La Lá: la cantautora peruana que se alista a conquistar México [AUDIO]

Nació con el nombre de Giovanna Núñez y creció con la música como compañera. Hoy es una de las cantautoras más singulares del país.

Como en aquel viaje a Nueva York, hoy la música sigue siendo la compañía constante de La Lá.

Aún no era La Lá. Era tan solo Giovanna Núñez, una limeña a miles de kilómetros de su ciudad en las calles de Nueva York, con un minidisc, una guitarra y una serie de composiciones propias como únicas compañeras. Eran sus primeras grabaciones, esas que los fanáticos años después llamarían inéditas, y que estaban hechas con apenas unos acordes de tres cuerdas, algunos ruidos de la ciudad, las voces de desconocidos a los que registraba y loops de teclados: unas mezclas que ella ahora define con una de sus palabras favoritas para describir lo inasible e incomprendido: “Eran raras”.

 

Autodidacta a las patadas en el arte de tocar la guitarra, La Lá se avergonzaba de esa mezcolanza de sonidos. A sus 21 años, no conocía de notas, acordes o arpegios. Nunca había llevado clases de música. Tan solo hacía sonar su guitarra como sentía que debía sonar. Y en esos días largos en Estados Unidos, prefería no compartir con nadie el fruto de su creación. Aunque, por algún motivo, le gustaba escuchar esas pistas a solas, como se contempla al primer hijo.

"Había un mundo de sonido que reflejaba algo que yo tenía dentro", dice ahora, en su casa de Lima, mientras luce echada en el sillón de su comedor y su hija Amara, una bebé de diez meses, duerme sobre su pecho.

Después de mucho corretear, entre gestiones para tramitar una visa a México, pagar unas cuentas en el banco, atender a Matías, su hijo mayor, y darle de comer a Amara, La Lá al fin puede disfrutar de algo que tiene cierto parecido al descanso.

Como en aquel viaje a Nueva York, hoy la música sigue siendo la compañía constante de La Lá. Dice que es como un todo de paisajes que contiene escenas, lugares y sensaciones. Dice que consuela, que alivia. Y entonces canta “Landslide” de Stevie Nicks casi como un tarareo.

"Esa emoción que sientes es como si empezaras a arrastrar tus propios sentimientos"dice y lanza un suspiro exagerado: "¡Ahhhh, te libera! Y yo escuchaba esas zonzeras mías y algo me pasaba. Pero decía qué feo. No tiene ni siquiera letra, ni partes. Solo son ruiditos de 30 segundos."

Por eso no se ilusionó cuando compuso su primera canción. “Pensé que era pedo de mosquito”, dice. Ni siquiera se convenció cuando un amigo de la universidad Antonio Ruiz de Montoya, donde cursaba filosofía, le dijo: “Está linda, tócala”. Recién cuando acabó de interpretar su canción Oeste, frente a un público compuesto por alumnos y profesores, La Lá, con un dolor de panza, descubrió que eso que le pasaba a solas con su música también podía ser compartido con otros a las que no conocía.

"Me pareció mágico porque era como una llave que abría una puerta. Una comunicación profunda, de sentimientos, de emociones. Estaba locaza. ¿Estas son las canciones?, me dije."

Aún sin una educación formal, la música siempre estuvo en la vida de La Lá. En sus primeros años cuando jugaba a ser cantante con el pomo de su champú Chupetín y en esos paseos en el Volkswagen de su papá, el caricaturista Alonso Núñez, en los que cantaban a viva voz guarachas de Los Compadres o del trío Matamoros. Mientras paseaban por las misteriosas calles de Lima de la década de los 80, Giovanna Núñez miraba esos personajes y paisajes de la noche y pensaba con la cara pegada a la ventanilla: “Cosas raras, nuevas, lindas”.

 

 

 A los 17 años, La Lá probó sin suerte estudiar en el Conservatorio Nacional de Música y pasó un casting para integrar la orquesta juvenil de la Escuela de Jazz. En esa época, su papá le regaló un disco de Ella Fitzgerald y no hacía otra cosa que tratar de imitar sus inflexiones de voz. Al poco tiempo ensayó sus primeros rasgueos con una guitarra que había viajado por todo el Perú de la mano de su tía Pocha Núñez Rebaza, la antropóloga e investigadora de los danzantes de tijeras. La música siempre la acompañó.

La primera producción, un EP, llegó con los desaciertos de la inexperiencia, pero cuatro años más tarde, en el 2014, el disco "Rosa" la acercó a ese estilo único e indefinible que la hace navegar entre el vals, el bolero, el jazz, la bossa nova y otras tantas etiquetas. Acaba de lanzar su nuevo material, “Zamba puta” (2017) y visitará México para realizar una minigira.

Ahora, Amara se sacude la modorra y Giovanna Núñez la llena de besos. La niña soñadora, la muchacha de las canciones raras, la mujer abstraída por la música, ahora es simplemente La Lá.

Escribe: Daniel Sánchez
❉ Fotos: Yayo López

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