El cuento inicial

“Los yines, se dice, son descendientes de Tsla. Él nació de una mujer y un jaguar. Él fue el primer yine”. Rittma Urquía, profesora, intérprete y autora del primer diccionario enciclopédico virtual yine, explica el origen de su pueblo como si narrrara un cuento.

Esta noche de invierno en la selva, ella camina por la amplia avenida central de la comunidad de Miaría, uno de los 18 centros poblados ubicados a las riberas del río Bajo Urubamba, en la provincia de La Convención, en el departamento del Cusco, mientras recuerda el surgimiento de sus ancestros.

Sus pasos son firmes a pesar de que solo lleva sandalias, y su menuda figura se pierde por momentos en la espesa oscuridad. Rittma atraviesa la maleza sin temor a nada. En la casa familiar, la esperan su padre, Daniel Urquía, junto a su madre, Raquel Sebastián, sus hermanas y sus sobrinas para pelar maní y contar, con las estrellas de fondo, la historia del gran Tsla: un héroe tan misterioso como poderoso cuyo relato ha sido reinterpretado por la escritora Teresina Muñoz-Najar para El Libro de Nuestra Selva, de Pluspetrol. Mira aquí el proyecto.

El pueblo yine es uno de los 51 pueblos de la Amazonía y se ha distinguido por darle un rol preponderante a la mujer y sus habilidades como navegantes. Además, son portadores de una tradición oral que se ha tejido por más de cuatro mil años y que ahora, en esta noche clara, muestra la sabiduría que conserva con las voces de la familia Urquía-Sebastián.

Mariposa
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UbicaciónPoblación
Distrito de Megantoni, La Convención, Cusco. 4.000 habitantes

En Miaría conviven distintos pueblos originarios, pero predomina el Yine. Las actividades principales de la localidad son el trabajo comunal, la agricultura de autoconsumo, la producción de cacao y el trabajo de artesanías.

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UbicaciónPoblación
Distrito de Megantoni, Provincia de La Convención, Cusco1.200 habitantes aprox

En la comunidad de Nuevo Mundo es predominante el pueblo Matsigenka y cuenta con un consejo que se renueva cada tres años. Las actividades principales son la caza, la agricultura (yuca, plátano) y el trabajo como comunero para empresas.

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UbicaciónPoblación
Cusco – Ucayali 12 800 habitantes aprox.

Comprende el territorio amazónico entre la Cordillera de Vilcabamba y la margen izquierda del río Bajo Urubamba. Es una zona de alta biodiversidad y ahí conviven los pueblos Ashaninkas, Nantis, Yines, Nahuas, Caquintes y Machigenkas.

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UbicaciónPoblación
Cordillera de Vilcabamba-

Este cañón de difícil navegación es el paso y división entre el Alto y Bajo Urubamba. Para los Matsigenkas este es representa el portal que divide el mundo terrenal con los otros mundos. Para los Yines es el lugar del que emergió Tsla, el primero de este pueblo.

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Flor y hojas

Los orígenes

Los orígenes

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Por estudios arqueológicos sabemos que los pueblos yine y matsigenka habitaron la zona del río Camisea (Cusco) desde hace aproximadamente 1.500 años. Las vasijas y utensilios de textilería hallados revelan el dominio de técnicas artesanales. También se encontraron cushmas, lo cual demuestra que eran expertos en el telar.

El primer encuentro

El primer encuentro

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Tras la conquista del Tahuantinsuyo, los españoles, siguiendo el liderazgo de Gonzalo Pizarro, emprendieron distintas expediciones rumbo a la Amazonía en busca de la canela, una de las especies más codiciadas de aquella época.

Las misiones

Las misiones

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A mediados del siglo XVII, las compañías religiosas ingresaron a la selva para evangelizar y estudiar a los nuevos pueblos a través de la religión. Las primeras órdenes en llegar a la provincia de La Concepción (Cusco) fueron los franciscanos y jesuitas.

La llegada del Instituto Lingüístico de Verano

La llegada del Instituto Lingüístico de Verano

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Con la aparición del Instituto Lingüístico de Verano (ILV) en nuestro país en 1945, comenzó la creación de escuelas bilingües en toda la Amazonía. Este organismo mundial misionero se encargó de estudiar 70 lenguas del Perú, publicando 3.000 títulos, de los cuales 1.770 están en lenguas originarias.

Reconocidos por el Estado

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En 1974, en el marco de la reforma agraria del gobierno de Velasco Alvarado, se promulgó la Ley de Comunidades Nativas y de Promoción Agropecuaria de las Regiones de Selva y Ceja de Selva. Por primera vez, se reconocía la consolidación de pueblos indígenas en comunidades nativas y se garantizaba su titularidad sobre su territorio.

Lenguas originarias

Lenguas originarias

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En el 2011, se promulga desde el Congreso de la Republica la Ley de Lenguas Originarias que regula su uso y preservación, dentro de ellas el yine y matsigenka.

La revitalización de una identidad

La revitalización de una identidad

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La idea de un futuro mejor y desarrollo con identidad está presente en ambos pueblos. Este año, gracias al apoyo de Pluspetrol, las lenguas yine y matsigenka llegaron a la portada de la edición impresa del diario Perú21. La empresa trabaja de la mano con las comunidades cercanas a su zona de influencia para revitalizar sus lenguas.

Revitalización de la lengua en la adversidad

Revitalización de la lengua en la adversidad

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Pese a las limitaciones para tener una educación adecuada, los cuentos narrados en su propia lengua pueden ser vehículos de aprendizaje y revitalización para los habitantes de la Amazonía. En el Bajo Urubamba siempre han defendido su tradición oral.

La escena es cálida, cotidiana, las risas de la familia invaden alegremente la tranquila oscuridad de Miaría. Rittma y su hermana sueltan carcajadas que se mezclan con el crujir de las cáscaras de maní que van pelando, mientras su madre achina los ojos con la historia que se han sentado a oír. Daniel, de pronto, se desvía del cuento original de Tsla para confundirlo con el recuerdo de cómo conoció a su esposa. El enredo ha causado la risa de Rittma y de su hermana, quienes ahora murmuran cómplices, en yine.

– A veces lo usamos (el yine) como secreto, para que ustedes no entiendan – dice Rittma, entre risas, llevando a su boca algunas semillas de maní que tiene en la mano. Al parecer, su papá también se ha confundido en el relato de su historia familiar.

Sin importar el desvío, Rittma sonríe al escuchar, una vez más, a su padre narrar las historias en su lengua materna como lo hacía cuando ella era pequeña. El balde de maní que ha ido llenando la familia ya casi rebalsa y la historia de Daniel va llegando a su fin. En Miaría, la noche acaba apaciblemente entre anécdotas, seres mágicos y leyendas sobre tigres que solían hablar con humanos.

 

Mariposa

El sentir de la selva

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Hombres son y mujeres los que alumbran mis ojos y mi voz está con ellos como el aire en que viven.

Poema: Héroe del Pueblo Wáshintong Delgado (1927 – 2003)

Intiegitari surariegi ontiegiri tsinaneegi iriroegitari neakagantaiganakairo onegiteaganira Impo ogari nokaemakera ariotari onakeri ontentagaiganakaera okañotanakarora oga tampia anta itimaigira.

Marentagantsi: Tsipereventakerorira itimantarira Wáshintong Delgado (1927-2003)

Jejine ga wa suxonni wa gimrekgakakno ga wa noplaji wannayma petlu wa kannipgalu gwiyawaka pixka.

Muchikawako yanumatikaluru Wáshintong Delgado (1927 – 2003)

Descripcion de la imagen

“La oralidad es su fortaleza”, dice Nila Vigil —lingüista y especialista en Educación Intercultural Bilingüe— al referirse al valor de los relatos que han construido los pueblos de la Amazonía a lo largo de su historia para explicar su origen y su modo de vivir. Rittma —al igual que los otros 2.680 hablantes de yine en el Perú— aprendió desde pequeña, por sus padres y sus abuelos, que los saberes de su cultura están depositados en su relación con el territorio, con la lengua y con los cuentos que escuchaba. Supo así que sus cantos —los ícaros— tienen la capacidad de enamorar, sanar o dañar. Y que el arte del hilado, un don que según la cosmovisión de este pueblo les fue entregado a las mujeres por shawmkalo, una araña, no solo le serviría para vestir, sino para plasmar con hilos su identidad y su interpretación del mundo.

Además de asentarse en Cusco, Ucayali y Madre de Dios, en Perú, los yines se extienden hasta territorios de Bolivia y Brasil, donde son conocidos como manchineri. Es un pueblo que, según Alejandro Bisso, investigador con más de 40 años de trabajo en comunidades amazónicas, se ha caracterizado por su capacidad de adaptación, su pericia para moverse a través del eje del Bajo Urubamba, y el amor a su lengua, conocida como yineru tokanu (la palabra de la gente yine).

Ese amor es el mismo que sienten los matsigenkas por su lengua. Ambos pueblos comparten la familia etnolingüística arawak y han habitado, desde tiempos prehispánicos, la cuenca del Bajo Urubamba —desde del Pongo de Mainique, cañón sagrado que divide a la selva cusqueña en dos, hasta el distrito de Sepahua, en Ucayali—. Se cuenta incluso que lograron intercambiar plumas, cerámicas y pieles con las grandes culturas andinas. Hoy recorren la cuenca del Bajo Urubamba y sus afluentes, y trabajan en conjunto con la empresa Pluspetrol para preservar su lengua.

Angel Díaz, un profesor matsigenka que tuvo que migrar a Lima por más de 20 años y que hoy vive en la comunidad de Nuevo Mundo, tiene vivos los recuerdos de su niñez. Cuando con cantos de chamanes a la luz de la luna, su padre le contaba historias sobre seres mágicos que había oído de su abuelo.

Ahora, Angel sigue el ciclo. Les cuenta a sus nietos las historias del monte, de Tasorintsi, el creador matsigenka, del curso del meshiari, ese río celestial que se lleva a las almas de este mundo, y de cómo se adentraba en lo espeso de la vegetación de madrugada junto a su padre para cazar perdices. Les explica también que la planta medicinal Mati, que crece en su jardín, puede cauterizar sus heridas si saben bien cómo raspar sus tallos.

Mariposa
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Para los matsigenka, la vida y el lenguaje hablado tienen un mismo nombre: niagantsi. En el libro “Noches, cosmos. Claroscuros entre los matsigenka”, el antropólogo Esteban Arias, recopiló las narraciones de los matsigenkas en las comunidades en la cuenca del río Picha y encontró que esta tradición oral es una red de conocimientos tejidos sin un tiempo, inicio o final definido. Pero que llevan en ella la cosmovisión, la historia y la explicación de la relación profunda entre la naturaleza y estos pueblos.

Estos cuentos, hoy en día, son el nexo entre las manifestaciones culturales tradicionales de las comunidades y el desarrollo educativo de las nuevas generaciones. Las narraciones se han convertido en herramientas fundamentales dentro de la Educación Intercultural Bilingüe (EBI) para conservar la oralidad de estos pueblos e incentivar a los niños a descubrir a los referentes de su historia. 

Escucha y lee aquí, dos cuentos tradicionales de los yine y matsigenkas adaptados para niños. Este material se puede usar en las clases escolares. 

Shwamkalo, la araña tejedora

Cuento comunidad Yine

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Yo era una araña tejedora yine, pequeña, laboriosa, capaz de fabricar ropa hermosísima y… ¡toda de algodón!

Vivía entre los algodonales de Miaría y tejía mi tela, que es mi casa, entre unas flores blancas como las nubes que nunca dejaban de crecer. Era una malla redonda, gruesa y resistente donde podía echarme y hasta saltar cada vez que quería.

Solía mudarme con frecuencia, de un extremo al otro de la chacra. Allí donde llegaba, tejía mi tela entre esas flores blancas que nunca dejaban de crecer.

Más lejos, siguiendo por el sendero, vivía una señora con su esposo y sus hijos. La pobre no sabía tejer y lo único que hacía era lamentarse porque no podía vestir a sus niños con ropa bonita.

Cada vez que cosechaba el algodón, lo despepitaba y así no más, sin hilarlo ni tejerlo, lo chancaba un poquito y le daba la forma de una cushma que, con el transcurrir de los días, se deshacía y se volaba con el viento.

La mujer solía pasear por los algodonales y mirarme. Me miraba con atención mientras yo tejía mi casa o tejía ropa, como queriendo aprender o imitarme… pero no me decía nada.

Y así pasaban los días y ella continuaba siguiéndome por todos lados, mirando y mirando cómo tejía. Hasta que un día tomó valor y me dijo: “Por favor, Shwamkalo -que es mi nombre de araña-, ¡enséñame a tejer!”.

Para fabricar mi tela, que es mi casa, el algodón salía de mi ombligo. Pero otras veces, cuando me convertía en mujer, amarraba un lado del telar a mi cintura y el otro a un árbol y tejía toda clase de prendas. ¡Me encantaba hacer cushmas y más cushmas!

Los palos del telar son casi mágicos, pues mientras yo cruzaba los hilos, el tejido tomaba forma con los diseños que yo quería que tuviera, que son los hermosísimos diseños de los yine.

A las mujeres yo les hacía una cushma de líneas que representan a las aves o serpientes y a los hombres, el diseño de la huella del otorongo, para que sean valientes. El diseño de una tortuga era para las chicas jóvenes, a fin de que no sean muy andariegas, y el de una mariposa para que todos estén muy alegres.

Hay algodón que crece en Miaría que es blanco como las nubes, pero también hay uno de color chocolate, como el río cuando está cargado, y otro marrón clarito, como el río cuando está más tranquilo…

Además, yo podía teñirlo de otros colores con plantas que crecen en la selva. Por ejemplo, si quería que mi algodón fuera medio rojo le echaba achiote, que son las semillas de un árbol del mismo nombre.

Si quería que fuese negro como el gallinazo, le echaba jugo de huito o una raíz llamada tlipi, más un poquito de greda negra. Y si quería que fuese anaranjado, hacía hervir en agua una hierba que se llama potsotalo y ahí remojaba el algodón.

Lo más increíble de todo es que al mismo tiempo que yo tejía, cientos de avecillas volaban, cantaban y gritaban alrededor: los guacamayos, los alcaldes, los paucar. Todos bellos y emplumados, alegraban mis días y mis tejidos.

Mientras yo hacía todas estas cosas, la señora que vivía más lejos, siguiendo por el sendero, continuaba quejándose y lamentándose porque no podía vestir a sus niños con ropa bonita. Tenía un montón de algodón en su casa, pero no sabía qué hacer con él.

Mientras yo hacía todas estas cosas, la señora que vivía más lejos, siguiendo por el sendero, continuaba quejándose y lamentándose porque no podía vestir a sus niños con ropa bonita. Tenía un montón de algodón en su casa, pero no sabía qué hacer con él.

Fue entonces que yo, Shwamkalo, decidí aparecerme en su casa convertida en mujer. Ese día ella estaba sola con sus hijos pues su esposo se había ido al monte, a cazar. Entonces usé mi nombre de mujer que es Kamownero y le dije: “Soy Kamownero, ¿en qué te puedo ayudar?”.

La mujer, llorando ríos y ríos de lágrimas, me contó su gran desgracia: ¡no sabía tejer! Me dio mucha lástima, así que la consolé diciéndole: “Yo te voy a ayudar, te voy a dar un amuleto secreto con el que tendrás toda la ropa que quieras sin mover un solo dedo”.

Le pedí que trajera unas hojas de palmera y que fabricara un cesto grande y hondo. Le ordené que pusiera en él todo el algodón que había almacenado en su maloka. Ella me obedeció. Una vez que el cesto estuvo listo, le entregué el amuleto secreto y le dije lo siguiente:

“Apenas yo me vaya vas a colgar la canasta en la parte más alta de la casa y vas a tirar el amuleto secreto encima del algodón. Dentro de tres días, cuando veas que la canasta se comienza a mover, la descuelgas y verás la ropa tan linda que hay adentro. Pero, eso sí, ¡no le digas nada a nadie o el amuleto desaparecerá para siempre!”

“¡Adiós Kamownero, gracias!”, se despidió de mí la mujer. Y yo me fui caminando hacia mis algodonales mientras, nuevamente, me convertía en araña.

Y así pasó el tiempo y la mujer, sin mover un dedo, no dejaba de estrenar ropa nueva cada tres días. Bellas cushmas su esposo, primorosas ropitas sus hijos, bellísimas faldas ella… Sus vecinas, intrigadas, se dieron cuenta del cambio y se decían: “¿Cómo aprendió a tejer tan rápido? ¿Quién le habrá enseñado?”. Luego, el pueblo entero comentaba lo mismo.

Hasta que un día no aguantaron más y fueron hasta su casa a preguntarle: “¿Quién te ha enseñado a tejer?”. “Yo solita, nadie me ayuda. Practico un poco cada noche y voy aprendiendo”, respondió ella. Pero nadie le creyó.

Así que después de unas semanas, muertos todos de curiosidad, tramaron un plan para hacerle decir la verdad. “Preparemos masato y démosle de beber. Solo así haremos que hable”.

¡Manos a la obra! Prepararon el masato con yuca, maíz germinado y camote, esperaron a que fermentaran y se lo dieron de beber. A más días que el masato reposa, más se fermenta y más alcohólico es. Por eso, cuando la mujer y su esposo lo probaron, rápidamente se marearon y no pudieron controlar lo que decían.

Como soy una araña tejedora pequeña, que además se puede convertir en mujer, todos esos días me mantuve cerca de la señora que no sabía tejer. Quería asegurarme que no revelara nuestro secreto, que se mantuviera callada. Pero el masato la hizo hablar.

Recuerdo que yo me prendí de su brazo, que se lo jalaba y que le decía al oído: “No digas nada, no menciones el amuleto, no lo hagas… por favor no hables…”, pero ella habló. Les contó a todos de mí y del amuleto secreto.

Terminó la noche y nadie quedó satisfecho. Ni los del pueblo, que no ganaron nada sabiendo lo que había pasado; ni la mujer que no sabía tejer, que perdió todo por no saber guardar una confidencia.

A partir de entonces, yo me enojé tanto que cuando la mujer puso el amuleto secreto adentro de la cesta de palma, esta ya no se movió. Nunca más… se acabó la magia. “Esto te pasó por desobediente -le dije-; de ahora en adelante, empezarás a hilar y a tejer tus propios vestidos a mano y con el telar de cintura”, y eso hizo.

Esa es, finalmente, la parte buena de esta leyenda. Gracias a la mujer que no sabía tejer y a mí, la araña que la ayudó, las mujeres del pueblo yine son las más increíbles tejedoras de la Amazonía.

Fin.

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yine

Yinero shwamkalno gita, kjiwlewaklerno, mturo kamrurewaklerno, numkata kamruretlu kiglerpotunanu mkachrikaka ga wa… ¡psoluko wapgu kamrutikalurni!

Miaria wapgusha gwajenatachrono, wane nopji njiwjenatyalu nsaxpalemta, klata gwuru yegi gitokote wa kamkogiru pixkalutu. Gi pagogneko, mnikawna tseruwnaletkatu. Kluprojitaa nixa tslankaklu shikolulpotu ga wa tsrutsalu nkamrure, wane nuklunjenata ga wa nalukinmpejnu nanukani wane nuptejenatya.

Pshinitsogkaka sana sputa nyajeta. Pasreta sputa napokinitnaka wane nkamgiyatnaka klata gwuru yegi gi pagogneko, mnikawna tseruwnaletkatu.

Wane gapo nanuko gowukpotu twajenata satu suxo twugenenyma ga wa tganuruyma. Kwamonurpotu mumata jiwetkatona, walananuko getwamonutnawa. Gi rixanu gi wa twugenene mkaluko tumkata kamruretana wa kayongamtalu.

Giyagni wa pakatamnunanuka tjinginri wa wapgumko tgijgalewashatana gi wa tjiwetlu gi koxa tsaxpamtatlu, tuylamkojeshanatlu wanepnute tkopramtatlu wane gixachriko rutakna. Giyagni gi gowukshiniko kannipgaluyma ralnamkojetyanna psojkakananu rupximkojemtyatka.

Giyagni wala suxo pshinitsogkaka sana tyajenata, wapgusha yegi, wane tetjenatyano. Tuglereta getlepotutno nkamrupshinri wa nopji ga wa nomkalu, wa gita tyiminripa waka taluka gimatletyapoga... seyni gikeko chinjenatno.

Wane tixjegognenata wala. Ginakaktamka nya wane potuko tomkanjenatno tetgognenatno, tetanatatnakno, wane tixgognejenata. Gi nixpoko kamgaletgita teywakno. Pagognetkani tepomgatkano wane chinno: “Shwamkalo -walenwa ngiwaka- ¡Pyimaka saxpaletannimkano chinno!”.

Noplo rushpakatsatya wapgutsa wa nopji nkamrutini. Seyni wa pakatkaka suxo napawatini noskota pasretate nostutlu nsaxpalemta ga wa satu kashegiri muna nostita, wane pnumnu gixachri mkachri nkamrutya ¡Koshmane naluka kamrurpotapa gixo koshmane nkamrujenata!

Kgiyaklerni nsaxpajrekaka, nyoshmapshinri wa gitsa kayongalu gishpamtyatkano gita galukyawakpotuko rixyano yineru yonga.

Koshma nkamrujenatyana suxone wa pagixanune galnachine ga wa nikchine gixyawaka gigleni nkamrutyana, gimnu yonga, ga wa mgenokluste yonga wa gichko rixinripna jejine. Ga wa knoyatji tganga maklojine nkamru yongatya, gi wa yaglotashatyapna, ga wa katatga nyonatyana pomji rixinripna.

Miaria rupchekya klatalu wapgumko kamkolu pixkalutu, wane koxlu popnimkolu, wa rapogatini trsuru pixka rixamkota, ga wa pimri klatpopnirimko wa magalewamtinitka gonu pixkamkolutu...

Wanepnutkoxa pnumnu nanuko nimkata gixa sagletlu. Gosha gipchekyachri kshanayma, nulukini wapgumko serolu nyoshmotlu nalukini gapinru nsagamkotlu waleni satu gagmina shegiji wale nsagatlu.

Gawa ksajirpotu nalukini wa maylu pixka ksajiru, nyomshmotlu nso sagi ga wa tlipi, ga wa ksajijpalu nutaklu. Ga wa pwalsernuru nalukini, nuwlagatlu kshana wala giwakni potsotalo wane nyoshmo mkotlu wapgumko.

Nkamga kopshini mkagwakone koshichine galgajeta gita gogowakate, wane shikalwatyana saplewjetna sajrurutyawakna gitastsi: polerone, potsiwane, yoprine. Pejnuruneko kiglekakpotna gimejine ymananukna wanna komjikjetno pagogne mnunanuka nkamga kopshini.

Watye nkamrukopshini wa suxo psolgogneko tkegemgananumta gi tumatjiwetinrina. Gi rixanu gowuka gwachroni, tyagapopshini gatnugapo tkegemgananumta gike tumatinrina. Gi rixanu gi wa tumkata kamrumkaletanna twugenenni. Waneynimkalo gixpotu wapgumko topjiya, gi wa tumatpokowakatana gitixpoklewatanuna.

Walananuko gepomginawa ¿klu chinanu gi wa numatsaxpatana? ¿Katmaka yimakannino? Wane tixa kegemgalgognenata.

Waneklutkanwa gita wa shwamkalno yayegitatkalo, topji nupgijewna yegitatkalo nyinerotamtatka sato suxo nutakatnatkawa. Waneklu wala. Walapjenanni twugeneneyma, ga wa tganuru giyolkapa wale gogne gosha yapa. Waneklu yinero giwaka nutaknawa Kamownero wane nchinro: “Gitni wa Kamownerno ¿kluneru nupxakinyi nchinro?”.

Giyagni wala suxo tugkaklewyegitno. Wamonuwatachro chiyampotuta wa gikeko tumatinrina. Wane chinno: ¡gi numata saxpatana! Netwamonutlo, giyagni wane numnanukyalo wane nchinro: “Gita gipxakanutkayi, nenekanyi nkayiglu mpogijetu walepni wa kamrutinyi psoluko palukanru, pumkalu pnumnu gixachri. Gi pamyojinako puwjekini”.

Waneklu nanjitlo nalsure twapinripa wa puruji tsru tkamginripa. Wane nutakjixlo psolumkoko twapgute, tumretanatanru. Nchinyawaklo tjemno. Tnikatinitkalu puruji, nenekatkalo nkayiglu wane nchinatkalo:

“Nyamtimpatka xako. Giyampotu tenpotu pupji pchikakanutkalu puruji. Nchinyawakpotukyi xako pixanru wapgumko. Giyagni wa petimpatkalu rumyemyetanutka, pkoshpirokanutkalu wane petinitkalu galixachri mkanchri kigle yongakakalu. Seyni galikaka ¡gikeko xako pugkakanu nyimakyayi. Nchinmaklo, wane pixininapa gipagogneko nsatkapanutka!”.

“¡Nyatka Kamownero, poyagnu!”. Tunga gimamtatkalo wa suxo. Gawa gitatka nsatokatkalu wapgusha yegi, wane napawatyatnaka shwamkalo nixamtnatkawa.

Wane tixanatatka wala suxo. Mapgognekaka tkashijetamkata, pnumnu gixachri tutkapeta. Kigle yongakakalu koshma rutaka tganuru, twugenene koxa, tomkalnama kiglekakpotlu, wane patkanwa retinnatkalona tumwastsitanune, pinrone suxone tkashrijewninritka wane chinna: “¿Gi tixpoko giyampotu tumatyatkalu tjiwre?”. Wanepnute pejnurumpotunanuko gimatamtatka wanna koxa pogitatkalu.

Pagognetkani gi wa rakotamtnatkawana topjipotuko yayegitanatkalona. Wane repomsatyanatkalona “¿Katge yimaka jiwletatkayi?”. “Gitako gikeko yimakno. Payechno mnunanuka njiwjeta psotsotajkaka numatananumta”, china gigle gimatna. Seyni gima gi wa ralixanrona.

Wanepnutgima satu sumana tnakni, ralukgimtlepotgimatna wane gima chigkakatkana. Yanumkakyanaplona galikakpotu. “Xani wkamrutanru koya wale wyoshigaganro. Waneklu tugkaklewatanuna chingimatanrona”.

¡Wuya pejnurunekwu kamrutanutkalu koya!, kapcheru ga wa jipalu gima rutakluna, rusekakgimatatkaluna kapsapotgima rixluna. Giyangimatkani rurlewatininatkana giyampotgima nanuko rumetanna, wane gima pnumnu china shatyanatkana. Ranumsashgimatanatkana. Gi rixanu tsru gimru gima rixanna.

Ga wa gita shwamkalno gi wa tsronanukno. Wanestsiko netanatyana wala suxo mumata jiwetkatona, gi wa pnuko nyapa. Wanepnutkoxa suxo yinero nixnawa nalukini. Gimka naluklu tugkaklewatinri gita yimakyalo, gimkako tyanumatanu. Seyni tumrepoga walani yanumatanatka.

Nushinikpotuta gita, tokanomka nuxripatyaniro. Wanemka tojnakpotuko wane nchinyalo; “xakoxa pugkaklewatanapa gi nixpoko yimakletyi…” Gi wa pyanumatangonuka. Seyni walani tyanumatanatka. Psolpotunanuko nyimakyalo gita pirana tugkakna.

Wale yechno gima pejnuruneko gimatamtatka. Seyni gima gi wa kiglenshinikanna wa wanna giknonjeru. Gi wa suxoko mumata jiwetkatona kiglenshinikanuna. Gi rixanu psolgimako wala yimakyako tamtakanuna. Gi rixanu gi wa tumata gimretlu wa wala gaponshinikanutyalo tyimakyalo.

Waneklutka gita numtiwna potutatka. Giyagmakni wa suxnitka purujimka tutaklewatnitka twapgumkote gi wa tumyemyetyanatka. Gi pagogne gimako. Wane tnikawniyanatka tkayiglu. “Pmajnaknu chinanu wale giknoganyi” nchinanatkalo; “xani galikaka pumyoymananuko pjiwetannatka gawa psaxpatannatka pixapniko puskota putaklewatanuna”, wane potgimako tixanatka walani.

Walenwa kiglerpotununanu tye gigkaklu pirana yegi. Wpoyagnutanro suxo mumata jiwenatkato ga wa gita wa shwamkalno tupxajero, giyagni wa yine suxone wannanwa gimata jiwetanchimpotu kamgaklerune saxpaluya, gamasona gwachine.

Yoptukyawakatka.

Keatsi y el Chamán Valiente

Cuento comunidad MATSIGENKA

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Soy el hombre más poderoso en cientos de kilómetros a la redonda. El único que aparece y desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Puedo estar aquí cerca, pero también allá muy lejos en cuestión de segundos.

Me paso la vida conversando con los espíritus buenos, curando enfermedades y espantando todo aquello que es malo o hace daño. Con unas plantas mágicas, que son el ayahuasca, el toe y el tabaco, preparo un brebaje que me ayuda a ver, aunque tenga los ojos cerrados, y a escuchar, aunque nadie me esté hablando.

El brebaje es una bebida que tiene poderes sobrenaturales y me permite tener visiones y entrar en el futuro. Así puedo saber lo que va a pasar mañana, dentro de un mes o dentro de muchísimo tiempo.

Un buen día, los habitantes de la comunidad de Nuevo Mundo me llamaron con urgencia y lograron que bajara del monte hasta su pueblo. Lo hicieron porque ellos me conocen y saben que soy un verdadero chamán.

Querían contarme sobre un problema muy grave y que los tenía muy preocupados; así que cuando llegué, hombres, mujeres y niños se sentaron alrededor mío y el jefe de la comunidad me dijo: “Seripigari, hace años que no podemos cruzar por el lado izquierdo del gran río Urubamba. Allí vive un monstruo gigantesco que voltea las embarcaciones y todas las personas y las cosas que viajan en estas desaparecen en instantes. Está acabando con nosotros, los matsigenka”.

El águila arpía, que es su cómplice, se para en el árbol más alto y silba tan fuerte que el monstruo se despierta y sale a flote: “¡kuin, Keatsi, kuin, Keatsi!”, le grita el águila arpía.

Mi nombre en matsigenka es “seripigari”, que significa “chamán”. Los chamanes somos brujos buenos porque hacemos magia para ayudar a los otros. También nos dicen curanderos.

Supe de Keatsi hace muchísimos años. Pero nunca pensé que seguía haciendo de las suyas en el gran río Urubamba. Lo vi en más de una ocasión, aunque no completamente porque o sacaba la cabeza o mostraba sus grandes antenas. A veces parecía un pez zungaro de enormes dimensiones y otras una serpiente de muchas cabezas.

¿Cómo atacaba el Keatsi? Pues apenas el águila arpía silbaba, él salía a flote y, con su enorme cuerpo de monstruo, movía las tranquilas aguas del río, originando remolinos. El río se agitaba tanto que las embarcaciones se volteaban y todo lo que iba adentro terminaba en las hambrientas fauces del Keatsi.

“¿Por qué no cruzan hasta el otro lado por Mipaya?”, le pregunté al jefe de Nuevo Mundo. Me explicó entonces que sí se podía cruzar por Mipaya, una comunidad cercana, pero que eso les significaba muchísimas horas de camino. Días perdidos. Cuando por el río apenas tardaban unas cuantas horas.

“Ayúdanos por favor, seripigari, ayúdanos”, me suplicaron.

Entonces, regresé al monte a recoger las plantas mágicas y las puse a hervir en harta agua durante varias horas. Luego, tomé el brebaje mientras cantaba un icaro, que es como se llaman las canciones que cantamos los chamanes para llenarnos de energía y poder.

Mientras cantaba tuve una visión: me vi a mí mismo en medio del gran río Urubamba conversando con el Keatsi y pidiéndole que se vaya. Volví entonces a Nuevo Mundo y en el camino me crucé primero con un otorongo, después con un venado, más adelante con un guacamayo y, por último, con una tarántula. Y como yo puedo hablar con los animales, le pregunté a cada uno de ellos cuál sería la mejor manera de llegar hasta donde vive el Keatsi.

Los cuatro me contestaron lo mismo: “Toma tu balsa y navega hasta encontrarlo”. Seguí caminando y también hablé con muchos árboles y plantas mágicas y a todos les pregunté cuál sería la mejor manera de llegar hasta donde vive el Keatsi. Y todos me contestaron lo mismo: “Toma tu balsa y navega hasta encontrarlo”.

Los preparativos de mi encuentro con el Keatsi demoraron algunos días. En mi visión había visto que debía de navegar de madrugada y en medio de la bruma. Así que, en compañía de toda la comunidad de Nuevo Mundo, esperé con paciencia a que amaneciera todo nublado. Además, ya tenía preparado mi brebaje de plantas mágicas para poder entenderme con el monstruo apenas lo encontrara.

Y así fue como subí a mi balsa y me perdí entre la neblina. Sabía que cuando escuchara el silbido del águila arpía, estaría llegando al lugar adecuado. Navegué y navegué, solo entre la bruma, hasta que por fin escuché el silbido el águila arpía. Al mismo tiempo, el río, que estaba tan tranquilo, comenzó a moverse originando remolinos. Pero yo seguí adelante. “¡Kuin, Keatsi, kuin, Keatsi!”, le gritaba el águila arpía.

De pronto, asomó desde lo más profundo del gran río Urubamba una de las enormes antenas del monstruo… y, al poco ratito, su gran cabeza, semejante a la de un pez zungaro. En ese momento, tomé mi brebaje y le pregunté: “¿Quién eres tú? ¿Por qué haces tanto daño?”. Pero él no me respondía. Entraba y salía del río. A veces sacaba una o dos grandes antenas. A ratos asomaba su enorme cabeza y a ratos la hundía. Pero no me respondía. “¿Quién eres tú? ¿Por qué haces tanto daño?”, le volví a preguntar. Pero no me respondía. Me di cuenta de que el Keatsi no entendía mi idioma, por lo que decidí darle una orden con mucha energía: “Escúchame, Keatsi –le grité con toda la fuerza de mis pulmones– estás matando a mucha gente y eso no puede ser. Tienes que irte lejos de aquí, donde no le hagas daño a nadie”.

Pareció entenderme, pero no se movió. Entonces, yo pude saber su respuesta con solo mirarlo a los ojos: “No tengo a donde ir”, me dijo. “Bueno, te quedarás acá, pero ya no le harás daño a la gente. Húndete lo más que puedas y busca un pozo en el fondo del río. Ahí vivirás de ahora en adelante”, le ordené.

Y mientras el Keatsi se hundía, yo conseguí una piedra más grande que él, que pude mover con mis poderes mágicos. Y con esa piedra tapé el pozo del monstruo para que no vuelva a salir. Volví cansado a la comunidad, pero muy satisfecho. Todos se alegraron muchísimo cuando les conté lo que había sucedido. Y bailamos y cantamos y tomamos masato. El peligro había desaparecido… Pero no para siempre.

Y es que una noche, pasados algunos años, y gracias a mis poderes, tuve otra visión. Vi que un día habría un terremoto muy fuerte, tan fuerte, que movería la piedra y liberaría al monstruo. Lo bueno y lo que me dejó muy tranquilo es que también vi que eso ocurriría dentro de tantísimo tiempo que nosotros, los matsigenka, ya estaremos viviendo en otro lugar, ¡más hermoso que este todavía!

Fin

Nanti matsigenka pairo nagaveavagetakero magatiro parikotipageku. Paniro nagaveakera naro nonkoneatakera ontiri aikiro nompegakempara shintsipage anta maanityo nonkireatakite ontirika maani nomatsivokaatakite. Nagaveake nonakera choeni aka, aikiro nagaveake nonavagetakera samani ontitari naranake. Onti nopirinivageti nokenkitsatirira saankaritepage, noneanontaigirira ganiri imatsigaigi ontiri nopegakotavakerora posantepage ovegaga mantsigarintsipage. Nogavintantavakarotari oga pankirintsi opaitaganirira kamarampi, saaro ontiri seri, novetsikakerora noviigatakarora omutakotakena nonegiteakerora magatiro nomatsivokaavetakempatyo ontiri nokemavakera garatyo tyani iniavageigana.

Ogari okavuataganira inchatoshipage ontitari oshintsitake agaveake onegiteaganakaerora magatiro ontiri oneakenkanira tyara onkantanakempara impogini. Irorortari ogotantavakenkanira tyara onkantakempara kamani pashini, oka impokapaakera kashiri, ontirika tyarikara onkantakempara avisagiteavagetanakerika tovaiti shiriagarini.

Otimake kameti patiro kutagitei, yogari timantaigarorira yapatoiganara noevomuntokunirira ikaemakagantaigakena noatakera shintsi irootari yagaveaigakena noatakera noponianakara inkenishiku noatakera anta itimaigira yapatoigakara. Onti ikaemashiigakena yogoigaketari nagaveakero nopegakara seripigari.

Ikoaigaketari inkamantaigakenara ashi otimakera niagantsi irorotari ipiriventaigake ikenkiakoigakerora tovaiti, impo irorotyo nogonketapakara yogaegiri surariegi ontiri tsinaneegi aikiro ananekiegi, ipiriniigapake anta yonkuatakoigakenara impo yogari intinkami inkantana: “Seripigari, avisanake tovaiti shiriagarini tera nagaveaigae nomonteavageigaera anta intatiku eni. Ariotari kara itimake Keatsi imaranerikatyo kara irirotari shonkakoigiri atovaireegi kara ipegageiganaka yokajaigakara tyanirika koankitsi iravisanakera ipegageigamatakatyo kara. Ariotari oka itsonkaiganakena anka notimaigira omatsigenkataganira”.

Aikiro ikamantaigakena ikenkiaganira ariorika ineventaigavakarora yamaatakoigapaakera, omarapageniku aikiro ontirika otyomiati onake pitotsi, ikoaigakera imonteaigakera intati eniku, ogatyo iponiaka imarane pakitsa, irirotari kamantavakeri yoga imposhitoni Keatsi kametini irovetsikakempara irogiavakera inigantakera.

Yogari imarane Pakitsa, intitari yoga kamantagetiririra, yagatavagetaketyo omaraneku inchato inavagetityo enoku irorotari isuvatakera ishintsitakovagetirotyo kara impoteni irogireakerira imposhitoni Keatsi ario kara ikonteatanakera: “¡kuin, Keatsi, kuin, Keatsi”!, ikaemanakera imarane pakitsa.

Antari novairo matsigenkaku, nopaita seripigari, onkantakera gaveavagetatsirira. Yogari seripigariegi nantiegitari kavintsantaigatsirira ontitari nantaigirora nomutakovageigirira atovaireegi,aikiro ipaitaigana gavintantaigatsirira.

Nokemakotiri pairani itimira Keatsi. Kantankicha tera nosuretemparo aiñoratyo inoshikanti kara itimakera omaraaneku eni.

Noneavetakari pairani patiro kutagiteri, kantankicha tera noneasanoteri maganiro ivatsaku ontitari ikonteatapinitake igitoku ontiri aikiro otsa itsagaro. Aikiro onti ikañovetakari omani imarane kara ontirika aikiro ikenkiagani pashini onti ikañovetakari maranke ontovaigavagetityo igito.

¿Tyara ikantara anta inoshikantira Keatsi? Irorotyo isuvatanakera yoga imarane pakitsa, irirompatyo ogatyo ikenake ikonteatanakera yaravonkaatapaakera. Aikiro ikoneatapaakera imaragantanityo kara imposhitoni Keatsi, yovonkaatapaakerora oani eni kametiavetankicharira onake, ogatyo okenake otiontasegantanakara. Ogari eni ovoresetanakera kara irorotari oga okenake pitotsipage oshonkagematanakara ontiri magatiro shonkegetacharira maganirotyo iatakoigake anta inigaigavakerira imposhitoni Keatsi. “¿Matsi tera iravisaige inkenaiganakera apisotateni oatakerora mipayaku?”, Nokoakotagantakeri yoga itinkami Noevomontokunirira.

Inkamantagetakena ikanti iragaveaigake inkenaiganakerora oatakara mipayaku, ariotari kara ochoenivetaka, kantankicha inkanti antakona onake iranujiganakerora samanitari onake, avisanake tovaiti kutagiteri, antari ikenaigakerora oaku chueni onake tera osamanite. “Mutakovageigena, seripigari mutakovageigena”, ikantaigakenara.

Irortari nopigantanaarira anta inkenishiku nokogakera oga kamarampi ontitari nonkotakero okovanakera osamanitakovagetake kara omaniatanakera oani. Impo noviikakaro oani nomarentakotakaro ariotari okantagani matikagantsi imatikaigirira seripigaripage kametini onkianakera magatiro shintsitaganakaerira ontiri agaveavagetanakerora.

Antari nopitake nomatikavagetakera oponiashitapaana nonegiteanakerora magatiro: nanti neacha naro nonavagetake nigankia omaraneku eni nonianitakerira yoga Keatsi nokantakerira kara irishiganakera parikoti.

Nopigavetaa anta noevomontoku, anta avotsiku iketyo notonkivoaka yavisanake matsontsori, impogini notonkivokari maniro, impo antakona noaveta notonkivoari kimaro y oyashitanakera okoneatapake tintiro. Nagaveaketari noniakerira inkenishipagekunirira, nokoakotagantaigavakeri paniropage, tyatira kametitankitsira ashi nonkenanakera nogonketakotakemparira inakera itimira Keatsi.

Maganiro pitepageniroegi omirinka ikantaigana: “Kenantanakemparo shintipoa pamaatakotanake ario kara pintokivoakempari pineakerira”. Nomatanairo nanuitanai aikiro noniaigakero tovaiti inchatopage ontiri pankirintsipage gavintantagetatsirira, magatiroegi nokoakoigakero tyatira kametitankitsira nonkenanakera nogonketakotakemparira inakera itimira Keatsi.

Impo magatiroegi omirinka okantaigana: “Kenantanakemparo shintipoa pamaatakotanake ario kara pintokivoakempari pineakerira”.

Okari novetsikashitakarira otyara ashi noneakerira itimira Keatsi, avisagiteanake tovaitikona kutagiteri. Antari okoneatimotakenara nonegiteakerora noneakero okanti ariotari namaatakotanake tsitetyamani ontiri omarorosekantanakera. Impo irorotari maganiro notsipaiganakarira timantaigarorira noevomontoku, ironi nogiakero avisanakera onkutagitetanakera magatiro amokakera.

Aikiro mataka novetsikakero nonkoatakero kamarampi kametini nagaveakera noniakerira nontokivoakemparira yoga ivegaga Keatsi.

Impo ario okañotaka noyaganakara anta noshintipoareku ario kara nopegakovagetanakaro nokiakotanakerora anta omarorosekantakera. Nogotakeri ariorika nonkemakeri isuvatanakera imarane pakitsa, mataka gonketanaka inakera itimakera imposhitoni Keatsi.

Namaatakovagetanake, nokiakotanake aikiro anta apavatsaasetanakara amokanakera, impo nokemutarityo isuvatanakera imarane pakitsa. Ogatyo okemake, oga nia, okametiavetakara onake, ovoresematanaketyo aikiro otiontasegantanakara. Naro ariompa noatanakeri namaatakotanakera. “¡Kuin, Keatsi, Kuin, Keatsi”!, Ikaemanakera imarane pakitsa.

Impo noneitarityo, yogorankaatapaaka iponiavagetapaakarora saviaku oga omaraane eni ogorankatanakara itsagaro imposhitoni Keatsi… impo ario osamanitanake, okonteatanakera omaranetyo igito kara, okañovetakaro igito omani. Irotyo oga, nagi noviikakarora kamarampi impo nokoakotagantakerira:

“¿Tyaniratyo viro? ¿Tyara okantakara pinigantakera?”. Impo Irirori tera iriniena. Onti Ikivikiviatanake anta eniku. Okonteatanakera patiro aikiro piteti itsagaro omaratsantsapagetyo kara. Impo ario osamanitanake ogorankaatapaaka omarane igito aikiro ario osamanitake ikiviaatanai. Kantankicha teratyo irineana.

“¿Tyanira viro? ¿Matsi tyara okantakara pinoshikantakera?”, nogipigutarityo aikiro nokoakotairira. Impo nogotavakeri naro yoari Keatsi tera inkemero noniakerira ovashi nosuretanakaro nokanti nontigankarerira noneagakemparira: “Kemisantena, Keatsi, -nokaemakotakerira noshintsitakovagetakerityo kara- pogamaganake tovaini matsigenkaegi tera ario onkantenkani. Piatakera pamerenkanakera parikotipage samani, ganiri poverantai aka notimaigira”.

Kañotaka ariokari ikemakena, kantankicha tera iroempa. Impo, ario nogotakeri nokamagutakerira irokiaku: ikantana “Tera nogote tyara noatakera”. “Kametitake, nokantiri kantaka pinakera aka kantankicha gara pinoshikantavagetai pogamaganakeri matsigenkaegi. Pintsitiganakera piavagetakera anta osaviatasanotakera pintimaera anta omonkiatakera eniku. Narotari peratakari. Ario kara pintimae”.

Impo yogari Keatsi iatakera isavinkaatanakera nonoshikake patiro mapu omarane avisakeri irirori ontitari shintsitagakena oga novigatakarora kamarampi Irorotari oga mapu noshapitakotantakari inakera omonkiaku ganiri ikontetanai impogini.

Nopigaveta shigopitakena anta notimira, kantakicha shinetakana. Maganiroegi ishinevageigaka tovaiti anta nokamantaigapaakerira noneakerira nopugamentaigakerira. Impo ario kara notosovageigake, nomatikavageigake aikiro novikaigakara shitea. Yogari kovenkatatsirira ario kara ipegakaro… Kantankicha tesakona impegasanotempa.

Impo otimake patiro pavatsari, avisavagetanakara tovaiti shiriagarinipage, ontiri gamera otimi oga nagaveane, impo ario kara nokisanitakotairo. Ario kara noneakero ontimakera impogini oshintsiva ontininkakempara kipatsi, pairo oshintsitake, ario oakerora mapu irorotari inkontetantanaemparira Keatsi.

Oka kametitankitsirira ogishineanara ganiri nopankinata ontitari nogotakero oga ontininkakemparika kipatsi impogini ontimakerookari avisagitevagetanakera tovaiti shiriagarinipage, garorokari oneagani otimaganira maika, aroegi matsigenkaegi, atavageigakairorookari timaigaera parikoti, ¡anta pairo okametigitesanotake anta oka otimunkanira maika!

Okaratapaakera.

LA VIDA DE LAS LENGUAS

Rescatar los relatos yine y matsigenka es un paso crucial en la revitalización de sus lenguas originarias. Por ello, la empresa Pluspetrol, junto a las comunidades de Miaría y Nuevo Mundo, trabajaron en la campaña Lenguas Legendarias y El Libro de Nuestra Selva. El objetivo: recuperar y revitalizar las lenguas originarias de estos pueblos recopilando cuatro cuentos tradicionales en sus lenguas maternas, traduciéndolos al español y llevándolos al impreso en libros ilustrados que más de 2.000 niños de estas comunidades recibieron. Además, estas narraciones se llevaron a una plataforma digital de libre acceso que la compañía esta relanzando este mes para ayudar a continuar con la educación de estas comunidades durante el periodo de aislamiento social decretado por el Estado ante el avance del coronavirus. 

“Los pueblos que persisten son aquellos que mantienen su lengua, su cultura y su vitalidad en sí”, señala Agustín Panizo, lingüista y exdirector de Lenguas Indígenas del Ministerio de Cultura. Para él, las lenguas originarias son derechos fundamentales y vitales que fortalecen a los pueblos indígenas y a los 4,3 millones de peruanos que nacieron con una de las 48 lenguas diferentes al español, según el último Censo Nacional 2017 del INEI. De estas, Panizo indica que 3 de ellas están en peligro de desaparecer y 18 en serio peligro de desaparecer.

Rittma Urquía conoce bien esta realidad por eso decidió participar como narradora principal en la iniciativa promovida por Pluspetrol. Desde hace ocho, ella trabaja incansablemente en la producción de textos académicos —tres de ellos registrados en la Biblioteca Nacional— sobre su pueblo y en la elaboración de recursos educativos bilingües para evitar que su lengua se vea amenazada con desaparecer. Material que, en este nuevo contexto, se ha convertido en un soporte para la identidad cultural de su pueblo en momentos adversos.

Mariposa
Loro
Mariposa

Los cuentos que vendrán

Son tiempos de retos en el Bajo Urubamba. Desde el anuncio de la cuarentena a nivel nacional se han detectado 8.632 casos de coronavirus en las comunidades amazónicas, 18 de ellos pertenecientes al pueblo yine, según el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAP). Ante este panorama, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Salud y Pluspetrol, han sumado esfuerzos para llevar información en lenguas nativas sobre prevención ante la COVID-19, llegando a 21 comunidades nativas de la red Camisea.

El avance de la pandemia ha encontrado a los habitantes de estas comunidades en el camino de preservar su cultura. En Nuevo Mundo, Yenni Díaz, hija de Angel Díaz, impulsa la asociación de artesanas ‘Maviki’, quienes reciben capacitaciones y asesoramiento de la empresa Camisea. En Miaría, Elvin Laureano, dirigente comunal, aún practica la pesca tradicional para transmitir conocimientos a sus hijos. Teresa Sebastián, maestra tejedora yine, enseña su arte de las mujeres y a sus descendientes. Mientras que Rittma Urquía y Angel Díaz participan en acciones como la campaña Lenguas Legendarias para revitalizar el yine y el matsigenka.

Para estos pueblos, la presencia del coronavirus dentro de sus comunidades no solo representa un grave peligro a su salud, sino que también es una amenaza en la preservación de sus culturas. La población más vulnerable ante esta enfermedad son los adultos mayores, los sabios —seripigari para los matsigenkas—, considerados los últimos guardianes de los saberes antiguos en cada pueblo.  Personas como Angel Diaz que, con más de 60 años, conserva en su memoria el arte de conocer y conversar con las plantas medicinales que crecen en su jardín. Una habilidad que heredó de su abuelo y que, ahora, ansía dejar a sus nietos o a cualquiera que se muestre interesado en aprender sobre su lengua y su pueblo con una sonrisa para no dejar que esa sabiduría desaparezca en el tiempo.

Para tener información sobre medidas de prevención e información acerca del coronavirus en lenguas originarias, ingresa aquí.

 

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