Los publicistas peruanos que lideran una agencia de Nueva York

Tras vivir en Asia y Europa, Gian Carlo Lanfranco y Rolando Córdova son directores creativos de marcas globales en McCann Nueva York. Su filosofía es siempre viajar.

Gian Carlo Lanfranco y Rolando Córdova son directores creativos de marcas globales en McCann Nueva York. Su filosofía es siempre

A Gian Carlo Lanfranco y Rolando Córdova la mediocridad les provoca alergia. Desde las oficinas de McCann en Nueva York, donde crean publicidad para las marcas más importantes del mundo, dicen: “Hay que tener mucho cuidado, pues el mejor disfraz de la mediocridad es la comodidad”. Ahora viven en West Village Manhattan, en la ciudad considerada justamente como el mayor referente de la creatividad mundial: hace unos meses, el economista e investigador Adam Forman, reveló en su estudio “The Creative New York”, que la industria creativa ha sido el sector que más ha hecho crecer la economía de Nueva York en la última década. De esa industria, la publicidad ocupa el 24 %.

Cuando ellos, desde la primavera neoyorkina que miran por su ventana en Midtown Manhattan, hablan de comodidad, se refieren a eso que supone conformarse con un trabajo, quedarse en un solo lugar, no salir jamás de un punto en donde pareces haber encontrado lo deseado.

No es fácil mudarse de ciudad en ciudad cada año. Ellos lo han hecho ocho veces en los últimos doce años. La ruta: de Lima a Singapur. De Singapur a Ámsterdam. De Ámsterdam a París. De París a Nueva York. El comienzo: cuando en el 2006, aún como estudiantes practicantes en la agencia Saatchi & Saatchi de Lima, ganaron la primera edición del premio Future Lions en el festival de Cannes Lions, al que en el último año, han postulado 1.900 estudiantes de publicidad de 69 países.

 

La ruta de Gian Carlo Lanfranco y Rolando Córdova la marcó la publicidad. Desde que estaban en la universidad, donde se conocieron, su voluntad y deseo de contar historias a través de piezas publicitarias —esas que pueden ser consideradas como arte, por sus conceptos y nivel de creatividad— definió su camino. Y después del aprendizaje de mudanzas, culturas, vecindarios, instalaciones y embalajes, idearon el concepto “let go” para explicar cómo puedes concentrar tu vida en 21 kilos para mudarte de un lugar a otro y perseguir lo que deseas: aprender a dejar ir, conservar lo esencial, perder el miedo a moverte. Idea que desarrollaron en el libro que coescribieron “Por si alguien te dice que no”, donde cuentan su periplo de más de una década de hacer publicidad en el mundo y que ha sido una especie de combustible para que se suban a los aviones indicados. La primera parada fue Singapur, a donde la agencia Saatchi & Saatchi los transfirió a su sede en el continente asiático luego del premio en Cannes Lions y de que ganaran el Ojo de Iberoamérica en la categoría estudiantes. En ese momento, Gian Carlo Lanfranco tenía 21 años; y Rolando Córdova, 24. Allí inició la travesía de atravesar continentes.


Pero ahora que lo piensan, tantos años después, hubo un hecho que pudo evitar que se conozcan y se reconozcan como dupla publicitaria. A comienzos del nuevo milenio, cuando Gian Carlo Lanfranco apenas había ingresado a estudiar publicidad en la UPC, Rolando Córdova había dejado la carrera porque el dinero no le alcanzaba. Entonces, tuvo que trabajar en producción audiovisual, como parte de un equipo técnico en películas y cortometrajes, para ahorrar y poder pagar su carrera. “Empecé como chico que jala los cables, armaba grúas para las cámaras, hacía de dollyman. Necesitaba juntar plata”, cuenta Rolando, desde Manhattan. A su retorno a las aulas, se topó con Gian Carlo en una clase y allí se comenzó a gestar su proyecto.

Gian Carlo quería ser publicista, pero a veces dudaba. De niño siempre había querido ser director de cine, inspirado en las películas de Steven Spielberg que marcaron su infancia. Pero luego de ver “Tiburón” decenas de veces se enteró a través de un documental la historia detrás de su realización: “Se malogró el animatronic gigante de tiburón que había comprado la producción. Explotó y entonces todos pensaron que la película estaba acabada. Que no se podía hacer nada. Spielberg salió de la sala del caos para pensar una idea y regresó luego de unas horas, cuando resolvió que no necesitaban de un tiburón gigante para hacer la película, solo bastaba con una aleta que cree el suspenso necesario”. Esa revelación lo ayudó a darse cuenta de que eso es lo que quería hacer: resolver situaciones con ideas creativas.

“Hace doce años atrás, cuando estábamos en la universidad, tuvimos la oportunidad de practicar en algunas agencias en Lima que ofrecían practicas pagadas, pero no eran necesariamente los mejores lugares para aprender. Nosotros, a diferencia de otros compañeros de aulas, decidimos practicar en la que no nos ofrecía ninguna remuneración económica, pero nos daba la posibilidad de aprender de los mejores del mercado y hacer publicidad para clientes grandes”, cuentan. Ahora saben que cada decisión que tomaron, como esa, fue para darle la espalda a la mediocridad y volar hacia lo más importante.

Los publicistas peruanos que lideran una agencia de Nueva York


 

Hoy, en McCann Nueva York, la cuenta global de Chevrolet ocupa casi todo su tiempo. Luego de haber liderado como creativos cuentas como la de Coca Cola, Orangina, Nike, Adidas, Snickers y Mini —donde con su campaña para el lanzamiento del Mini Countryman hicieron que sea el auto más vendido de la marca hasta el momento— ,  en las diferentes agencias en las que han trabajado; y tenido como jefes a íconos globales de la publicidad como John Mescall, Freddy Farid y Carlo Cavallone, deslizan la idea de formar su propia agencia en algún momento. También tienen el deseo de un día filmar en conjunto un documental.

Con todo lo aprendido, se consideran ciudadanos del mundo y tan amigos que se han vuelto familia. Sin embargo, a pesar de su ritmo de trabajo agitado, se las arreglan para tener tiempo de pasear a su perro Fausto cada día, jugar un partido de petanca en el Bryant Park; pero, sobre todo, para volver al Perú varias veces al año. “Tu casa siempre será tu casa”, dicen, a 12 horas de vuelo de distancia. Acostumbrados como nunca a andar de avión en avión.

 

Escribe: Diana Hidalgo
Fotos: Sandra Arenas y archivo personal

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