Mamá y Familia

Colecho: ¿Por qué es beneficioso dormir junto a tu bebé?

Pernoctar juntos es un acto de protección natural. Sin embargo, hay que tomar previsiones para que sea una práctica segura.

Colecho: ¿Por qué es beneficioso dormir junto a tu bebé?

Para realizar un colecho seguro, el bebé debe estar acostado al lado de la mamá. Así se mantendrá protegido.

Martes 29 de enero del 2019

“Sentir a mi hija cerca mío mientras duerme es la emoción más completa”, confiesa Erika Carrillo, mamá de Amanda Sofía de casi un año. Sus motivos para iniciar el colecho fueron darle el pecho y asegurarse que estuviera bien durante el sueño nocturno. Hoy, continúa con la lactancia, pero ha sumado el plus del intercambio de miradas cómplices por la mañana, como un asidero para seguir compartiendo la cama con su pequeña.

El colecho, como se le conoce al acto de dormir con tu bebé, es una práctica que data desde la existencia de las primeras civilizaciones en la tierra. Los padres compartían el lecho para evitar que sus hijos fueran presa fácil de los depredadores. En el reino animal, sin ir muy lejos, los mamíferos duermen con sus crías, las arrullan y las protegen con sus cuerpos.

DUDAS PRINCIPALES
¿Cómo poner en práctica adecuadamente el colecho?, ¿qué hay con la muerte súbita del lactante? y ¿hasta qué edad es apropiado hacerlo? son algunas de las dudas más frecuentes que los padres manifiestan en las consultas médicas.

Lo primero que sugiere Noel Maresca, asesora en lactancia, doula y directora de Home Natal, es que el colecho sea el resultado de la decisión consensuada entre ambos padres. “Suele ocurrir que la madre toma la determinación de colechar y eso puede traer conflictos a la pareja”, señala. Por tanto, lo mejor es que sea una elección y no una obligación.

BENEFICIOS DE COLECHAR
La práctica de dormir juntos favorece la lactancia materna, en tanto que la mamá puede ofrecer el pecho las veces que el bebé lo requiera sin necesidad de levantarse de la cama. Maresca afirma que el colecho también reduce el síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL), porque el bebé aprende a regular su temperatura y frecuencia cardiaca con la de su mamá, manteniendo estable sus signos vitales. Además, la madre puede observarlo y asegurarse que su pequeño está a salvo.

Sin embargo, no todos los especialistas aseguran de que exista esa relación favorable con el síndrome de la muerte súbita. El pediatra y neonatólogo Gustavo Rivara es defensor del colecho, pero recomienda no ponerlo en práctica durante los tres primeros meses de vida, debido a que el sobrecalentamiento de la cama, el uso de colchones muy blandos o el sueño muy profundo de los padres puede desencadenar en SMSL.

En su lugar, aconseja el uso de cunas que se anexan al lecho matrimonial. “Les permiten dormir en la misma habitación, en la misma superficie, pero cada quien en su espacio”, explica.

En todo caso, no se aconseja colocar al bebé entre ambos padres. Para un colecho seguro, lo mejor es acostarlo a un costado de la mamá, quien es finalmente la que lo alimentará.

Ese contacto piel con piel entre padres e hijos mientras duermen juntos proporciona beneficios, que se mantienen cuando los bebés crecen y se convierten en infantes. Genera conexión emocional y mejora los vínculos afectivos; se atienden oportunamente las necesidades que pueda manifestar el niño durante la noche y favorece la calidad del sueño de los miembros de la familia, según comenta María del Pilar Vicente, psicoterapeuta y creadora de Gestando una idea.

TIEMPO ADECUADO
No hay una respuesta mágica, categórica ni certera que diga hasta cuándo es recomendable practicar el colecho. Duerme con tu niño hasta el día que tu corazón te lo dicte o que él dé muestras que está preparado para ir a su cuarto. “Ningún libro o artículo científico te dirá el momento en el que debes detenerte y hacer a un lado a tu hijo”, enfatiza Rivara.

Se trata de una decisión familiar, que involucra a todos los que comparten la cama. Lo aconsejable es observar a tu hijo para identificar si está listo para irse a su propio cuarto y hacer este tránsito de a poco. La clave es mantener la rutina del sueño, según aconseja Vicente. “Solo se está variando el lugar físico para dormir, más no el hábito alrededor de ir a la cama”, acota.

Sus sugerencias incluyen acostarlo a la misma hora, leerle un cuento como hacían cuando dormían juntos y acompañarlo en todo el proceso hasta que se habitúe a la nueva dinámica de acostarse en su habitación. No menos importante, paciencia y mucho amor.

✎ Escribe: Fiorella Iberico

 

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