Redacción ContentLab
Lunes 03 de agosto del 2020

“En un momento me puse a pensar que ya no íbamos a poder vivir las distintas experiencias con mis amigos y amigas, que ya no podría hacer lo que había planeado: prepararme para la universidad, ingresar, ir a un instituto o inscribirme en un taller. Nada”. Con este lamento de Milagros Flores (17 años, vecina de Carabayllo) comienza el informe “120 días de COVID-19, 120 días de acción en el Perú”, publicado por UNICEF, que presenta los múltiples efectos que ha tenido la pandemia del coronavirus en los niños, niñas y adolescentes del país.

Si bien esta población ha sido la menos perjudicada por los síntomas del virus, sí han visto afectado su presente y futuro por diversos factores: se suspendió el servicio CRED, del MINSA, que permite vacunar y controlar el crecimiento y desarrollo de seis de cada diez niñas y niños menores de tres años; el miedo al contagio impulsó a que muchas madres dejen de dar de lactar a sus bebes; la educación a distancia no estuvo al alcance de gran parte de los menores que viven en localidades periurbanas y rurales, debido a la falta de internet; y se reportó 2021 casos de violencia familiar, así como 299 casos de violación contra menores.

“La pandemia no los ha vuelto vulnerables necesariamente ante el COVID-19, pero sí ante muchos otros factores y oportunidades perdidas”, advierte Mariana Muzzi, representante adjunta de UNICEF. “A largo plazo, las consecuencias puede ser muy fuertes porque, por ejemplo, no tener estimulación temprana o servicios de atención de control de salud básica puede comprometer el desarrollo cognitivo. Y, en el caso educativo, si los índices de aprendizajes en lengua y matemática ya eran bajos, puede que caigan más”.

Ante la crítica coyuntura, la organización ha desplegado diversos formatos digitales e impresos en distintas lenguas, para hacer llegar a las comunidades del país información crucial para el cuidado contra el virus y la crianza de los hijos durante el aislamiento social.

UNICEF también ha desplegado acciones junto con múltiples ministerios. Entre otras iniciativas, asesoró al MINEDU en la creación de los contenidos del programa Aprendo en Casa, apoyó al MINSA en la realización de protocolos para promover la lactancia y trabajó junto con el MINJUS en la gestión de gracias presidenciales para algunos menores que cumplían condenas.

La organización Aldeas Infantiles SOS también se vio en la necesidad de ampliar sus rangos de acción, debido al impacto de la pandemia en la población infantil. A sus programas de fortalecimiento familiar y de resguardo temporal de niños y niñas que han perdido el cuidado de sus padres, durante estos meses han sumado esfuerzos brindando apoyo psicológico y donando dinero y alimentos a 350 familias en situación de riesgo.

La organización también ha lanzado la campaña “Nada nos detiene”, que busca atraer nuevos socios. Mediante esta iniciativa intentan recuperarse de la pérdida del 32% de sus ingresos, debido al impacto que ha tenido la coyuntura en sus donantes habituales.

Tener presentes las problemáticas que viven los menores en nuestro país nos ayuda a recordar que el desafío al que nos enfrenta la pandemia es una amenaza también para esta población. Como concluye el informe de UNICEF, el compromiso de los distintos actores de la sociedad con los menores del país debería ser igual o mayor al esfuerzo con el que muchos niños y niñas del altiplano caminan por horas para poder captar la señal de una radio y continuar con su desarrollo educativo.

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