Que El Niño no nos encuentre desprevenidos

12.03.18
El fenómeno de El Niño costero dejó más de 66 mil viviendas destruidas en el Perú. ¿Cuáles son las zonas de mayor riesgo?
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Si hoy se presentara el fenómeno de El Niño, este golpearía hasta al 60% de las viviendas e infraestructura en las zonas de riesgo del país. Y es que la reconstrucción posterior a El Niño costero solo ha avanzado entre 30% y 40%, según confirmó el Indeci.

El problema, sin embargo, no es El Niño. Como todo fenómeno natural recurrente en el Perú, sus características ya se han hecho sentir en el país en otras ocasiones: lluvias intensas, huaicos y aumento de temperatura, entre otras. Sabemos que va a regresar.

“Es importante entender que todos los eventos disruptivos, particularmente los relacionados a aspectos climatológicos o de geografía propia de nuestro país, como el fenómeno de El Niño, son ante todo naturales. Es decir, tenemos que convivir con ellos. Así como hay un periodo de día y otro de noche, esto tampoco podemos evitarlo”, resalta el doctor Jorge Vargas, coordinador del Grupo de Manejo de Crisis y Desastres de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

¿Cuándo se convierte en un problema, entonces? “Cuando ese evento disruptivo se ve expuesto a la presencia de una comunidad”, añade Vargas. Es en este momento que el nivel de informalidad en las viviendas del país sale a flote y se lamentan pérdidas que pudieron evitarse.

Las lluvias intensas afectan en mayor medida a las zonas costeras, donde las precipitaciones no son tan comunes y las construcciones cuentan con menores medidas de prevención.

Los especialistas coinciden en que las lluvias intensas causadas por los fenómenos de El Niño, La Niña y el reciente Niño costero afectan en mayor medida a las zonas con menos prevención, en este caso, la costa y la sierra de las regiones costeras, donde las precipitaciones no son tan comunes.

“Una de las primeras cosas que uno debe tomar en cuenta antes de construir una vivienda es la vulnerabilidad de la zona, es decir, si está expuesta a huaicos, inundaciones o tiene malos suelos”, puntualiza Luis Amado Travesaño, presidente de la Comisión del Fenómeno de El Niño, Riesgos y Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP).

“Lo segundo es que sea un espacio seguro, que sea edificado de manera técnica. ¿Y eso quién lo hace? Los profesionales. Por ejemplo, si tienes un problema del corazón, vas al cardiólogo. Lo mismo pasa en construcción: se tiene que ir a donde el arquitecto y el ingeniero”, agrega Travesaño. Lo que lleva a los tres pilares de la construcción: el arquitecto, el ingeniero y el infaltable maestro de obras.

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Los tres son imprescindibles y trabajan en conjunto para una edificación segura y funcional

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Antes que mitigar las probables consecuencias de los desastres naturales, lo importante es la prevención.

“La prevención lo es todo. Si yo prevengo, tanto el costo social como el económico serán mínimos”, advierte por su parte el presidente del Instituto de Defensa Civil (Indeci), el general de brigada EP Jorge Chávez.

Los representantes del Indeci y el CIP especifican las tres zonas de mayor riesgo frente al fenómeno de El Niño. Una de ellas son las cuencas de los ríos. Si bien los ciudadanos son responsables de construir en lugares seguros –con las respectivas licencias de los municipios–, los Gobiernos regionales también tienen una gran cuota de compromiso.

Durante El Niño costero del 2017, por ejemplo, se puso a prueba las obras realizadas en las cuencas de río de Piura y Bajo Piura, como en Catacaos, Chato Chico y Chato Grande. “Los trabajos estaban hechos para que las cuencas del río Piura aguanten un caudal de 2.400 m3/s [ignorando] que el recuento histórico indicaba que había llegado a 4.000 m3/s ”, precisa el titular del Indeci. Entonces, pasó lo evidente: llegó El Niño costero y el agua subió más de lo previsto, exactamente hasta 3.400 m3/s, por lo tanto, el río se desbordó.

Asimismo, otras zonas de riesgo son las quebradas y las laderas de los cerros. En el primer caso, muchas familias no son conscientes de la extensión natural de un río. “Es un problema que se ve en la sierra y costa”, observa Chávez.

“Cuando el río es angosto, la gente se acerca a vivir a los costados. Es lo que pasó en Arequipa. Las personas se acercaron para cultivar y pusieron sus casas temporales; luego, en época de precipitaciones, el río aumentó su anchura sin siquiera llegar a su extensión total y la gente dijo que era un desborde. No era así. El río no pide permiso y crece a su extensión natural”, explica la autoridad.

Chávez destaca que es por una razón similar que esto no pasa en la selva en la misma magnitud: “Allí sí se trabaja de manera preventiva. Las casas no se ven afectadas, porque, a pesar de que el río incrementa su caudal, la estructura hace que la casa esté a una altura de seis o siete metros”.

Finalmente, las laderas de los cerros son propensas a deslizamientos provocados por las épocas de lluvias. Por esta razón, por ejemplo, se cerró la Carretera Central durante El Niño costero del año pasado.

En estos casos, la mitigación de los posibles daños de huaicos pasa por derivar el movimiento del agua. Una solución a nivel estatal y de autoridad local es la colocación de geomallas, como se ha hecho en Chosica, para detener los elementos sólidos de los huaicos, como rocas, aunque igual vaya a transcurrir el agua. Otra es el uso de sacos terreros para evitar que el huaico ingrese a la vivienda.

El ingeniero del CIP Luis Travesaño añade que es vital, sobre todo en viviendas ubicadas en zonas de riesgo, que las personas conozcan las rutas de evacuación y los puntos seguros. Otros consejos para los habitantes de este mismo tipo de vivienda se pueden observar en esta ilustración interactiva.

Zonas del país en riesgo ante lluvias intensas

Otro punto importante en la prevención de desastres por el fenómeno de El Niño es la acción del Estado y los Gobiernos regionales. Indeci apunta que es imprescindible y urgente mejorar el sistema de drenaje y alcantarillado. “No puede ser que, cuando el río aumenta su caudal, sus aguas estén en nivel más alto que las ciudades. Esto también difiere mucho entre costa y selva. En Madre de Dios, por ejemplo, puede llover a cántaros por horas y algunas zonas se inundan, pero se evacúa y en unas seis horas ya está seca la ciudad nuevamente”, resalta el presidente del Instituto de Defensa Civil.

Otros aspectos son el manejo de las cuencas para que puedan soportar aumentos considerables de su caudal, así como un mejor manejo de la infraestructura, en especial los puentes que se ubican sobre los ríos.

Por su lado, el ingeniero Travesaño hace mención de una investigación realizada por la Asociación de Municipalidades del Perú (AMPE), que determinó en el 2013 que un bajísimo porcentaje de Gobiernos locales había implementado los procesos de riesgos ante desastres. “Ni los que están en Lima lo tienen implementado, peor aún los del interior del país”, lamenta.

Teniendo en cuenta esta época de precipitaciones (que hasta hace unas semanas se debatía si era un fenómeno de La Niña), le mostramos a continuación un mapa del país en el que se señalan las zonas que serían golpeadas por lluvias constantes.

Los especialistas coinciden en que las lluvias intensas causadas por los fenómenos de El Niño, La Niña y el reciente Niño costero afectan en mayor medida a las zonas con menos prevención, en este caso, la costa y la sierra de las regiones costeras, donde las precipitaciones no son tan comunes.

En el 2017, las cifras fueron contundentes: más de un millón de damnificados, 162 personas fallecidas, 19 desaparecidas y más de 371 mil viviendas dañadas, según las cifras del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) y el Indeci. Además, más de 66 mil viviendas quedaron destruidas.

Estos números suenan más alarmantes si tomamos en cuenta que estos fenómenos son recurrentes en el Perú. De ahí que el doctor Vargas remarque la necesidad de tener personas y comunidades resilientes, es decir que tengan la capacidad de superar eventos traumáticos y se organicen para estar mejor preparadas.

Porque, ante un contexto como el nuestro, tal como sentencia el presidente del Indeci, no hay duda de algo: “En época de precipitaciones intensas, la naturaleza va a ocupar el terreno que le fue invadido”.

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Jonathan Rossi
Director social de TECHO
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Con El Niño costero del 2017, comprendimos que los primeros en actuar ante una emergencia son las mismas poblaciones afectadas mediante líderes comunitarios, y no los Gobiernos locales.”

Si los líderes comunitarios son fortalecidos y capacitados en gestión de riesgos y desastres, entonces las comunidades obtienen mayor capacidad de reacción frente a una emergencia, incluso de manera preventiva. Y es que son las mismas familias las que poco a poco van aumentando su capacidad de resiliencia.

Por otro lado, nos dimos con la sorpresa de que los Gobiernos locales, sobre todo los distritales, no tienen conocimiento de cuál es el protocolo de reacción ante desastres naturales como el fenómeno de El Niño. Tampoco tienen identificadas a las poblaciones de mayor riesgo. Entonces, ante este tipo de emergencias las más afectadas son las poblaciones que no existen en el mapa.

La llegada de El Niño costero también nos hizo dar cuenta de que hay asentamientos que tienen precariedad habitacional y están al costado del río, pero tienen título de propiedad y servicios básicos. Y esto se da porque las municipalidades han usado la expansión de la ciudad y las licencias con fines políticos.

Para los sectores de menos capacidad adquisitiva, no hay un programa social de vivienda como lo hay para las clases medias, por ejemplo. Tampoco se ve una capacidad de respuesta por parte de los Gobiernos locales para llevar a cabo un desplazamiento hacia otro lugar. En el Bajo Piura, por ejemplo, aún un año después hay incertidumbre al respecto.

Sin embargo, con miedo por haberlo perdido todo, las familias sí están dispuestas a ser movilizadas, pero mediante un diálogo, no como imposición.

Finalmente, un punto muy importante del lado de la comunidad es que su capacidad constructiva está determinada por el maestro del barrio. Hemos visto mejores niveles de construcción en comunidades donde hay muchos más maestros. Y es que este convoca a los jóvenes de la comunidad y les enseña con su praxis. Si se les capacita correctamente, entonces estaremos mejorando el nivel técnico de la construcción de la vivienda del barrio.