Andrés Edery: "Tengo comunicación directa con mi niño interior"

Para Andrés Edery, 'dibujo libre', la frase que tantas veces nos ha alegrado en las clases escolares como anuncio casi fijo de “no hacer nada”, tiene un significado mucho más especial: es casi una declaración de principios.

Andrés Edery. Humorista gráfico, caricaturista, dibujante, periodista, ilustrador.

“Yo estoy traumado por ingresar a la Católica, porque si no, ¿Qué voy a hacer?”, le decía un adolescente Andrés Edery a Jaime Bayly en una entrevista televisiva que le realizó cuando apenas tenía 16 años y cursaba el quinto de media en el colegio Inmaculada.  En aquel entonces, un sereno Andrés contaba que dibujó desde siempre, que a los 13 publicó sus primeras caricaturas en la Revista Sí –dirigida por César Hildebrandt-, que trabajaba en ese momento en Página libre –dirigido por Guillermo Thorndike-,  pero evitaba revelar cuántos rojos tenía en la libreta escolar que le acababan de entregar ese mismo día. “Mi mamá puede estar viendo el programa, así que prefiero no decirlo”, respondió, ante la sonrisa del entonces “Niño terrible”.

¿Es muy bonita, es muy rica la vida en un periódico?, le inquiere Bayly en algún momento. “Sí, bastante”, le asegura Andrés Edery, “Primero te loqueas un poco… y después pasas a ser parte del equipo de loquitos”. Era 1991. La suerte estaba echada.


 

Garabato. Retrocedemos algunos años. Regresemos desde el centro del dibujo que esta mañana nos hizo sonreír apenas lo vimos en la sección política de El Comercio hasta la propia sonrisa de su autor, siendo aún un inocente niño con interés en la intensiva reproducción “semi garabatesca” de los robots que veía en los dibujos animados de la tele. Ese niño sonríe ahora porque un tío suyo acaba de entregarle un regalo que le cambiaría la vida como se la cambió alguien más de pequeños a Maradona, Messi o Pelé cuando les dieron un balón. Tras abrir la envoltura, Andrecito se encontró con un libro de dibujos con extraños rostros que lo dejaron desconcertado, pero curioso: eran caricaturas de los protagonistas de la sociedad, la cultura y la política de los años 60 y 70... y mucho más. El pequeño sonrió de nuevo y no paró de hojear el nuevo libro… hasta hoy. Y eso que en aquel momento no tenía cómo saber que David Levine, su autor, era considerado el caricaturista más importante de la segunda mitad del siglo XX. Así, casual y sin querer, Andrés tenía un primer maestro de lujo. Por esos mismos días, su abuelo solía comprar Monos & Monadas, el recordado semanario de humor que satirizó la política nacional por décadas. Allí, las portadas realizadas por Carlos Tovar, Carlín, llamaron mucho su atención. Su segundo maestro había llegado.

Tiempo después, los robots iniciales que le mostraba a su madre esperando ránkings y calificaciones para cada uno de ellos, fueron tomando formas más interesantes.  Pocos años más tarde ya estaba dibujando a los profesores o compañeros de su colegio, o destacando en concursos internos a poco de iniciar la secundaria. El padre Ricardo Morales, director del Inmaculada en aquellos años, le dijo al púber dibujante que tenía un amigo que también había estado en Monos & Monadas y que, de pronto, lo podía ayudar. Así llegó Andrés junto a su madre a la casa de Juan Acevedo, creador de El cuy y tercer maestro de esta historia quien, rápidamente, reconoció en los trazos del joven la huella de Levine. “Él ha sido muy importante para mi carrera –nos cuenta hoy Andrés Edery-. Me motivó, me prestó libros, conversó muchas horas conmigo. Ese fue un primer paso importante. Juan tiene este espíritu de profesor, le gusta mucho, da explicaciones no para salir del paso sino porque él realmente quiere que entiendas”. La primera formación estaba completa.

Andrés Edery: "Tengo comunicación directa con mi niño interior"


Boceto. Lo que vino después para él fue una acelerada sucesión de hechos que, vistos en retrospectiva, parecen casi cortas escenas de una película. La primera parte ya había sido una mezcla de suerte, talento y empuje, pues no solo bastaba dibujar, sino que, muchas veces, hay que conocer a las personas correctas. Le ofrecieron una ayuda y él hizo su propio esfuerzo y acudió por ella. Andrés fue, desde pequeño, un emprendedor de su propio sueño. Juan Acevedo fue el responsable de conseguirle el primer espacio en la revista Sí, entre los 13 y 14 años. Después, como ya mencionamos, estuvo en Página Libre, Oiga, Liberación y varios otros medios, hasta que llegó al Grupo El Comercio, donde dibujó para Gestión, El otorongo de Perú 21 y ahora en la sección política de El Comercio mismo, de lunes a viernes, y los sábados tiene su propia página en Somos. “Hasta llegar a política he hecho comic,  ilustración, de todo un poco, pero fue cuando estaba en El otorongo de Perú 21 que el editor, Ángel Hermoza, me empezó a pedir más política”, cuenta Andrés. Aunque él quería hacer comics o tiras como Liniers, ya tenía práctica “política” ganada en Sí, junto a César Hildebrandt y en Oiga, con Paco Igartua. “Esa fue una experiencia fuerte e importante –cuenta sobre Sí y Liberación, sus experiencias con Hildebrandt– porque exigía más que otros editores: para él yo tenía que saber todo lo relacionado a un tema. Recuerdo que una vez hice un dibujo sin tener mucha noción del tema y me metió una carajeada que me dejó medio lelo. Pero aprendí que tenía razón y que nunca más se puede dibujar sobre un tema que no conoces bien. Esa fue una experiencia como periodista, más que como ilustrador”. Pero en Liberación disfrutó también su momento más emocionante como profesional: no solo ponían muchas de sus caricaturas en la mismísima portada, sino que era el medio escrito opositor por excelencia: vio caer al régimen de Fujimori gracias a los Vladivideos, trabajando en la cancha, siendo parte de la historia desde un medio de comunicación. “Éramos como los rebeldes de la Princesa Leia”, recuerda entre risas.

Andrés Edery: "Tengo comunicación directa con mi niño interior"

 

Dibujo. Retrocedamos nuevamente. Cuando acabó el colegio, enfrentado a la realidad del reto de la educación superior, durante más de 3 años hizo algo que hoy solo hace cuando duerme: dejó de dibujar. Había logrado superar el trauma de no ingresar a la universidad que le comentaba a Jaime Bayly al inicio de esta nota, y logró lo que ansiaba: ingresó a la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pensando en dedicarse a la pintura. Sin embargo, el desorden, la intensidad de aquellos y días y la locura e inmadurez juveniles fueron más fuertes.  “Para ser pintor hay que tener una disciplina bestial. No me sentí con capacidad de comprometerme con algo que me exigía tanto”, nos confiesa hoy. Dejó la carrera y se pasó al IPP a estudiar Diseño gráfico, “pensando que eso me iba a servir para defenderme en la vida”. Aunque esta carrera sí la terminó, pronto se dio cuenta de que no la disfrutaba nada. Justo después de eso apareció Liberación. Luego, todos los demás medios ya mencionados, pero también el amor –que lo llevó a irse a vivir a Madrid, hace ya más de 10 años- y la paternidad, que ya disfruta, entre dibujos e ideas, quizá porque su pequeño no es el único nene de la casa. Su niño interior, fresco y lozano, convive con ellos. “Creo que tengo comunicación directa con mi “niño interior”, porque a pesar de hacer política y tener ese lado para investigar, siempre viene el niño y me dice casi al oído: oye, Andrés, haz el chiste, haz el chiste. Ese niño es muy importante, porque es el que me empuja a hacer reír. Y a mí me encanta ver reír a la gente”

 


Viñeta lista. Volvamos al presente. Ha llegado la tarde de un día cualquiera en la vida de Andrés Edery. Ya leyó los principales portales de noticias del país, chequeó las tendencias en Twitter, lo más comentado en Facebook y su cerebro está maquinando la idea que definirá la caricatura del día. Mientras tanto, en su equipo de sonido ha sonado estas últimas horas música tan diversa como Stereophonics o Miles Davis pero, sobre todo, Rush, The Police y Led Zeppelin: sus bateristas son para Andrés los mejores del mundo y lo dice alguien que también toca la batería como pasatiempo desde chico. Incluso, en tiempos escolares tuvo una banda de la que el escritor Santiago Roncagliolo era bajista. Llegaron a ganar unos Juegos Florales y él, tiempo más tarde, tocaría con el conocido Chino Chau, de La liga del sueño y sería baterista de apoyo de José Arbulú, de Cementerio Club. Pero esa es otra historia. La historia más importante, en realidad, es la que se está gestando en su cabeza tras leer las noticias del Perú desde Madrid, intentando encontrar la chispa, lo que su niño llama “el chiste” para la ilustración. “Que se me ocurra un chiste es la parte bonita y, al mismo tiempo, fea de mi trabajo. Ese es el gran obstáculo, pero una vez que lo consigues es un gran mérito. Es una lucha diaria. Puedo pasarme todo el día pensando en una idea y llegar hasta los límites del cierre”, nos cuenta desde Madrid, mientras, en un momento de relax, juega alegremente con su pequeño hijo. Actualmente, además, lleva un taller de historieta, pensando en algunas ideas que tiene para el futuro y, al mismo tiempo, proyecta la publicación de un libro que reunirá una antología de sus mejores viñetas.

Andrés permanece tan tranquilo durante toda la conversación, a pesar de algunas risas, que es inevitable preguntarle al final: ¿Tú eras bromista en el cole?

-No, yo era lorna. Para salvarme del posible bullying, me puse a dibujar.

Ríe él, río yo y ríe usted, mientras sigue admirando su trabajo. 


✎ Escribe: Ricardo Hinojosa
❉ Fotos: Archivo personal y Archivo El Comercio

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