Redacción ContentLab
Martes 01 de septiembre del 2020

Si se juntara a todas las personas que han perdido el trabajo entre abril y junio de este año, se podría copar el Estadio Nacional 134 veces. Los retos para la empleabilidad después de la pandemia son abismales. Pero, en esta crisis, hay quienes tendrán que enfrentar aún más barreras: las más de 3 millones de personas con algún tipo de discapacidad que viven en el Perú, para quienes la empleabilidad ya era un reto incluso antes del coronavirus. 

La tendencia es global. Como indica la Organización Mundial de la Salud, las personas con algún tipo de discapacidad presentan mayores tasas de inactividad y desempleo. En el Perú, según el INEI, alrededor del 55% de esta población está desempleada. En el caso de quienes logran adquirir un puesto, ganan un sueldo que, en promedio, es 600 soles más bajo que el de una persona sin ningún tipo de discapacidad. La diferencia, se estima, es de 1392 a 792 soles. 

“En el Perú no hay estudios al respecto, pero la literatura sugiere que el acceso a empleos de baja remuneración puede estar directamente relacionado con el bajo nivel de empleabilidad de las personas con discapacidad, con el predominio de los prejuicios por parte de los empleadores sobre las capacidades de las personas con discapacidad o por la falta de información en la asignación de puestos, tareas y productividad de la personas con discapacidad”, señala Luis Vásquez, director de la Unidad de Servicios de Protección de Personas con Discapacidad del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. 

En ese contexto, los devastadores efectos laborales de la pandemia del coronavirus ahondan la vulnerabilidad de una población que en su mayoría no cuenta con acceso a ninguna medida relacionada con la seguridad social y dependen del trabajo de familias que, además, enfrentan gastos relacionados con la discapacidad (equipos accesibles, servicios específicos, etc.). Un panorama, subraya Vásquez, que hace que estos hogares puedan transitar más rápidamente a la situación de pobreza o agravar más la misma.

Conscientes de esta problemática, la asociación Aynimundo —que trabaja desde 2001 en la zona sur de Lima por la inclusión efectiva en la sociedad de las personas con discapacidad—, ha reformulado sus esfuerzos con cuatro acciones para mitigar el impacto en esta población:

1. Acompañamiento psicológico, a través de herramientas de contención y escucha activa

2. Capacitaciones de marketing digital

3. Asesorías sobre el manejo de plataformas digitales para procesos de empleabilidad 

4. Fortalecimiento de ideas de negocios familiares que han debido ser transformados para adaptarse a las nuevas dinámicas de distanciamiento social y digitalización 

Hasta el 2019, Aynimundo ha logrado atender a 506 personas con discapacidad en sus diferentes programas, logrando insertar a 126 de ellos en empresas de retail, panaderías, pastelerías, supermercados, cafés y call centers, entre otros. Además, ha impulsado los emprendimientos de diez familias con personas con discapacidad que, a través de la asociatividad, han logrado formar Aynisur, un conjunto de iniciativas relacionadas al tejido de confección y la repostería.

"Somos conscientes que este esfuerzo no es suficiente. Hay que terminar con la idea de que estas personas no pueden desarrollarse en diversos sectores", señala Diana Cotrina, responsable del área de Inclusión Laboral de la institución. "La digitalización quizá pueda demostrarlo, porque puede que facilite el acceso laboral de personas con discapacidades físicas, por ejemplo". 

Si bien durante varios años se ha estudiado las bondades del teletrabajo para la inclusión de esta población, esta modalidad todavía requiere el desarrollo de muchas otras aristas, aclara Vásquez, como la necesidad de que los trabajadores tengan competencias digitales, que cuenten con los equipos necesarios y, sobre todo, que la cultura organizacional de las empresas se modifique hacia una orientación que priorice los resultados y confíe en los trabajadores. 

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