Un refugio contra el frío: casas termoaisladas en las alturas

23.04.18
Las heladas empiezan a azotar, como cada año, a nuestro país. Superarlas tiene a las viviendas como factor clave.
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La jornada diaria de un agricultor o un criador de alpacas en las alturas superiores a los 3.500 m.s.n.m. de Puno puede ser esta: tras un desayuno de alto calibre, que consiste generalmente en un caldo que caliente el cuerpo por buen rato, cerca de las 7 u 8 de la mañana toca hacerse al campo, ya sea para el pastoreo o el labrado; para la tarde, el retorno a casa, cerca de las 5 o 6 de la tarde, supone seguir realizando labores en los ambientes aledaños al hogar, para luego descansar y reponer energías para el próximo día. La rutina, no obstante, se complica entre abril y septiembre cada año, cuando las heladas hacen descender las temperaturas nocturnas en estas latitudes hasta -20 °C. Buscar refugio en casa es en vano, pues el frío en su interior, por las noches, alcanza los -3 °C, detalla la arquitecta Sofía Rodríguez Larraín, coordinadora del Grupo del Centro Tierra de la PUCP, que ha desarrollado un modelo de vivienda para sobrevivir al azote de este frío.

Así, el frío en época de heladas va cobrando un alto precio a la salud de las poblaciones en riesgo, a diario. Tan solo en la temporada de 2017, fueron más de 220 distritos expuestos en 14 regiones, principalmente en Puno, Cusco y Huancavelica, de acuerdo con el Plan Multisectorial ante Heladas y Friaje.

Según el INEI, en los cuatro distritos con temperaturas más bajas registradas, una tercera parte de la población está en edad vulnerable (niños menores de 12 años y adultos mayores de 65).

Ahí, las paredes exteriores de la mayoría de viviendas están hechas de adobe o tapia; en otros casos, es la piedra con barro el principal componente de estas estructuras, mientras que los techos están hechos principalmente de planchas de calamina, fibra de cemento o similares. Los pisos, por otro lado, no presentan revestimiento alguno y son, en la práctica, la misma tierra.

Se trata de materiales y métodos de construcción tradicionales, muchos de los cuales han sido empleados por siglos para sobrevivir en estas zonas, pese a que no se trata de tecnologías idóneas para superar los meses con noches bajo cero.

Viviendas frente a las heladas parte 2 Viviendas frente a las heladas parte 2

Los tres son claves para convertir una casa en una vivienda adecuada para pernoctar bajo las inclementes heladas.

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La sierra peruana no es el único lugar que en años recientes experimenta heladas más intensas pese al calentamiento global.

Y es que lo podemos ver así: mientras el frío de la temporada de heladas es el efectivo que llevamos en la billetera, el calentamiento global es nuestra cuenta de ahorros (Kendra Pierre-Louis/The New York Times). La presencia de frentes de aire frío con mayor presión —a raíz del aumento mundial de temperaturas— en los polos hace que el avance de estos frentes gélidos sea mayor, lo cual compromete las condiciones en que viven nuestros compatriotas en la sierra y selva alta.

El ingeniero Adolfo Gálvez explica que ya existe en el extranjero y en el Perú una serie de tecnologías de construcción para que las viviendas conserven el calor del sol que entra por el día, lo almacenen y eviten que se disipe en la noche.

La solución para transformar estas viviendas de congelados habitados a casas confortables principalmente pasa por dos procesos: aprovechar al máximo el valioso recurso ilimitado en estos lugares, el calor producido por el brillo solar; y sellar la vivienda de manera que durante la noche, cuando el sol no brilla, no pierda el calor que ha acumulado en horas diurnas.

En lugares como la localidad india de Ladakh, donde al igual que en nuestra sierra brilla el sol la mayor parte del año, se alcanzan temperaturas de -20 °C, se construye con piedra y adobes de barro y se emplean muros Trombe para calentar las viviendas. Se trata de un sistema que, mediante la colocación de un vidrio y un vacío de aire en los exteriores de las paredes, logra calentar y encapsular el calor en las estructuras.

¿Por qué no hemos ensayado una respuesta a las heladas con esta solución de más de medio siglo en el mercado? El de las localidades peruanas azotadas por el intenso frío cada año hasta septiembre es un clima intertropical de altura, una circunstancia peculiar y, para más señas, con alta concentración en el Perú. Son lugares que alcanzan altitudes superiores a los 3.000 y 4.000 m.s.n.m., con latitudes muy cercanas al ecuador. Por lo tanto, allí brilla el sol verticalmente o con muy poca inclinación.

Lo que paga el Perú por las heladas

“Es un tema de orientación de viviendas, que aparentemente se construyen sin considerar la técnicamente más adecuada. En esos casos se tiene que rehacer la vivienda y orientarla adecuadamente en función a por dónde sale y se pone el sol, así como la inclinación de los techos y por donde sopla el viento”, señala Gálvez.

Así las cosas, y aunque parezca contradictorio, abrirle la entrada al sol es una poderosa herramienta para aumentar la captación de calor. Ya sea en forma de claraboyas o ductos en el techo, los expertos coinciden en proponer que mientras más luz solar pueda calentar los ambientes interiores de una vivienda, más llevadera será la noche.

Por la ocurrencia de lluvias y granizo, los techos suelen ser a dos aguas, a fin de proveer una inclinación que impida la acumulación de agua o aguanieve sobre la casa. Este es otro punto abordado por modelos de viviendas térmicamente confortables, como la desarrollada por CARE y la Unión Europea para poblaciones arriba de los 3.500 m.s.n.m. en Huancavelica. En estas, se propone que a los tragaluces —que en todos los casos deben ser cerrados herméticamente por las noches para evitar la fuga de calor— se añada un techo raso, con tapajuntas y rodones, sujeto a un soporte de madera, que facilite la hermetización de la vivienda. Estas partes del inmueble son la principal puerta de entrada a la luz del sol.

Felipe García Bedoya, ingeniero de Capeco, precisa que el material de construcción más popular en la zona es el adobe para muros; los techos son de paja y/o calamina; y los pisos, de tierra. Usualmente, se incorpora al interior de los espacios monohabitacionales la cocina, para generar calor, aunque si esta no es mejorada, se producirá un problema de contaminación del aire.

 “La paja se tiene que cambiar cada año, pues de lo contrario pasa el agua y el frio. La calamina es más barata y durable, pero, al ser una lata, convierte una vivienda en un congelador. Se requieren tumbadillos y falsos techos rasos, así como la reparación de fallas y rajaduras en muros y ventanas (que deben ser chicas y cerradas herméticamente) para evitar fugas de calor. Todo ello requiere mano de obra calificada”, señala.

La implementación de estas soluciones, por otra parte, no tiene que resultar engorrosa ni cara, sino que puede incluir materiales naturales y locales. Rodríguez Larraín señala que el módulo del Grupo del Centro Tierra no es un módulo típico de vivienda, “sino tecnologías y estrategias aplicables en cualquier contexto climático”, basadas en un diseño bioclimático que considera la orientación, el uso de materiales locales y los recursos energéticos (como el sol) en zonas altoandinas.

“Los recursos que hay en zonas a 4.700 m.s.n.m. son muy pocos: piedra, tierra, ichu. Pero hay madera y, además, bosta de alpacas para generar calor. Sobre todo, en lugares como Puno [donde ha trabajado el Grupo], cerca del lago Titicaca, crece la totora, extremadamente aislante por su conformación, una fibra con muchos tubos de aire en su interior”, señala la especialista.

En ello repararon durante su investigación los expertos de la PUCP, cuando descubrieron que los colchones hechos de totora usados en estos lugares, conocidos como quesanas, eran preferidos por su capacidad de almacenar el calor.

Hay también en el mercado ventanas y puertas insuladas; para el piso, hay mezclas de madera y resinas plásticas, usadas como si fueran un terrazo. En los techos también se usan dos planchas de metal con polietileno expandido colocado en medio, señala García Bedoya, quien fue el jefe del proyecto de mejora de viviendas rurales contra las heladas, en el marco del Plan Nacional de Reconstrucción de Viviendas durante el pasado gobierno.

Hay una diversidad de soluciones disponibles, provenientes de la sociedad civil y el sector privado. Hace falta la adopción de un modelo general. El ingeniero Gálvez, también ex miembro del consejo directivo de Concytec, señala que la voluntad política será clave para implementar, promover y difundir un modelo definitivo.

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Lucy Harman
Gerente de Emergencias y Gestión de Riesgo de Desastres de CARE Perú
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En temporada de heladas, los picos son las crisis en que la población se ve expuesta a temperaturas muy bajas.”

En CARE Perú, desarrollamos el concepto de confort térmico, bajo la lógica de conservarlo allí en donde permanece la familia, colegio y vivienda. La importancia de mantener la temperatura intradomiciliaria lo más cómoda posible impacta en el aprovechamiento de la ingesta alimenticia. En buenas condiciones, el organismo de los chicos y la población en general puede emplear lo que come para aumentar su crecimiento y desarrollo y mantener su salud, en vez de usarlo en mantener su temperatura, un proceso en que se pierde demasiada energía.

Se puede mejorar la temperatura, como ya se ha visto, mediante una serie de mejoras, eliminando la capilaridad del suelo para que la humedad no penetre, erradicando las oquedades que permiten que entre el frío como un cuchillo entre la pared y los techos, puertas y ventanas. Todo ello baja la temperatura en la vivienda y en muchos casos no hay diferencia entre la temperatura interior y la exterior, de acuerdo con lo que hemos medido en trabajo de campo.

En este escenario, es importante considerar la ventilación a la par con el manejo del calor, a fin de tener elementos que te permitan abrir la ventana y puertas para que la casa se pueda ventilar y se implementen prácticas de limpieza y mantenimiento, como las de manejo de humos.

Estas prácticas de conservación de temperaturas e higiene deberían estar aplicadas también a   escuelas rurales pequeñas, a fin de que los niños aprovechen mejor su ingesta y así mejoren su capacidad de aprendizaje y concentración, al no estar sufriendo frío. Aparentemente se trata de un tema trivial, pero en realidad tiene un impacto en los niveles de aprendizaje.

Por otro lado, es complicado implementar en estas viviendas y colegios un único modelo porque no hay nada más privado que una casa y es la familia la que hace lo que mejor le parece con ella. Además, pese a que las opciones de tecnología son de fácil instalación y no son muy caras, procesos como aislar el suelo requieren de asistencia y acompañamiento técnico, con profesionales calificados.

La clave entonces pasa por desarrollar ampliamente habilidades para la construcción entre los maestros de obra locales y así promover mejor la idea de que el confort térmico no es un lujo, sino una necesidad para maximizar la ingesta alimenticia y capacidades en estos lugares.