Lo bueno hecho mejor: ¿Cómo se reinventa el telar en Cusco?

La historia detrás de la gran campaña “Telar” de cerveza Cusqueña, por la que cinco comunidades de Cusco pusieron en valor una antigua tradición andina.

Cusco: Mujeres reescriben la historia del telar.

Tejer, en el mundo andino, es más que una técnica compleja y ancestral. Antes del lápiz o papel, las historias de la cultura inca se escribían cruzando hilos en un telar: cada pieza hilada conservaba el mundo de conocimientos naturales, humanos, religiosos y económicos de las comunidades del Cusco. Un lenguaje que por 6 mil años ha contado vivencias y tradiciones.

Un mensaje de radio hizo, que en el 2014, la vida de Francisca Alagón cambiara. Ella tenía 51 años, tres hijos y la técnica del telar arraigada. Nunca había tenido la oportunidad de ir al colegio, pero aprendió, desde chica, a crear imágenes con lanas e hilos, tal y como lo hacían los antiguos peruanos.

Francisca, al igual que muchas mujeres cusqueñas trabajaba sola o a destajo, ganando muy poco para lo que valian sus obras, ya que con el tiempo, este arte fue perdiendo prescencia y, también con ello, parte de la identidad y conocimiento que compartian estos pueblos.

Lo bueno hecho mejor: ¿Cómo se reinventa el telar en Cusco?

UNA CAMPAÑA PARA HACER DE LO BUENO, ALGO MEJOR

Pero el mítico telar se revaloraría con una campaña. Al igual que Francisca, 54 mujeres de cuatro comunidades de Cusco en Calca (Ccachin, Choquecancha y Huarán) y Canchis (Chari), oyeron de una propuesta que Cusqueña comenzaba a trabajar conjuntamente con el Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas de Cusco. El proyecto llevaba el nombre “Telar”, y era osado, algo que nunca antes se había realizado en el país.

“Nostros quisimos fusionar lo premium y lo peruano. Por ello, es que decidimos realizar el primer panel tejido, donde se destaca la precisión y dedicación que cada una de las tejedoras ofrece en su trabajo”, dijo Bernardo León, director de marcas Premium de Backus. La marca había tomado la decisión de fusionar una campaña comercial con la sostenibilidad, mejorando la calidad de vida de las mujeres, revalorando el tejido andino y la continuidad cultural que había en sus hilos.

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TRABAJO ARTESANAL

Durante siete meses, cada una de las tejedoras realizó el proceso. Comenzaban trasquilando a los animales y seleccionando la lana para el tejido. Procedían a hilar y a teñir con colores rojos y amarillos las largas cerdas. Cuando la lana estaba lista, se ataban desde la cintura a un árbol o estaca para comenzar a tejer formando figuras del amanecer andino.

“Máma, te estoy viendo en televisión tejiendo un telar. ¿Quién te ha contratado?”, dijo por teléfono el hijo de Eustaquia Quispe. Desde Lima se enteraba en un comercial de la cerveza Cusqueña que su madre de 63 años había realizado el primer panel tejido del mundo. Una muestra del poder y valor de la artesanía nacional de 16 metros de largo y 6 metros de alto.

Hoy, Francisca, Eustaquia y 54 mujeres más, están organizadas bajo la Asociación Inkakunaq Ruwaynin. Gracias a las capacitaciones otorgadas y empoderadas por su arte, ellas han sido las encargadas de vestir los empaques de la familia de variedades de Cerveza Cusqueña. Su prodigio queda registrado en el Museo de Pachacamac y en nuestras memorias, mientras ellas siguen tejiendo historias cerca al cielo, a casi 3.000 metros de altura.

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