Huiquilla: un espacio natural con más de 200 especies de plantas

El Área de Conservación Privada Huiquilla es gestionada por José La Torre, un legado familiar de casi un siglo que pronto será un albergue turístico y atraerá a investigadores.

El Área de Conservación Privada Huiquilla es gestionada por José La Torre, un legado familiar de casi un siglo que pronto será un albergue turístico y atraerá a investigadores.

Entre los cláxones, los motores y el usual fragor de la batalla cotidiana en el tránsito limeño de un lunes a hora punta, José La Torre, un hombre acostumbrado a la tranquilidad y el aire puro de la selva amazónica, se ha detenido para contar su historia. Este ingeniero industrial es también un hombre de campo y está liderando el Área de Conservación Privada de Huiquilla, en Chachapoyas, un espacio de 1.140 hectáreas (donde el 70% es bosque), que está habitado por quebradas y montañas y donde es posible encontrar restos arqueológicos que se muestran aún imponentes —recientemente se halló una ciudadela chachapoya—, y una diversa flora y fauna, evidente en las 144 especies de aves, 207 especies de plantas, 18 de mamíferos y 10 de anfibios. Por si fuera poco, Huiquilla tiene a la ciudadela de Kuélap casi al frente.

La historia de Huiquilla y la de la familia La Torre se remonta a los albores del siglo pasado. El territorio original que compró su abuelo se dividió entre sus tíos —cada uno de los cuales vendió su parte o tomó distintas decisiones con su propiedad— y el que le tocó al padre de José fue herencia suya y de sus hermanos. “Felizmente estuvimos todos de acuerdo en que, si uno vendía, el bosque quedaba ahí. Entonces, los 9 hermanos decidimos que esto fuera un proyecto para conservación de la biodiversidad”, cuenta José La Torre. Esto también era una legado de defensa ambiental, pues su padre se había dedicado a la conservación en una época en la que el concepto era entendido por muy pocos. “Él fue el primero que delimitó cuales serían las zonas de uso múltiple y las de uso limitado. Sobre ese concepto trabajamos el primer expediente técnico que se hizo del lugar, gracias al cual Huiquilla se convirtió, el 2006, en una ACP (Área Privada de Conservación)”.

 

“Hago todo esto por convicción. Los recursos naturales que quedan hay que conservarlos”, asegura José, al mismo tiempo que recuerda que él vino al mundo en el mismo Huiquilla, de manos de una partera, como toda su familia. Eso fue en 1955. Su cordón umbilical con la tierra se estableció para siempre y se hizo más evidente en 1985, cuando él tenía 30 años y decidió dejar Lima para ir a vivir a esa zona junto a su esposa y su hijo.

En los 60, su madre fue profesora en Tingo, el pueblo que un alud arrastró poco tiempo después. La población, alertada a tiempo, no sufrió ninguna víctima, pero tuvo que reubicarse. Así nació Nuevo Tingo, el lugar donde ahora está la salida del teleférico que va a Kuélap y al que Huiquilla proporciona agua, gracias a los pajonales. “Los pobladores, en su creencia de que quemando la jalca podían provocar lluvias, desforestaron toda la zona y se quedaron sin agua, además de crear un desequilibrio ambiental. Esos pajonales son los que retienen la humedad, que luego se convierte en bofedales que proporcionan agua que baja por las quebradas hasta los valles y da vida al bosque. Gracias a eso es que nosotros podemos brindarle agua al pueblo a través de un contrato de servicios ambientales que nos ayudó a preparar la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA). Sin esa figura no habría otro modo”, nos cuenta José.

Después de que en el 2006 Huiquilla fuera reconocida como Área de Conservación Privada, se inició en la zona un intenso movimiento por la conservación. “El 2014 formamos la Red de Conservación Voluntaria de Amazonas con quince integrantes, seis de los cuales son particulares y otros otros son colectivos privados, es decir, comunidades”, cuenta José, quien es, además, director ejecutivo de dicha asociación. “Gracias a esto, Amazonas es líder en el rubro a nivel nacional, pues posee 126 mil hectáreas de áreas de conservación privada.”.

Huiquilla: un espacio natural con más de 200 especies de plantas

Antes de que el momento actual de Huiquilla se iniciara, José La Torre tenía un sinnúmero de proyectos en la cabeza. Hasta que un día del 2004 se le ocurrió escribir una carta en una página web cuyo nombre ya no recuerda. “En ella contaba mi historia, describía el lugar y sus inmensas posibilidades, además de subir fotos. En ese texto convocaba a quienes quisieran ayudar a ser parte de este proyecto, a creer en él”. Además de muchos extranjeros que estaban admirados pero distantes en el mundo, le respondió el etnobotánico Mirbel Epiquién, que trabajaba en ese entonces en el Museo de Historia Natural. Se pusieron en contacto, José fue a verlo al museo, Mirbel le presentó a su equipo y todos se pusieron la chamba al hombro de inmediato. Por puro interés científico, José se encontró pronto con botánicos, pajareros o biólogos trabajando en Huiquilla, ayudándolo a armar el expediente técnico con el que pudo, poco más tarde, alcanzar la categoría de ACP.

“Yo no tenía plata. Mi único recurso era este —dice, señalándose la cabeza—: la creatividad. Gracias a esos especialistas empecé a ver el tema de conservación en toda su amplitud”. Por aquel momento la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental convocó al Fondo Semilla, su primer concurso, mediante el cual otorgaban donaciones para proyectos de conservación, y Huiquilla lo ganó. Fue importante entonces, y lo sigue siendo ahora, continuar ese trabajo de conservación, educación ambiental e investigación con los pobladores de la zona.

“Es inevitable considerar que el turismo va a aumentar, con toda la difusión que ha hecho el gobierno de Kuélap, que quieren que sea patrimonio de la Unesco. Hay un escenario muy favorable para que todo el territorio se ponga en valor, turísticamente hablando. Pero si ese flujo va a impactar, hay que tratar de mitigarlo a lo mínimo. Si las instituciones de cada sector no ayudan entre ellas mismas, va a ser difícil”, dice José. Y sentencia: “Hay muchas cosas positivas que el turismo puede traer, pero hay que ver un todo: hay comunidades que han dejado de lado.” Y es cierto: la reducción de la ruta hacia Kuélap que crea el teleférico, ha obviado a los poblados que son parte de la ruta en aquella carretera. Por eso, José hace un llamado a las autoridades, pide tomar consciencia de los recursos que se están utilizando. “Huiquilla es valioso por muchas razones –nos dice-, principalmente porque es el único bosque que aún queda en pie en toda la zona. Son casi 800 hectáreas, que incluyen restos arqueológicos de la misma cultura Chachapoyas, aún por explorar y poner en valor. Paisajísticamente es un lugar de descanso para la gente a la que le gusta ver naturaleza sin mucho esfuerzo, porque el bosque y Kuélap están a la vuelta de mi casa”.

Huiquilla: un espacio natural con más de 200 especies de plantas

Lo que se viene en Huiquilla es seguir trabajando con las comunidades en temas de conservación a través de talleres, capacitación, sensibilización, educación, etc.,  generando ingresos con actividades de sostenimiento, como el ecoturismo. Por eso, en los próximos meses, José La Torre habrá concluido el proyecto de habilitar unas 6 habitaciones dobles con todas las comodidades, para así iniciar su proyecto de eco lodge. “Sabemos que esto no es solo para nosotros, sino para toda la gente”, dice, con la imagen de la selva como quien piensa en la eternidad.

 

Escribe: Ricardo Hinojosa
Fotos: Archivo personal

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