Redacción ContentLab
Lunes 20 de mayo del 2019

Joaquín Leguía Orezzoli descubrió a los cinco años que tenía una conexión especial con la naturaleza. En su nueva casa descubrió un viejo huerto que se convirtió en un refugio y un lugar mágico para él durante su crecimiento. “Si este lugar fue tan importante para mí: me dio libertad, seguridad, amor y empatía, pensé que todos los niños del mundo deberían tener un espacio como este”, dice Leguía.

Bajo esa premisa fundó ANIA, la Asociación para la Niñez y su Ambiente, que desde 1995 promueve el contacto regular y positivo de los niños con la naturaleza, para inculcarles los principios del desarrollo sostenible.

Un espacio de tierra en los hogares, comunidades o escuelas -explica Leguía- genera un vínculo emocional en los niños y puede convertirse en un recurso pedagógico para la educación de calidad, como pilar para cumplir con los Objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

“Cuando crías a una planta o a un animal ellos te crían también. En la cultura andino-amazónica esto se conoce como ‘crianza recíproca’. Por eso, es costumbre que los padres les entreguen unos surcos de tierra o un animal a los niños para que se críen mutuamente, logrando formar ‘allin sonqo’ o personas de buen corazón; es decir, con empatía y compasión”, explica.

UNA NUEVA MAESTRA: LA MADRE TIERRA
Richard Louv, un periodista estadounidense, acuñó en 2005 el término “trastorno por déficit de naturaleza” en su libro Last Child in the Woods (El último niño de los bosques). El libro reúne una serie de investigaciones que demuestran que los menores pasan cada vez menos tiempo en contacto con la naturaleza por el exceso de tecnología y el acelerado ritmo de vida, y cómo esto afecta en sus capacidades de desarrollo.

“En la lógica del mundo actual, vivimos cada vez más desconectados de la naturaleza. En Estados Unidos, los presos de máxima seguridad permanecen dos horas diarias al aire libre y los niños solo una, y las personas entre los 8 y 18 años pasan 53 horas a la semana frente a una pantalla. Como consecuencia, cada vez son mayores los niveles de ansiedad, desconfianza, obesidad, estrés, carencia de empatía, disminución de la capacidad inmunológica”, advierte Leguía.

Por ello, este educador encontró el modo de hacer algo tangible al respecto y creó la metodología TiNi -Tierra de niñas, niños y jóvenes-, que consiste en un espacio de tierra de medio metro cuadrado -o para tres plantas- donde el niño siembra y cultiva para él, para su comunidad y para el planeta.

ANIA Y KIN
Para transmitir efectivamente este mensaje a los niños, Joaquín Leguía creó en 2013 los personajes de Ania y Kin. Se trata de la historia de dos hermanos que buscan crear conciencia del cuidado del medio ambiente y animan a los niños a cultivar plantas y hortalizas en estos pequeños espacios de tierra llamados TiNis.

En los más de 20 años de experiencia de ANIA, se han realizado experiencias exitosas en los colegios San Silvestre de Miraflores, Markham de Surco y el Mariscal Ramón Castilla del Callao, entre otros. La experiencia se ha expandido a Chile, Ecuador, Costa Rica, y hasta la India, Japón y Canadá. El Mundo de Ania y Kin terminó siendo estrenado en la cadena internacional Discovery Kids y emitida en más de 20 países de Latinoamérica durante un año.

“Nosotros enseñamos la crianza y no la producción, ya que esta última inculca en los estudiantes la misma lógica antropocéntrica de dominación sobre la naturaleza: o es para vender o es para comer, y no hay más. Pero si primero hay crianza, luego vendrá la producción responsable y con ella el desarrollo sostenible”, finaliza Leguía.

► Para promover el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y lograr un efecto multiplicador, lo primero es reconocer y celebrar los proyectos sostenibles. Por eso, si tienes una iniciativa que contribuye al desarrollo de las comunidades y el país, postúlalo en pods.pe

Foto principal: Dirección Regional de Educación de Lima. 

 

PATROCINADORES