Los riesgos de la autoconstrucción en el Perú

23.08.18
De los 9 millones de viviendas que hay en el país, 7 millones son construidas de manera informal
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Leonor Huamán tiene 42 años, tres hijos y una casa de material noble en la ladera de un cerro en la zona Túpac Amaru, en Independencia. Ahí Leonor, ayudada solo por un maestro de obras, decidió construir este año el segundo piso de su casa, de 60 metros cuadrados. Leonor aún está tramitando su título de propiedad, no tiene planos del primer piso y, además, nunca contrató a un ingeniero civil ni a un arquitecto para que vean la estructura y el diseño de su vivienda.

Leonor cumplió el sueño de ampliar su casa y así ganar espacio por su cuenta, es decir, sin ayuda de profesionales de la construcción, y se sumó a esa estadística gruesa sobre la informalidad en las viviendas que se nombra mucho, pero no por ello debería dejar de alarmar: según la Cámara Peruana de la Construcción, el 80% de casas en el Perú son autoconstruidas. Casos como el de Leonor son estudiados por el Centro de Estudios y Prevención de Desastres (Predes) en una Guía Técnica que busca reducir el riesgo en viviendas.

“Lo que está sucediendo es que se opta por edificar en lugares inapropiados y con materiales poco convenientes, como ladrillos panderetas, por ejemplo. Además, se emplea poco fierro”, afirma José Sato Onuma, arquitecto e investigador de Predes. Si bien la construcción en el Perú está normada bajo el Reglamento Nacional de Edificaciones (RNE), donde se encuentran todos los parámetros técnicos para levantar una casa, son muchos los peruanos, como Leonor, que desconocen ese documento.

Una vivienda autoconstruida cuesta, a largo plazo, 40% más que una edificada por profesionales.

En el RNE se recomienda, por ejemplo, que en un casa o departamento con dos dormitorios solo pueden vivir tres personas. “Al no respetar las dimensiones mínimas de cada ambiente o el uso para el cual fueron diseñados, exponemos a los habitantes a una situación de inseguridad”, dice la ingeniera civil Nancy Barrenechea, inspectora técnica de la Municipalidad de Santa Anita.

En una vivienda siempre habrá sectores o áreas bien definidos, como el área de servicio, el área íntima y el área social. “Sin embargo, no debemos olvidar que también debemos tener áreas no techadas —como patios, jardines, ductos, retiros y escaleras—, cuya finalidad no solo es el confort, la ventilación y la iluminación natural, sino que muchas veces fungen de zonas seguras en caso de evacuación”, remarca Barrenechea.

Según el INEI, en los últimos diez años se han construido 1’700.000 viviendas. En la actualidad, hay 9 millones de casas en todo el país y más de 7 millones de ellas son autoconstruidas. Una construcción formal es aquella en la que participan profesionales.

AUTOCONSTRUCCIÓN PARTE 2 AUTOCONSTRUCCIÓN PARTE 2

Estos especialistas son imprescindibles en una construcción formal

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Según ManpowerGroup, en el Perú hay un déficit de técnicos en infraestructura, a pesar de que se ha proyectado un 9% de crecimiento en el mercado de la construcción.

Para el ingeniero civil Miguel Estrada, presidente ejecutivo de Sencico —entidad que pertenece al Ministerio de Vivienda—, hay varias formas de combatir la autoconstrucción. “Hay que formar más técnicos en construcción civil, a los cuales se les enseñe la forma adecuada de construir una edificación”, dice Estrada. La idea es tratar de acercar a la población al personal calificado que pueda realizar reforzamientos estructurales y ampliaciones y que trabaje de la mano de los maestros de obra.

Si los expertos no toman las riendas en la remodelación o ampliación de casas o departamentos, la informalidad en la construcción podría llegar al 90% en el Perú, advierten varios de los expertos consultados en este reportaje. En algunos lugares de nuestro país, esta estadística ya se cumple, según estudios de Capeco.

Lo más preocupante de construir sin tomar en cuenta el RNE son los efectos colaterales. “La creación de nuevos espacios dentro de una vivienda, sin la supervisión de un profesional, debilita la estructura de la edificación con las sobrecargas adicionadas o por el retiro de muros portantes. Estos cambios contribuyen a un posible colapso de la edificación”, dice la ingeniera Nancy Barrenechea.

El arquitecto de la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL) Rudolf Giese asegura que en Lima el 70% de las viviendas carece de garantías para soportar un sismo. Esa preocupante cifra está relacionada con la informalidad: por ejemplo, un problema muy frecuente en el Perú es la falta de techado del último piso. Quienes construyen por partes se arriesgan mucho. “El último techo no está construido como debería. Es un techo ligero, que no sirve de confinamiento a las paredes de este último nivel. Estas paredes, como no tienen un sistema de confinamiento, colapsan”, dice Miguel Estrada. 

 

Características de una construcción segura

De acuerdo con la Norma Técnica A.010, las ventanas que dan iluminación y ventilación a los ambientes “deberán tener un cierre adecuado a las condiciones del clima y contar con carpintería de materiales compatibles con los materiales del cerramiento”. Eso no se da. “Por moda, hay ventanas sin carpintería de dos lados, como si fueran templados, y son por tanto frágiles”, afirma Sato. Ante un sismo, esas ventanas podrían generar accidentes.

El arquitecto Sato Onuma agrega que, según el RNE, “las habitaciones destinadas a dormitorios, vestíbulos, comedores, cocinas y cuartos de baño serán provistas de ventilación por medio de ventanas en paredes exteriores, con un área libre de ventilación no menor a un veinteavo (1/20) del área de piso de tales habitaciones”. Por ahorrar espacio, esto no se cumple en el Perú y por ello en los veranos intensos o en los fríos extremos, por ejemplo, se generan muchos casos de enfermedades pulmonares. Por un lado, la enfermedad; por otro, la inseguridad: la autoconstrucción es sinónimo de destrucción.

“Frente a un sismo o un incendio, una mala práctica constructiva puede causar la pérdida de vidas humanas y perjuicios económicos. Por ello es importante que toda edificación se construya bajo la supervisión de un profesional competente”, remarca Nancy Barrenechea. Y es que es muy necesario acudir a los expertos en el rubro a la hora de construir. Ante un eventual sismo de grandes magnitudes, muchas vidas podrían depender de las características antisísmicas de las casas.

 

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Ing. Nancy Barrenechea
Inspectora técnica de la Municipalidad de Santa Anita 
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Una vivienda no sólo se basa en sus dimensiones, límites de propiedad, ubicación o en sus procesos constructivos.”

También responde a la distribución de sus espacios internos, los cuales deberán cumplir con las necesidades básicas de distribución y uso. La Norma A.010 sobre condiciones de diseño especifica claramente los criterios y requisitos mínimos.

Sin embargo, actividades sociales como el crecimiento poblacional y la migración interna y externa hacia las ciudades han generado la lucha constante por un espacio para la vivienda. Muchas de ellas presentan hacinamiento, pues poseen compartimentos autoconstruidos y no contemplados en el diseño inicial.

Al no respetar las dimensiones mínimas de cada ambiente o el uso para el cual fueron diseñados —como es el caso de los pasadizos, las escaleras y los ductos de ventilación—, exponemos a los habitantes a la inseguridad frente a un posible incendio o sismo, al no poder evacuar los ambientes con fluidez.

Una mala práctica constructiva puede causar la pérdida de vidas humanas y pérdidas económicas, ante un sismo o incendio. Por ello es importante que toda edificación se erija bajo la supervisión de un profesional competente, que garantice la distribución de espacios de acuerdo con las normativas. 

Este profesional vigilará que se construya sobre un suelo con la suficiente capacidad portante y tomará en cuenta la esbeltez de la edificación y la calidad de los materiales, de acuerdo con las especificaciones técnicas exigidas por el proyectista.