Julio Hancco: el hombre que defiende la papa desde hace 50 años

Luego de 50 años dedicados a cultivar y preservar la mayor cantidad de papas nativas en las alturas del Cusco, Julio Hancco piensa quién será su sucesor en las tierras de cultivo.

Luego de 50 años dedicados a cultivarla, Julio Hancco piensa quién será su sucesor en las tierras de cultivo.

Las lágrimas de Julio Hancco cayeron menudas sobre su poncho de lana de alpaca. Sentado en la cama de un hotel de Turín, acababa de contar todas las monedas de la venta del día: 3.200 euros en total. El campesino cusqueño, oriundo de K'anccaopata, en las alturas de Lares, no salía de su asombro. Los más de 1.500 paquetes de hojuelas fritas de papas nativas que decidió llevar a Italia se habían vendido en la Feria Terra Madre en menos de cuatro horas, como si de la papa dependiera otra vez el futuro de Europa. “¿Cuántos kilos se pueden comprar con 3.200 euros?”, pensó al recordar el precio mayorista y los largos meses para la cosecha. Inevitables, las lágrimas caían.

“¡Esto no puede ser!”, fue la frase que exclamó Julio Hancco aquella noche de setiermbre del 2006. Moisés Quispe lo recuerda bien. El presidente de la Asociación Nacional de Productores Ecológicos (ANPE) lo acompañó hasta su habitación para ayudarlo a sacar las cuentas. Las manos de campesino, grandes y cuarteadas, no alcanzaban para agarrar tantas monedas. “Ya ves, tu papita se está convirtiendo en plata. Ahora imagina que toda esta cantidad se tiene que cambiar por cuatro”, le dijo, haciéndole la conversión a moneda nacional. Sí, más de 12 mil soles. Y todo apenas con S/ 500 de inversión.

En ese momento, Julio Hancco aún no había ganado el Ají de Plata de la Feria de Mistura por su labor como productor, aún no salía en portadas de revistas ni en canales de televisión por ser el virtuoso ‘Señor de la Papa’, aún no había conocido a Gastón Acurio ni a la Sociedad Peruana de Gastronomía (Apega). A sus 54 años, el sexto de los doce hijos de Joaquín Hancco –un viejo agricultor que vivió hasta los 110 años en las tierras altas de Pampacorral, a los pies del nevado Sawasiray– aún seguía siendo un anónimo campesino con 62 tipos de papas desconocidas para el común de los comensales. Un eslabón invisible de la cadena productiva.

Lo cierto es que su vida empezó a cambiar cuando una tarde de 1999 se cruzó en el camino a Moisés Quispe. Tuvo un buen pálpito con aquel licenciado en Agroecología, que además de ser un desencantado de los agroquímicos, era nativo de Choquecancha, a una tres horas de K'anccaopata. De algún modo compartían el mismo aire, la misma tierra y las mismas convicciones. Julio Hancco pasó a formar parte de los Baluartes de las papas nativas de Pampacorral, por impulso de ANPE, y empezó a destacar por el uso de técnicas ancestrales que le permitían diferenciar un terreno fértil tan solo con advertir la presencia de tréboles silvestres o al probar la alcalinidad de la tierra con su propia boca como si se tratara de un experto catador de campos de cultivo.

Pero Julio Hancco era mucho más que un cuenco repleto de conocimientos tradicionales. Demostró ser capaz de adaptarse a las nuevas tecnologías en sintonía con la agricultura ecológica. A diferencia de la mayoría de campesinos que sufría con la rancha (fitóftora, el hongo que ataca a la planta por exceso de humedad), consiguió introducir el abono biol (una mezcla de cal viva, excremento de ganado y azufre) para preservar sus cultivos a más de 4.200 metros de altura.

Julio Hancco: el hombre que defiende la papa desde hace 50 años

Dos años después de los primeros pasos junto al acompañamiento de ANPE, Julio Hancco aumentó la variedad de papas bajo su cuidado. De las más de 50 heredadas de su padre antes de cumplir los 15 años, llegó a tener más de 90 con las técnicas empíricas de cultivo, almacenaje y conservación, potenciadas, claro, por la asistencia de Moisés Quispe. El viaje a Turín, junto a otros campesinos de Cajamarca y Puno, fue, entonces, un reconocimiento a sus progresos, pero también un premio a la tozudez de preservar un legado como si de ello dependiera su propia existencia.

“Due euro”, son las dos palabras en italiano que más repitió Julio Hancco por aquellos días en la Feria Terra Nostra de Slow Food. El precio del paquete de snacks de 70 gramos equivalía a más de 30 kilos de papas recién cosechadas. Pero en ese rincón de Europa estaban dispuestos a pagar por esos tubérculos llevados desde los Andes peruanos y cultivados con artesanal dedicación. “Due euro, due euro”, repitió con su acento de quechuablante hasta que el último paquete fue vendido.

“Así nomás no he visto llorar a mi papá. Pero ese día, me contó, que se puso a llorar. 'Este es mi sacrificio', dijo”, recuerda Hernán Hancco (32), el segundo de sus siete hijos, mientras mira, sentado en el patio de su casa del distrito limeño de El Agustino, un plato lleno de hojuelas de papas nativas. No se lleva ninguna a la boca. Solo las observa con un gesto de solemnidad.

Julio Hancco: el hombre que defiende la papa desde hace 50 años

El aire frío del nevado Sawasiray adquiere otro olor cerca a la casa de Julio Hancco. El aroma a papa sancochada lo inunda todo. Al menos así lo recuerda Hernán Hancco, que estuvo de visita en Pampacorral a fines de junio. Se esmera por dibujar un mapa con la distribución de los dominios de su familia: al margen derecho del arroyo Warmi jisp'ana (orina de mujer), las casas de sus tíos Feliciano y Julián; al margen izquierdo, la de su otro tío, Justino, la de su tía Hilaria, la de su hermano mayor Alberto y, por supuesto, la de su padre, Julio Hancco.

El terreno es elevado, con pendientes y algunas zonas rocosas, pero el verdor acompaña a las seis familias, asentadas a menos de 10 kilómetros del nevado protector. Ese es el paisaje cotidiano en un día cualquiera —con excepción de la época de frío— con el que Julio Hancco se levanta a las 5 de la mañana para tostar y moler sus propios granos de café, desayunar pan de trigo, leche recién ordeñada, un poco de sopa casera, papas humeantes y carne hervida.

Pocas cosas parecen haber cambiado en K'anccaopata. Llamas, alpacas, ovejas y vacas aportan el abono necesario para fortalecer los terrenos. El semillero, cerca de la casa principal, preserva las futuras cosechas y los ambientes de almacenaje de papas para la venta y el consumo siempre lucen abarrotados. El chuño y la moraya también decoran el espacio. Cada cierto tiempo, conforme se rotan las tierras de cultivo, las flores blancas y lilas de la papa colorean los campos. Pero mientras la naturaleza parece rejuvenecer con cada periodo agrícola, Hernán Hancco ha notado el peso de los años sobre su padre. En pocos días cumplirá 66 y su agilidad no es la antes para cosechar los 200 kilos semanales que envía a Lima para la producción de Sumac Chips, la marca familiar. Algunas canas empezaron a cubrir su cabellera negra. “Cada año se nota más”, dice resignado al paso del tiempo, que le recuerda, además, su enorme parecido al Señor de la Papa.

A estas alturas, Julio Hancco ha empezado a preguntarse qué pasará con sus más de 350 variedades de semilla cuando sus fuerzas se reduzcan. Más ahora que la mayoría de sus hijos desea construir un futuro lejos de Pampacorral. Celestina (29), Aurelia (27), Olinda (20), Maribel (19) y Wilfredo (16) ya lo tienen decidido. Tan solo Alberto (35) y Hernán, encargado de comercializar en Lima la producción procesada a modo de snacks, están dispuestos a tomar la posta. “Yo veré a qué persona donárselo o dejárselo para que continúe. Si es mi hijo, mi hijo; pero si es otra persona interesada en seguir con las variedades, igual también se lo dejo”, dijo el patriarca de la familia.

Julio Hancco: el hombre que defiende la papa desde hace 50 años

Julio Hancco está en la búsqueda de un heredero. Pero no solo uno que reciba unas cuantas hectáreas de terreno, sino que renueve el conocimiento y el compromiso que lo hicieron acreedor del título honorífico de Patrimonio Agrícola Mundial Vivo por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Porque el sueño de este Guardián de la Biodiversidad sigue siendo que sus papas favoritas, la Puka Ambrosio (roja de Ambrosio), Q'ello viruntus (con forma de yema) y Yana ch'urospi (blanco con negro por dentro), así como cientos de otras, sean conocidas a nivel mundial, aclamadas en ferias internacionales y valoradas por su valor nutricional y el esfuerzo de sus productores.

“Con la papa sí podemos vivir; sí podemos alimentar a todo el mundo”, le dijo a Hernán la última vez que se vieron en persona.

Al menos en el Perú, el panorama ha empezado a ser más alentador: el consumo per cápita creció de 30 a 89 kilos anuales de inicios de los años noventa al 2016, según cifras del Ministerio de Agricultura. Y Moisés Quispe, de ANPE, asegura que la producción agroecológica aumentó casi un 40% en los últimos años. Las papas nativas están en terreno fértil, y Julio Hancco está dispuesto a seguir haciendo lo que ha hecho durante medio siglo de trabajo: cosecharlas sin descanso.

 

Escribe: Kike La Hoz
Fotos: Alonso Molina y Cusco Noticias

 

Espacio Patrocinado
Subir