Mamá y Mujer

Las mamás detrás del éxito de los seleccionados peruanos

Las madres de Christian Cueva, Miguel Araujo y Renato Tapia son un apoyo para ellos, un soporte para salir adelante y salir fortalecidos de cualquier adversidad.

Las mamás detrás del éxito de los seleccionados peruanos Las mamás detrás del éxito de los seleccionados peruanos

Ellas son mujeres que saben lo que es compartir penas y glorias con sus hijos, alentarlos y mostrarles lo bueno en las situaciones más adversas.

Viernes 18 de mayo del 2018

Tuvieron que pasar 36 años para que el Perú volviera a sentir la alegría mundialista. Pero la victoria no solo se la debemos a nuestros aguerridos jugadores que dejaron todo en la cancha, sino también a sus madres, quienes los apoyan todo el tiempo y están siempre detrás de sus éxitos y sus derrotas, en las buenas y en las malas y sudan la gota gorda para sacarlos a adelante.

Maqui Bravo, mamá de Christian Cueva; Marilú Blanco, mamá de Miguel Araujo; Nancy Cortijo, mamá de Renato Tapia son las mujeres que criaron para ganar a estos guerreros, mujeres que saben lo que es compartir penas y glorias con sus hijos, alentarlos, mostrarles lo bueno en las situaciones más adversas. Ahora, ellas nos regalan sus historias.                

SUEÑO CUMPLIDO
Maqui Bravo
quedó embarazada por primera vez cuando era estudiante de Contabilidad. Esto significó para ella elegir entre ser mamá a tiempo completo o compartir la crianza con una carrera universitaria. Muy segura y cargada de expectativas, no tuvo que pensarlo dos veces.

“Decidí dejar la parte profesional por un tiempo y trabajé y luché para que mis hijos no tuvieran que pasar por eso. Después, cuando crecieron, decidí retomar los estudios”, cuenta la mamá de Christian Cueva. Con Christian le tocó vivir de todo, desde trasnocharse porque su hijo se escapaba a jugar fútbol incluso a las once de la noche, hasta llevarlo a sus entrenamientos y asistir a cada uno de sus campeonatos para apoyarlo desde la tribuna.

Y es que cuando un hijo tiene un sueño, este se convierte en el de la madre también y no hay mejor manera de cumplirlo que transitar juntos por el camino. “Para mí es lo máximo que ellos ya sepan defenderse en la vida, porque para eso una los prepara, para la vida”, señala Maqui.

Si todos los hinchas vivimos con una gran emoción los partidos, cada pase, cada gol y cada falta… imagínense cómo ve los partidos Maqui. “Sufro demasiado, no puedo estar quieta”, dice. Y es verdad, ella tiene que ver el juego sola y su esposo debe vigilarla de rato en rato para asegurarse de que se encuentra bien.

Aunque Maqui pasó el Día de la Madre alejada de Christian, la conexión que tiene con él es demasiado fuerte como para no sentirlo siempre con ella, en su corazón y en sus pensamientos. “Él siempre está presente con sus detalles, no sé cómo hace, pero siempre se encarga de hacerme llegar algo”, señala Maqui. “Creo que ser madre es la máxima expresión y los hijos se aman por sobre todas las cosas”, agrega.
 

APOYO INCONDICIONAL
El día en que Marilú Blanco tuvo por primera vez en sus brazos a Miguel Araujo, supo cuál sería el futuro de su primogénito. “El doctor me dijo: señora, mire esas ‘patazas’ y esas canillas. Este chiquito va a ser jugador de fútbol”, recuerda.  Y no se equivocó. A los 14 años Miguel ya jugaba profesionalmente para el club Cobresol, de Moquegua, razón por la cual se mudó a la ciudad para dedicarse de lleno a su pasión.

Para Marilú no fue fácil verlo alejarse, sin embargo su amor incondicional y el deseo de ver a su hijo realizado hicieron más llevadera la despedida. “Siempre he querido que mis hijos tengan lo que deseen y nosotros debemos estar ahí”, asegura Marilú.

Por supuesto, a veces la ha invadido la preocupación, la tristeza y hasta la soledad y el miedo; sin embargo, como mamá sabe que es necesario realizar algunos sacrificios para obtener recompensas.  En medio de todo, Marilú siempre estuvo pendiente de las necesidades de Miguel. Aunque pasó muchos cumpleaños y días especiales separada de su hijo, tenía muy claro que su deber era apoyarlo y seguir adelante. “Nuestros sueños ya fueron, ahora son los sueños de él”, pensaba Marilú.

Así logró que su hijo llegara hasta la selección peruana y formara parte de esa generación que ha marcado un hito en la historia del fútbol nacional. Ahora mismo, madre e hijo están separados por la distancia, pero unidos por sus sentimientos. “Mi corazón de madre siempre va a estar contigo, siempre”, le dice a su hijo.
 

UN BUEN EJEMPLO
Renato Tapia ha demostrado que la edad no es impedimento para destacar. A sus 23 años, es un mundialista, gracias a su trabajo constante, compromiso y dedicación. El poder de decisión lo heredó de Nancy Cortijo, su madre.

“Fui madre muy joven y eso significó dejar de lado las fiestas, porque quería ser un ejemplo para mis hijos. Por eso mismo también terminé mi carrera y estudié una maestría”, comenta Nancy.

Siempre ha tratado de inculcarle sus valores a Renato. Cuando él daba sus primeros pasos en el mundo del fútbol, lo invitaron a una fiesta de quince años y ella, junto con esposo le inculcaron la responsabilidad deportiva y le explicaron que, si quería ser un profesional del fútbol, tenía que hacer ciertos sacrificios. “Su papá le dijo: ¿Dónde has visto un futbolista fiestero? Al día siguiente, Renato me dice que ha elegido el fútbol”, cuenta la mamá.

El amor, la comprensión la comunicación y sobre todo el ejemplo son las mejores vías para enseñar. Nancy siempre lo supo. Ella ha acompañado a su hijo en cada derrota y en cada triunfo. Le enseñó que no existen obstáculos tan grandes que a uno le impidan cumplir sus sueños.

“Él tenía que levantarse a las cinco de la mañana para estudiar, pero me pedía que yo le leyera los textos. Entonces tuve que aprender también para explicarle”, recuerda. “Ahora cuando juega Perú voy a verlo al estadio. Soy muy juiciosa, veo en qué falló y en qué no y se lo digo”, agrega Nancy.

El orgullo de toda de madre es ver a sus hijos realizados. Sin embargo, una mamá sabe que ahí no acaba todo, pues el rol de madre continúa hasta nuestros últimos días de vida. Todas las madres mundialistas saben que el camino de la gloria está cubierto de obstáculos que se deben superar y que el papel de la madre es enseñar a sus hijos, desde pequeños, a ser fuertes y a aceptar cada pequeña derrota como una oportunidad de aprendizaje que los llevará a alcanzar algo más grande.
 

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