Soledad Ortiz de Zevallos: la trapecista que hace giras en Europa

Muestra su arte en Europa y forma parte del elenco profesional de La Tarumba. Pero esta historia empezó a los 3 años, cuando ella descubrió que quería ser trapecista.

Soledad Ortiz, trapecista de La Tarumba, quien ahora hace giras por Europa

Esa tarde, en casa, la niña formaba figuras con plastilina que representaban personajes del circo: estaba el domador de leones, los payasos, el maestro de ceremonias, y ella, que completaba el acto vistiéndose imaginariamente de trapecista. Soledad Ortiz de Zevallos tenía tres años, sus padres la habían llevado al circo y allí ella había descubierto ese espacio de acrobacias que le fascinaba e intentaba recrear en sus sueños, y que le hizo definir lo que haría el resto de su vida. Incluso en aquellos años de infancia, cuando le preguntaban por su futura carrera, ella decía que trabajaría en un circo. Al escucharla, las personas asentían y sonreían, sin tomarle realmente en serio.

Cuando Soledad Ortiz de Zevallos tenía 6, su hermano menor se sumó a los juegos: juntos simulaban que estaban presentando un espectáculo y debían recorrer la casa sin tocar el suelo: saltaban por las mesas, estantes y sillones, construían carpas en casa con sábanas y pedazos de madera, o hacían piruetas subidos en una pequeña BMX.

Soledad Ortiz de Zevallos: la trapecista que hace giras en Europa

Al notar su insistencia, la mamá de Soledad Ortiz de Zevallos la inscribió en un taller de La Tarumba. Tal fue su entusiasmo que, un tiempo después, el día de su cumpleaños número ocho, ella participó con La Tarumba en una función. Su primer pago fue un trapecio que colocaron en el jardín de su casa, al que ella saltaba desde el segundo piso cuando estaba apurada y quería jugar sin bajar por las escaleras.

Por entonces, se pasaba los recreos colgada de cabeza en los arcos de fútbol hasta que las auxiliares le pedían que baje. En la vida de Soledad Ortiz de Zevallos, los juegos la fueron acercando a su profesión. “Esos juegos me convencieron de mi elección final de seguir queriendo hacer lo que hago porque siempre me pareció divertido. Veo mi profesión como el arte de tomarse en serio el hecho de jugar”, comenta.

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Durante los últimos años de Soledad Ortiz de Zevallos en el colegio, La Tarumba apostó por un nuevo proyecto y compraron una carpa. Al ver que ella destacaba, la invitaron a un primer espectáculo y a los tres que siguieron: el 2004, 2005 y 2006. En el 2009, ella viajó para estudiar en Bruselas (Bélgica) la especialidad de Trapecio de Vuelo en la Ecole Superieure des Arts du Cirque (ESAC). Al salir, estuvo de gira con distintas compañías en Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra e Italia.

En el camino, la niña que buscaba volar para divertirse descubrió algo más: las reacciones del público cada vez que actuaba. Ya no era solo sentir la libertad de los juegos, sino notar lo que ella podía transmitir: la adrenalina, el miedo y la satisfacción al verla completar una figura, el poder contagiar a todos lo que ella siente cuando está en el aire.

Ahora, al terminar un espectáculo, se le acercan niñas que quieren saludar a la trapecista. Acompañadas de sus padres, son ellos quienes le cuentan a Soledad que su hija fantasea con hacer circo: al decirlo, ponen esa voz de los adultos cuando cuentan una idea loca y tierna, pero lejana. Entonces, Soledad sonríe, se agacha, mira a la niña y le responde que esto es lo que quiso hacer desde los tres años y que lo hace desde los siete, y que los sueños que tienes de niño, pueden convertirse en los de una vida.

 

✎ Escribe: Carlos Portugal
❉ Fotos: Santiago Barco y archivo personal

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