Mamá y Familia

¿Es posible educar bien a tus hijos sin tener que castigarlos?

La consecuencia de sus actos permite una compresión del error y no un aleccionamiento por miedo.

¿Es posible educar bien a tus hijos sin tener que castigarlos?

Ten paciencia y dedica algunos minutos para explicarle a tu hijo las consecuencias de actuar de una u otra manera.

Martes 18 de diciembre del 2018

Simulemos una situación. Cuando vas en el auto, ¿te pones el cinturón de seguridad por miedo a la multa o porque es importante protegerte?, ¿lo haces por aprensión o porque entiendes la norma? Este ejemplo es extrapolable al día a día con tus hijos, cuando tratas de corregir un comportamiento inadecuado aplicando el castigo.

Al usar esta figura, el motor principal para erradicar una conducta es el miedo, no la comprensión del error. ¿Hay aprendizaje detrás de esta acción? Claramente, no. La consecuencia del acto es la mejor estrategia para educar en lugar de adiestrar, porque el niño entiende el motivo de su acción y la repercusión que tendrá.

Es algo natural, que fluye de determinados comportamientos y no la impone nadie, produce aprendizaje a largo plazo y pese a que puede acarrear sufrimiento para él, no es infringido por otra persona.

ENSEÑAR SIN IMPONER
¿Cómo ponerla en práctica? Melissa Valdivia, educadora y psicomotricista, explica que todo parte del propio niño. Desde sus primeros años, debemos ayudarlo a desarrollar recursos propios para autoconocerse y autoregularse. Eso implica darle libertad con límites. “Él debe ser el protagonista de su propia acción”, afirma.

De ahí que cuando surja una transgresión a la norma, verá la consecuencia como un hecho generado por su actuar y no como una imposición del adulto. En ese panorama, será más eficaz dedicar unos minutos para explicarle al niño qué ocurre cuando procede de una manera u otra, lo que acarrea una acción, la importancia de las reglas, incluso acordar un compromiso mutuo para encontrar una solución, que privarlo de algo como castigo.

PAUTAS PARA LOGRARLO
Toma en cuenta las siguiente recomendaciones. 

-La consecuencia debe ser concreta y derivada de un hecho directo. “Si no recoges los juguetes, no podremos ir al parque”, “tu baño durará menos tiempo, porque preferiste ver la televisión unos minutos más”. Por ejemplo.

-Debe aplicarse aquí y ahora. En el caso de los niños pequeños, su noción del tiempo es inexistente, sostiene Lara Aguirre, terapeuta y fundadora de Psicólogas SOS. Por eso, el efecto de su acción debe ser inmediato.

-Jamás debe involucrar la parte afectiva. “Si no comes tus alimentos, me pondré triste”, “como no aseaste tu habitación, te voy a dejar de querer”. Eso solo consigue hacer al niño una persona insegura y dependiente del exterior, comenta Melissa.

-El proceso debe estar acompañado de empatía.  De acuerdo con Lara, ello permite que la reflexión se dé en un contexto saludable y armónico. Ten en cuenta que la empatía no se enseña con lección, sino a través del ejemplo.

✎ Escribe: Fiorella Iberico

 

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