaratar costos y al final lo que tenemos son obras que se empiezan a deteriorar con una rapidez que antes no se veía. En estos mercados, el consumidor no necesariamente está comprando los productos adecuados”, señala Crisólogo Cáceres, presidente de ASPEC.

Destornilladores que se deforman y desgastan hasta la inutilidad al primer contacto con un tornillo reacio; pintura que comienza a descascararse tras apenas unas semanas de exposición al sol; cables eléctricos que se calientan con solo minutos de uso: todos estos pueden ser materiales adulterados presentes en casa, que, por su constitución, ponen en peligro la durabilidad de inmuebles y equipos y, en el peor de los casos, la vida de quienes los emplean.

Las galerías alrededor del recinto comercial de Las Malvinas, las tiendas desplegadas cerca del mercado de Magdalena o los negocios detrás del mercado de Surquillo son ejemplos de centros ferreteros en donde lo original convive con lo bamba, donde lo certificado se vende a la par de productos “hechizos” (otra forma de llamar a estos objetos en el mercado negro). Muchas de estas versiones “económicas” (que es como se ofrecen en tiendas los materiales adulterados) de mercadería original corresponden a marcas locales, en la medida en que varias de estas han sabido hacerse de una reputación valorada en el mercado. Esta amplia oferta existe en la medida en que la demanda del mercado se mantiene, pese a los antecedentes.

Materiales bamba parte 2 Materiales bamba parte 2

Los tres colaboran en la tarea de construir con materiales adecuados y certificados.

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De hecho, nuestros productos y materiales eléctricos no tienen nada que envidiarles a los de reconocidas marcas internacionales, señala Felipe García Bedoya, ingeniero de Capeco.

Buena parte de los materiales que se venden con una marca falsa proviene del extranjero. “Traen productos de fábricas chinas para, ya en Perú, ser adulterados con lijas de agua, como hacían los fallecidos en Las Malvinas, y así poder imprimirles sellos de marcas reconocidas”, señala el experto.

“Entonces, entra basura de material [al mercado peruano]”. Tomacorrientes, interruptores y hasta cables de corta vida útil se venden producto de este intercambio. De más está decir que dichos componentes exponen a quienes los instalan y usan a riesgo permanente de descargas eléctricas.

En el caso de elementos lumínicos, tenemos fluorescentes que se venden a un 30% menos que el precio de los originales.

No obstante, su durabilidad se ve, igualmente, mermada. “Comprando tres obtendrán el mismo tiempo de durabilidad que con un fluorescente de marca”, afirma García Bedoya.

Más aún, el consumidor, al adquirir materiales sin origen certificado, puede estar comprando productos autorizados pero con distintas especificaciones técnicas, por estándares inadecuados de producción y etiquetado.

En breve, el consumidor puede no necesariamente estar comprando los productos adecuados para sus necesidades, afirma el maestro de obras Juan Morales. De ahí, resalta, la importancia de asesorarse adecuadamente e ir de compras acompañado de conocedores o acudir a tiendas formales, donde los productos pasan por certificaciones previas. “Es importante cambiar la cultura de consumo en este sector”, afirma Morales.

El problema también alcanza a la edificación de estructuras. Los especialistas apuntan a la adecuada supervisión de los procesos constructivos, no solo a nivel de ingeniería, sino además en el uso correcto de los materiales. Asesorarse por los comerciantes de estos negocios es una mala idea, en la medida en que existen ladrillos de diversos tipos para diferentes usos. Los ladrillos de mayor solidez son los adecuados para la construcción de vigas y columnas. Si se trata únicamente de separación de espacios, se pueden usar los tipo pandereta, de menor precio.

Efectos de la falsificación y el contrabando

Por su parte, los muros portantes soportan la carga de la construcción, por lo que deben llevar ladrillos tipo King Kong, con un asentado de cabeza. Sin embargo, en las zonas periféricas de la ciudad, la autoconstrucción viene abusando del uso de pandereta sin confinar muros con elementos de concreto como vigas y columnas, para abaratar las obras.

Señala García Bedoya que las diferencias entre ladrillos industrializados y artesanales son a todas luces notorias, tanto “como comparar una sayonara y un zapato”. No obstante, hay un ladrillo industrial de calidad y otro que no cumple con las normas y que, al provenir de fábricas clandestinas, no pasa por controles de calidad. Este material es de venta corriente en negocios de productos “hechizos”.

Por otro lado, desde la óptica de maestros de obras como Morales, se encuentra que en el mercado hay una amplia gama de productos que llegan del extranjero, como varillas de fierro, y que reciben el logo de empresas peruanas reconocidas, con lo cual se acaba recibiendo un producto que no es idóneo, al no ser aquello por lo que se pagó. Y, como señala Cáceres, el concepto de idoneidad está en el Código del Consumidor.

Peor aún, más allá de la falta de idoneidad, el uso de material adulterado expone a los habitantes de una vivienda a colapsos estructurales en casos de sismo. Y este aspecto es, precisamente, uno de los que mejor ha sabido controlar el Gobierno chileno para conseguir mejorar la resistencia de las viviendas en su territorio, como parte de una política multisectorial de prevención de desastres sísmicos. “Chile posee un sistema de control férreo de los materiales de construcción, validado y estandarizado, a fin de construir para resistir sismos. En consecuencia, los estándares se cumplen no solo durante el proceso constructivo, sino desde la fabricación”, señala García Bedoya.

Así las cosas, no basta con tomar conciencia de que “lo barato sale caro”, sino que, además, nos deja en una situación de riesgo.

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Jaris Mujica
Grupo Interdisciplinario de Criminología de la Pontificia Universidad Católica del Perú
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Si bien asociamos el comercio de falsificaciones, contrabando y objetos robados a un mercado paralelo al legal (un mercado ilegal), en la práctica, en varios países de América Latina (y en el Perú en particular) estas lógicas aparecen y funcionan en mercados legales.”

Es raro encontrar mercados (establecimientos) que sean completamente ilegales y estén proscritos. En Lima, los grandes centros de venta de objetos de contrabando, falsificaciones y objetos robados –por ejemplo, las galerías alrededor de Las Malvinas, Polvos Azules, Paruro, Leticia, San Jacinto– son, en mayor parte, legales. Muchos de los comerciantes se han organizado en asociaciones, las galerías y tiendas tienen títulos de propiedad registrados, tienen licencias de funcionamiento de la municipalidad y de Defensa Civil, y emiten boletas de venta. Gran parte tienen sistemas de pago electrónico y una gran diversidad de mercadería con un amplio stock. Es evidente, sin embargo, que estas lógicas no son solo una dinámica de los sectores de bajos recursos económicos. Por ejemplo, algunas tiendas en las galerías Compu Palace (en el distrito de sector medio alto de Miraflores) venden contrabando y piratería.

Lo relevante es que la piratería, el contrabando y la compraventa de objetos robados funcionan en una dinámica incorporada en las estructuras formales. Tanto que el “consumidor” puede elegir según calidad y costo si comprar un objeto legal, uno falsificado, de contrabando o robado. Así, es indiscutible que gran parte de los limeños consume (o ha consumido) piratería, y parte de los ciudadanos han comprado alguna vez objetos robados. Es difícil estimar la cantidad de personas que tienen software o películas piratas, que ha comprado una autoparte robada –después de ser víctima de un robo– o que ha preferido un producto de contrabando para pagar menos por él (probablemente es la mayoría).

¿Por qué preferimos este tipo de productos? La respuesta es clara: un mucho menor costo por un producto que es equivalente (o cuya menor calidad no es determinante para su disfrute); está disponible y es fácil de encontrar; no hay sanciones para el comprador y hay una amplia tolerancia social al consumo de objetos no legales.

La dicotomía es, por lo tanto, discutible: lo legal no parece implicar la eliminación de lo ilegal, sino una adaptación. La economía subterránea –que implica la economía informal e ilegal, y las actividades que no se ajustan a los estándares del mercado formal– ha sido muy importante en la economía peruana; tanto que durante los años noventa del siglo XX e inicios de este siglo representaba alrededor del 66% del PBI (según el estudio de J. Escobar realizado para el CIES en 2008).

La relevancia de la economía informal llevó a procesos que generaron “formalizaciones nominales”. Así, si bien se suponía que la formalización debería reducir la informalidad, en la práctica la informalidad y la ilegalidad conviven con la legalidad.