Hicimos el disco como jugando. Y todo el mundo siempre decía: “¿Quién va a escuchar esto? ¿Dónde van a tocar esto? ¡Qué marciana esta música!”— cuenta Bruno Bellatín.

— Nos dijeron que era un disco para colgar en la pared —dice Nicolás Saba.

Han pasado 7 años desde que Bruno Bellatín y Nicolás Saba lanzaron “Caracoles”, el primer disco de Kanaku y el Tigre. Y esta tarde, están sentados en su estudio de grabación en Miraflores. “Hicimos el disco como jugando, y todo el mundo siempre decía: ‘¿Quién va a escuchar esto?’ ‘¿Dónde van a tocar esto?’ ‘¡Qué marciana esta música!’”, dice Bruno. “Nos dijeron que era un disco para colgar en la pared”, replica Saba. “Caracoles” fue un disco casero de canciones compuestas en un solo día. Por entonces, todavía no eran una banda y no pensaban que harían una gira por Europa, como sucederá este año.

Pero esta historia empezó antes. A los 10 años, Nicolás conoció a Bruno, quien era 2 años mayor. Su primer recuerdo fue verlo caerse de su BMX al intentar hacer un caballito y escuchar cómo tocaba guitarra en su casa. Al principio, Nicolás solo quería componer y no cantar, y fue Bruno quien lo motivó a ser el vocalista de la banda de punk que formaron juntos. Se llamaba Ritalin en honor a las pastillas que Nicolás tomaba. Grabaron tres discos y al terminar el último dejaron de esperar tener éxito con un álbum. Bruno viajó a Inglaterra para estudiar producción musical y en la búsqueda por encontrar un reemplazo Marcial Rey entró a la banda.

Kanaku y el Tigre: La banda peruana que espera conquistar Europa

La historia de Marcial Rey tiene un acercamiento distinto, mientras Bruno y Nicolás empezaban Ritalin gracias a su amistad en el parque, él tocaba flauta en las actuaciones de su colegio y en la filarmónica de Lima. A los 9, sus papás se divorciaron y su mamá empezó a asistir a una iglesia evangélica donde cantaban gospel. En ese espacio, Marcial aprendió a tocar batería y antes de terminar la secundaria lo contactaron de la agrupación de pachanga Perú Borracho. Pasó de presentarse en iglesias a hacerlo en bares y peñas.

Después del regreso de Bruno Bellatín y cuando ya habían dejado atrás Ritalin, él y Nicolás Saba contactaron a Marcial Rey para Kanaku y el Tigre. “Fue como entrar en una relación abierta. No siento que me metí en medio de la relación de Nico y Bruno, pero sí creo que ellos tienen una magia especial. Han crecido juntos y tienen ese código de crecer y lo contagian. Eso hace que exista un código de niñez entre nosotros”, cuenta Marcial, sentado en medio de Bruno y Nico en el sillón del estudio. Esa dinámica de niñez es la que les permite sostener los largos procesos creativos detrás de un nuevo disco, sufrir ataques de risa en los sucesivos eventos publicitarios o relajarse antes de cada concierto.

Cuando lanzaron “Caracoles”, se presentaron en galerías de arte, nidos y tiendas. Fue precisamente en una de esas tocadas que un video de YouTube empezó a hacerlos conocidos.

Bicicleta” fue el primer hit radial de la banda. Por entonces, la gente conocía la canción, pero no sabía quiénes eran Kanaku y el Tigre. Bruno Bellatín eligió la palabra Kanaku —que significa fuego en quechua— por su cercanía con la meditación. Nicolás Saba seleccionó Tigre por el río Tigre en Argentina, donde pasó uno de los mejores días de su vida. Marcial dice que él es la Y.


We'll take this city from the underground
fire it up, burn it down
burn, burn, burn like spiders in the skyline
burn, burn, burn like spiders in the skyline

Nicolás Saba canta la última parte de “Burn Burn Burn” (la canción número 9 de su segundo disco: “Quema, Quema, Quema”) durante la prueba de sonido del último concierto que darán en Lima antes de arrancar con la gira Gatos Contra el Viento que los llevará al Rock al Parque en Bogotá: un festival que reúne a más de 180 mil personas. Luego de eso, realizarán una gira por Europa que incluirá ciudades españolas, como Galicia, Cartagena y Madrid; y francesas, como París y Tours. Así que antes de partir, este miércoles de junio en La Noche de Barranco, están por  presentar sus dos primeros discos.

Por el momento, se encuentran trabajando en la siguiente producción que se centrará en los cambios que genera Internet en las relaciones interpersonales. Para este proceso, la metodología que siguen es partir de un discurso común que luego van profundizando y descubriendo. Al empezar cuentan con distintos objetivos que en el camino se van cruzando. Lo cierto es que cada álbum presupone la exigencia de trabajarlo de forma que se diferencie del anterior, manteniendo la personalidad que define la banda. Es así que en un proceso creativo que suele estar relacionado con las dudas, la complicidad de crecer juntos desde niños es lo que permite soportarlo sin aburrirse. “Es un elástico. Permite que los procesos tomen diferente forma, pero no se rompen”, sostiene Bruno.

Esta noche en el escenario, Nicolás Saba está frente al micrófono, con las manos en los bolsillos, encorvado y deslizándose como en una hipnosis autoinfligida. A su lado, Bruno Bellatín sostiene la guitarra con fuerza, coordinando al mínimo cada detalle con el sonidista. A la derecha, Marcial Rey mira a los músicos de la banda, sin dejar de estar inmerso en su guitarra.

Al terminar la prueba de sonido, un fotógrafo les pide un retrato y la banda camina hacia delante.

— ¡Pose Van Halen, todos! — dice Marcial Rey.

Bruno, Nicolás y Marcial ríen y estiran la pierna derecha, colocándola sobre los parlantes, sosteniendo las guitarras hacia arriba.

—  ¡Yo me voy a poner como Sailor Moon! —añade Nicolás Saba, y hace caras y gestos con las manos.

—  ¡Ya te cagaste! Ahora vas a salir así —bromea Bruno Bellatín.

Toda la banda ríe.


Escribe: Carlos Portugal
Fotos: Percy Ramírez, Archivo El Comercio y Kanaku y El Tigre

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