Rember Yahuarcani: el pintor que retrata la memoria de la Amazonía

Sus lienzos se han expuesto en galerías de China, Argentina y Estados Unidos y representan la memoria Uitoto, una nación de la Amazonía Peruana.

Rember Yahuarcani: el pintor que retrata la cosmovisión de la Amazonía

La primera vez que conoció Lima, Rember Yahuarcani sintió que lo habían expulsado violentamente a la ciudad. El pintor huitoto llegaba de Pebas— un pueblo a 15 horas en lancha desde Iquitos en la Amazonía del Perú— con ochenta soles en el bolsillo, algunos cuadros y unos materiales que él utilizaba para pintar: Piri Piri (el tallo de una hierba) como pincel, cortezas de árboles como lienzos y tintes naturales como el achiote rojo o naranja. El dinero se agotó rápido, las galerías no recibían sus cuadros y tuvo que vivir en la casa de un amigo de su papá en el Callao, preguntándose qué hacer con su vida.

Fue entonces que decidió dedicarse a ser pintor lo que durara una carrera profesional. Si no lo habría logrado fuera de esos cinco años, desistiría. Rember no apostaba por el arte, sino por sobrevivir. La decisión pasaba por una variable obvia: era lo mejor que sabía hacer, lo que había aprendido desde niño. Era lo único en lo que realmente confiaba.

Rember Yahuarcani: el pintor que retrata la memoria de la Amazonía
                                                         

Rember Yahuarcani empezó a los 8 años cuando pasaba las tardes acompañando a su papá, quien también era pintor. El aprendizaje no se basó en lecciones, sino en la observación de la Amazonía. La mirada atenta en los cuadros, pero también en los detalles que componen la selva: identificar animales por las manchas que dejan en las hojas, peces por la forma en que brillan al mediodía o insectos por el sonido que hacen en la noche. El escenario de su infancia estuvo compuesto por chacras, montes y ríos. “Mi niñez fue la de cualquier niño en una comunidad en la selva. Es lo mejor que me tocó vivir y definió mi obra", Rember recuerda ahora.

A los 12 años, leyó El Quijote y encontró similitudes entre esa novela y los relatos que su abuela le contaba, en ambos se incluían ramificaciones de historias que daban paso a otras. Empezó a escucharla con más atención: hablaba de la creación de los hombres, la formación de la tierra y los miembros de la familia que desaparecieron durante los años del genocidio cauchero. Para inmortalizar estas narraciones pensó en estudiar Historia, pero le resultaba imposible pagar una universidad. Se quedó en casa pintando y vendiendo cuadros y artesanías, hasta que el año 2003 su papá recibió una invitación para exponer en Lima y decidió que en su lugar fuera su hijo.


 

En el cuarto del Callao, Rember Yahuarcani pintaba compulsivamente. Por entonces, compraba libros viejos sobre arte, intercambiaba sus pinturas por lienzos, caballetes y pinceles, y visitaba pequeñas galerías para saber dónde podía exponer. Se dedicó a recordar la Amazonía y representarla: picaflores como curacas yendo a una fiesta, un arcoíris que simbolizaba a una anaconda y un hombre transformándose en jaguar. “Mi búsqueda estaba en encontrar un estilo propio que me permitiera reflejar lo real y mítico de la Amazonía”, cuenta.

En 2008 llegó su primer reconocimiento al ganar la Segunda Bienal Intercontinental de Arte Indígena en Ecuador. En 2009 fue invitado para exponer en el Centro Cultural Recoleta, en Argentina. Ese mismo año, ganó el Primer Concurso Nacional de Literatura Infantil Juvenil con el libro ilustrado: “El Sueño de Buinaima” que tres años después fue considerado por el International Board on Books for Young People como uno de los mejores 50 libros de literatura infantil en el mundo. El 2012 lo invitaron para pintar un mural junto a su papá en La Chorrera, Colombia, como recuerdo por los cien años del genocidio cauchero. No se veían desde que había dejado Pebas y trabajaron 24 días para terminar la pintura. Ahora, era el hijo el que mostraba al padre lo que había aprendido.

Rember Yahuarcani: el pintor que retrata la memoria de la Amazonía
                                                 

El año pasado, Rember Yahuarcani expuso en Shangái. Una tarde se detuvo a escuchar cómo las personas en el Museo de Arte de China hablaban sobre los mitos huitotos mirando sus obras. Entonces pensó en su abuela que había fallecido dos años atrás y en las largas noches de historias en la selva. Había, en el recuerdo, una certeza que lo reconfortaba: lo que ella le había contado, estaría en sus cuadros siempre. 

 

✎ Escribe: Carlos Portugal
❉ Fotos: Roberto Zamalloa y Archivo personal

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