Sentada en uno de los camerinos del Teatro Peruano Japonés, horas antes de la función de la obra ‘Mamma Mía’, Wendy Ramos aprovecha en contar una historia mientras se maquilla:

“Una vez conocí en el Hospital Loayza a un señor que estaba muy mal. Llegué a su cama y le dije:
– Hola. Acá estabas. Te estaba buscando. Me he venido caminando de aquí para allá.
– Acá estoy pues —me respondió—, esperando la muerte.
– ¿Qué? ¿Va a pasar por acá? —le pregunté— ¿A qué hora va a pasar? Yo pienso que cuando me muera va a estar mi papá, mi mamá y Valkiria que es mi perrita. Ellos me deben estar esperando ¿A ti quién te va a esperar?
– Ah, verdad, ¿no? —me dijo — Mi compadre,  mi papá, mi mamá…
Y fue como pensar en eso, pero de otra manera. Con menos miedo. Pensar que hay alguien allá esperándote que te quiere. Cada uno puede verlo como le sirva en la vida…”

Hay dos hitos importantes en la cercanía de Wendy Ramos con el clown hospitalario. El primero fue fundar Bola Roja en el 2001 después de llevar un taller de clown en México con el holandés Eric de Bont que creó en Ibiza la Escuela Internacional de Clown. Bola Roja, que cerró el año pasado, era una agrupación que empezó como un taller para 12 alumnos en la sala de Wendy y terminó como una escuela de 1.200 asistentes conformando una asociación dedicada a formar clowns profesionales, definidos como payasos todoterreno que intervenían tanto en espacios artísticos convencionales como hospitales públicos, cárceles, playas, comunidades alejadas y lugares de desastre.

El segundo momento es en el 2002, cuando Wendy Ramos le escribió un correo a Patch Adams —conocido como ‘El médico de la risoterapia’—  en el cual le preguntaba si algún día vendría al Perú. Un año después, Adams conoció Bola Roja y decidieron trabajar juntos el Proyecto Belén. En el 2005 junto a un grupo de clowns de Bola Roja y el Gesundheit Institute —el centro médico formado por Patch Adams— visitaron la zona más pobre del distrito de Belén en Iquitos, formando un festival que ahora agrupa anualmente a más de 120 payasos que llegan a la zona a pintar casas, dar talleres gratuitos a los niños y realizar atenciones de salud.

Wendy Ramos: "Si no quieres sonreír no sonrías. Cuando toca llorar, llora" [VIDEO]

Mientras Bola Roja intervenía en penales, casas de ancianos, centros de rehabilitación de enfermos mentales, hospitales y orfanatos, Wendy Ramos visitaba principalmente a enfermos terminales. Al ser una figura mediática desde que estuvo en ‘Patacláun’ (1997- 1999), tenía la ventaja de generar una confianza inmediata en los pacientes, algo que a otros payasos les resultaba difícil. Por entonces, en una de sus primeras visitas a enfermos terminales,  durante una actividad del Día de la Oncología en el Hospital Rebagliati, una mamá la invitó junto con un grupo de clowns para que celebren el cumpleaños de su hijo en casa. Sin embargo, al mes de estar con él en su fiesta, la mamá le escribió a Wendy para contarle que su hijo había fallecido debido al cáncer.

– No lo podía creer —dice Wendy—. Cuando murió me pasó eso que sucede con la muerte que no la entiendes. Esa expectativa que tienes sobre lo que tiene que hacer el otro. Una persona quieres que nazca, que crezca, que vaya al colegio, a la universidad y que tenga hijos. Y por eso cuando mueren, decimos: ¿Pero cómo?, si faltaba todo lo que tenía por hacer. Y es que no es así: hay gente que viene por 1 día, por 10, por 100 o por 120. Y en el tiempo que están aquí hacen lo que tenían que hacer.

Desde que eso ocurrió, ella sintió que la muerte la agarró desprevenida y conforme se repetían esas situaciones empezó a pensar más sobre eso como una forma de prepararse. “Lo único que pienso ahora es que tuve suerte, si no hiciera ese trabajo no habría conocido a esas personas. He conocido gente increíble. Gente súper guerrera. Gente alucinante que no hubiera podido conocer”, cuenta. Para ella, el clown hospitalario permite que el enfermo no sea solo mirado como tal, sino que al interactuar con los payasos pueda mirar a otro lado y no pensar que es solo su enfermedad.

La muerte es un tema que siempre estuvo en la cabeza de Wendy Ramos desde que su mamá murió cuando ella tenía 4 años. El clown hospitalario la llevó a repensar también en ese momento que confrontó con fuerza durante un taller Vivencial de Integración de la Propia Muerte, dictado para personas que trabajan con pacientes terminales que llevó en España.  “A mi mamá la he llorado de grande, de más de 40 años”. De niña sentía que la protegían del tema, que buscaban no preocuparla. “Tendemos a eso, a decir: ‘No hay que preocuparse, sal adelante, sonríe’. ¿Sonríe qué? Si no quieres sonreír no sonrías. Cuando toca llorar, llora. Si no lloras se te va a quedar ahí en la espalda. Y en algún momento te va a cobrar. Esos monstruos que están atrás es mejor ponerlos al costado e ir de la mano con ellos. Anda al monstruo y háblale”, dice.

Wendy Ramos: "Si no quieres sonreír no sonrías. Cuando toca llorar, llora" [VIDEO]

En  la obra ‘Cuerda’, que se presentó por primera vez en el Teatro Pirandello en el 2013 y que acaba de ser repuesta este año, Wendy Ramos interpreta un unipersonal donde una payasa está atada a una cuerda conforme va relatando sus recuerdos, alegrías y fragilidades. Allí, explora la muerte de su mamá e incluso baila con ella en una escena. Era Wendy hablándole a sus propios monstruos. 

En el 2007, tras varios años como clown hospitalaria, ocurrió un temor constante que tenía desde que falleció su mamá. La llamaron al hospital para decirle que su papá estaba mal y cuando llegó ya había fallecido. Si antes pensaba que no  sería capaz de entrar y verlo. Esta vez estaba lista para caminar a su lado. “Vi que estaba como dormido y le dije: ‘Papá no llegué, no te asustes. Te has muerto, pero no te asustes. Voy a avisar a mi hermana. No te vayas, quédate acá’. Y en el velorio estuve hablándole y hablándole: ‘Papá ya llegaron tus hermanas ahorita te van a venir a visitar, ponte bonito’. Le echaron su colonia Brutt que le gustaba y le dije: ‘Pa, te han traído tu colonia Brutt que te gusta’. Y así me la he pasado hablándole y hasta ahora le hablo. Le cuento cada vez que pasa algo que a él le hubiera gustado o le hubiera dado risa. A todos mis muertitos siempre les converso. Hasta los siento más cerca. Mi papá vivía en otra ciudad y ahora lo siento más cerca. Me parece saludable. Bonito.  Me sirve. Espero que también a ellos les sirva que les hable tanto. La muerte no me paraliza. Sucede que no hablamos de la muerte, pero mientras más hablemos de eso mejor se vive. Porque nos vamos a morir. Tú te vas a morir. Yo me voy a morir. Toda la gente que has visto hoy se va a morir. Los que vas a ver mañana se van a morir. Los que están en tu casa se van a morir. Todos se van a morir. Entonces si nunca piensas en eso, te sorprendes y lloras, te preguntas: ¿Por qué? Cuando es mejor aprovecharlos ahorita que están ahí, en lugar de esperarte que se mueran para pensar: ‘Ay por qué se murió’. Cuando me muera no quisiera que sea una cosa cerrada y oscura. Por favor, apláudanme. Me estoy yendo bien paja. ¿Por qué estár triste? He hecho cosas divertidas. Ven a despedirme bonito”.

 

 EscribeCarlos Portugal
 Fotos: Paola Flores y archivo personal.

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