Redacción ContentLab
Lunes 21 de septiembre del 2020

En los últimos días, a algunos estudiantes de primaria de la escuela Apu Tuspin, en Áncash, les pidieron inventar algún artefacto para medir la temperatura del agua. La primavera está llegando y se percibe en las nubes que aparecen poco a poco. Entender el agua, en esta época del año, es entender un ciclo de la naturaleza. Karina Costilla, cofundadora de la escuela y profesora de primaria, está maravillada con el resultado. Un grupo de niños registró cómo perforaron mínimamente la base de un vaso de plástico, lo llenaron de agua y lo colocaron arriba del muro más alto de sus casas. Así, con las gotas que podían caer, verificaban si el agua estaba fría, tibia o caliente. Todo sin material didáctico.

A 2700 metros de altura, entre la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra, esta escuela lleva 14 años funcionando con un sistema de educación que busca fortalecer las raíces locales para consolidar el autoestima y la “ubicación en el mundo” de sus estudiantes.

“La educación que se da desde el oficialismo no es la única. Dependiendo de las cosmovisiones, hay diferentes formas de aprender y enseñar y justamente en esa diversidad es donde hay múltiples aprendizajes”, explica Costilla. Por ello, rodeada de naturaleza y comunidades agrícolas, esta escuela plantea cinco ejes fundamentales de trabajo: el cuerpo, el conocimiento, la sociedad, el espíritu y las emociones. “La matemática, la comunicación, etcétera, solo hacen un dedo de la mano. El resto de los dedos es el desarrollo humano”, plantea Alberto Cermeño, tallerista de matemática de Apu Tuspin.

UNA INTERCULTURALIDAD REAL
Según UNICEF, la educación intercultural ya era un reto antes de la pandemia del coronavirus. La organización ha advertido que los formatos a distancia han reducido aún más los contenidos educativos culturalmente pertinentes. En Perú, por ejemplo, de las 47 lenguas indígenas, solo se ofrecen programas de educación a distancia en 9 lenguas. Pero incluso esta es una limitación muy puntual.

“Uno puede traducir los nombres de las lunas al quechua, pero así se está transfiriendo la misma perspectiva científica”, aclara Costilla. “Una educación intercultural es cuando se puede entender que las nubes son parte de un cosmos de la naturaleza sin decir que eso son creencias o supersticiones, sino saberes que dan resultados en la vida diaria agrícola, por ejemplo”.

La metodología en Apu Tuspin se basa en proyectos de aprendizaje, en el entendimiento de que el aula no es el único lugar de captación de conocimientos y que cada niño tiene distintas habilidades y tiempos para desarrollarlas. Para ello, a diferencia de las escuelas tradicionales, en las que se imparte las mismas materias a grandes grupos, en Apu Tuspin se traza una metodología para cada uno de los cuarenta niños que tienen a su cargo en inicial y primaria. Todo ello enmarcado en el calendario comunal de la biodiversidad, que permite seguirle el ritmo a los ciclos de la naturaleza.

“Nos interesa una educación diferente en la que los niños puedan aprender lo que necesitan. Y no todos necesitan lo mismo”, continúa Cermeño. “Por ejemplo, lo que se entrena usualmente es la competitividad, el ser el primero. Pero nosotros creemos en la vida en comunidad. Y eso no significa ‘el trabajo en equipo’, sino disfrutar en equipo, aprender en equipo, vivir en equipo”.

Esta perspectiva ha acarreado múltiples retos. Por ejemplo, encontrar profesores que no se conciban únicamente como transmisores de conocimiento, sino como formadores que se conectan con el espíritu del niño y lo acompañan. Otro desafío ha sido el de convencer a los padres de la posibilidad de una economía solidaria donde, los que pueden, pagan para hacer viable el proyecto; y los que no, pueden contribuir con su tiempo y capacidades para, por ejemplo, ayudar con los sembríos y la cosecha del huerto.

El reto ahora es mayor. El lema de Apu Tuspin promueve la educación desde el cariño, una premisa muy difícil para la educación a distancia. Han logrado instaurar un sistema a distancia en el que los padres se han convertido en auxiliares educativos y establecido una escuela de padres online para ayudarlos a lograr una adaptación adecuada a las nuevas dinámicas, pero aún les preocupa cómo saber si un niño está triste o contento si no lo pueden mirar bien a los ojos a través de la plataforma Zoom. Sin embargo, después de más de una década pensando en nuevas formas de educar, en esta escuela están acostumbrados a que los nuevos desafíos se resuelven con nuevas respuestas. Y hacia allá van.

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