Rica Chicha: un espacio en Cusco que defiende la cultura popular

En Cusco ha nacido un nuevo concepto que mezcla la comida, la música, el arte y las raíces andinas. La familia Moreyra Cristóbal está detrás de este emprendimiento cultural.

Rica Chicha, un novedoso espacio ubicado cerca del centro de la ciudad de Cusco.

Hay algo especial en la genética de los Moreyra Cristóbal, la familia que está detrás de Rica Chicha, un novedoso espacio ubicado cerca del centro de la ciudad de Cusco. Más allá de la música o de la cultura, lo que transmiten es identidad. Este concepto para ellos es la total conciencia y orgullo de ser parte de algo (y defenderlo y difundirlo).

“Mis padres son artistas: mi madre en la gastronomía y mi padre en la música”, dice Ángela Moreyra, la hija mayor. El padre es el puneño Jaime Moreyra: músico, líder fundador del legendario grupo Los Shapis y conocido como “El Caballero de la Guitarra”. La madre es Noemí Cristóbal: huancaína, cocinera gourmet y creadora del restaurante Faustina. Ángela y sus hermanos Denisse, Jairo y Jhadynne crecieron sus primeros años en una casa de adobe en Huancayo, disfrutando de las delicias andinas que cocinaba la señora Noemí y corriendo en el campo. Luego se mudaron a Lima, a una de las zonas más residenciales de San Isidro. Pero nunca dejaron de ser ellos mismos: serranos y provincianos, con la semilla de la cultura popular como parte de su ADN.

Rica Chicha: un espacio en Cusco que defiende la cultura popular

Todos los sociólogos que en los años noventa escribieron sobre el fenómeno de la chicha en el Perú, habrían calificado a los Moreyra Cristóbal como migrantes que vinieron a Lima en búsqueda de mejores oportunidades para vivir. Y en parte fue así. Pero lejos de perder sus raíces y transformarse en una nueva versión de capitalinos —como pasó con algunas personas—, ellos se esforzaron por mostrar (y demostrar) su esencia andina. Incluso algunas veces, el bus de Los Shapis, abarrotado de colores y desbordando música, iba a recoger a los niños al colegio. En esos momentos no faltaron personas que vieran con recelo lo que consideraban como una irrupción. Incluso un día, cuando Ángela era una niña, una de sus compañeras se burló de la música de su padre: la chicha. “Aprendí que una chichera de San Isidro debe ser invisible”, dice ahora, desde Cusco, más de veinte años después del incidente.

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Con el tiempo, cada uno de los hermanos de la familia se dedicó a las artes, inspirados por el legado de identidad y cultura familiar. Ángela comenzó a cultivarse en la música porque “las canciones de mi papá fueron como una brújula en mi vida”. Estudió Ingeniería de Sonido y formó el grupo de chicha electrónica Ángel. Denisse se convirtió en diseñadora de modas, Jhadynne en cantante y arquitecta, y Jairo en chef, como la señora Noemí Cristóbal, quien fundó en el 2009 Faustina, un restaurante gourmet andino que se encontraba en San Isidro y que participó de varias ediciones de Mistura.

En el 2013, la familia Moreyra Cristóbal entendió que era momento de tomar el camino contrario e ir de la ciudad al campo. Por eso, para unir los talentos de todos sus integrantes, continuaron con la gestación de un proyecto integral que había nacido en el 2007, y que combinaba el arte con la arquitectura, la gastronomía con la música, la cultura popular con las raíces andinas. Ángela fue quien tuvo la idea original y la compartió con toda su familia. Así, al llegar a Cusco, empezaron con Faustina, pero desde el 2016 el concepto evolucionó hasta ser una casa cultural. Allí nació Rica Chicha.

 

El local se ubica en una casona a media cuadra de la Plaza de Armas de Cusco. Lo que hace siglos fue el palacio del Inca Túpac Yupanqui, hoy es un ambiente de permanente celebración a nuestra identidad multicultural: a la familia Moreyra Cristóbal, con el restaurante Faustina en una versión boutique, se sumaron Zoldia (Martín Céspedes de Fokin Clan) y Diego Tizón con su propuesta gastronómica de fusión peruano-japonesa; los artistas Samuel y Juliana Gutiérrez (conocidos como la Familia Gutiérrez); el artista Elliot Túpac; y los Three Monkeys, que traen el café del corazón del valle de la Convención, en la selva de Cusco. Pronto habrá un hotel en la segunda planta del local, obra de Luis Montesinos. Todo revestido por el arte mural del colectivo Los Salvajes.

Para los hijos Moreyra Cristóbal, que han sido testigos toda su vida del trabajo de sus padres y de lo duro que fue abrirse paso en el país, Rica Chicha es una celebración y una retribución que le hacen a sus orígenes, un ayni con la Tierra. Pero también es una forma de seguir con el camino de la familia y que los hijos tomen la posta para lo que viene. “Esperamos que Rica Chicha se convierta en un punto de referencia, un espacio para reconectarnos y compartir. Y que nos sirva para seguir creciendo como familia, como ayllu. No pretendemos ser un lugar exclusivo, no nos gusta excluir. Queremos compartir nuestra casa con aquellos que tengan la sensibilidad y el respeto de apreciar lo que cada uno de los miembros de esta gran familia tiene para ofrecer”, dice Ángela, empoderada totalmente con la misión de este proyecto.

 

 Escribe: Diana Hidalgo 
❉ Fotos: Martín Acevedo 

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