VIDEO
Redacción ContentLab
Miércoles 29 de julio del 2020

Tras cuatro años en el modelaje, la activista afroperuana Natalia Barrera dejó de lacearse el cabello. Tenía 18 años de edad y, en ese momento, vivió lo que ella llama su “despertar identitario”: entendió lo que realmente implicaba ser una persona afrodescendiente en Perú.

“El proceso químico para tener el pelo liso es doloroso y tedioso. Sin embargo, dejé que un ácido entrara a mi cuero cabelludo y me dañara la piel. No debería haberlo hecho, rezaba para que no se me cayera el pelo, pero así me habían dicho que iba a ser guapa y bella”, recuerda.

Dejó a un lado los estándares de belleza y la presión social, y comenzó a aceptarse y a representarse a sí misma. Al mismo tiempo, reflexionaba sobre por qué había perdido tanto tiempo alisando su cabello. En ese proceso, descubrió la respuesta: el racismo.

Según la última ronda de Censos Nacionales 2017, solo un 5,5% de los afroperuanos ocupan puestos en jefaturas y un 0,2% trabajan como personal directivo de la administración pública o privada. El resto desempeña ocupaciones como servicios, construcción u operación de maquinarias.

La falta de representación de afroperuanos en puestos de poder no es mera casualidad, sino el reflejo de cómo en un país que se dice diverso, una población es excluida de espacios tradicionalmente ocupados por mujeres y hombres blancos.

Estos patrones se repiten en la educación. De acuerdo a un informe del Centro para la Educación Universal publicado en 2018, las niñas afroperuanas enfrentan expectativas más bajas sobre su potencial académico, que repercuten en el acceso a la educación secundaria.

Sin embargo, dice Natalia, “todo mi salón me decía que el racismo estaba en mi mente y que me lo tomaba personal”.

LA ESTRUCTURA DEL RACISMO
Natalia recuerda cuando presentó a una profesora la idea inicial del proyecto @chica.afroperuana, convertido hoy en una comunidad de más de 30 mil seguidores. “No creo que funcione porque en el Perú ya no hay racismo, como antes”, le respondió.

Este tipo de mensajes no son casualidad. Según la encuesta de percepciones de 2017, un 60% de peruanos percibe la discriminación racial, pero solo un 8% se perciben a sí mismos como racistas o personas que perpetúan el racismo.

“Tenemos que conocer nuestra historia —dice Natalia—. Hemos crecido pensando que el racismo solamente son actos inofensivos o una simple broma. El racismo es una estructura, por eso no es casualidad que la pobreza también tenga color”.

En el informe elaborado a inicios de año por el Grupo de Trabajo de  las Naciones Unidas sobre las Personas de Ascendencia Africana en Perú, se recalca que “la omnipresencia de la discriminación estructural a la que se enfrentan los afroperuanos se refleja en las marcadas disparidades en materia de educación, empleo, vivienda y salud; y en el nivel de vida inadecuado que experimentan”.

Asimismo, instan al gobierno a “redoblar esfuerzos para poner fin a la discriminación estructural que sufren muchos peruanos de ascendencia africana” y "hacer más para incorporar su historia y su patrimonio afroperuano”.

DEL DISCURSO A LA PRÁCTICA
Episodios trágicos ocurridos en el extranjero —como el asesinato del afroamericano George Floyd, a manos de un policía, el pasado 25 de mayo en EE.UU.— ayudan a poner en discusión la gravedad de un problema que también es peruano.

Las manifestaciones en Norteamérica repercutieron de tal manera en el Perú que, por ejemplo, marcas como Negrita, de la empresa Alicorp, anunciaron que cambiarán el nombre y la identidad visual de su producto, creado hace más de 60 años.

“Estos gestos ayudan, ponen la conversación en la mesa, pero se necesita más que eso”, aclara Natalia. Cambios concretos, sostiene, son, por ejemplo, fijar cuotas de ingreso para asegurar el acceso de los afrodescendientes a empresas o universidades, de forma que el discurso sobre la diversidad realmente se traslade a la práctica.

Aunque queda mucho trabajo por delante, dice, es necesario valorar estos pequeños cambios. En ese contexto, es importante resaltar la labor de muchos activistas como ella que, sin ser remunerados, utilizan las plataformas digitales para avivar la discusión sobre el racismo y crear conciencia. Esto ayuda a reducir las desigualdades, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 10) planteados por Naciones Unidas.

“El Perú tiene que darse cuenta del racismo que vivimos. Y no solamente cuando otro país u otra persona negra muere: este tema se tiene que hablar siempre. De lo contrario, es como una herida que no se cura y se sigue infectando”, explica Barrera. Los cambios, dice, tienen que partir por uno mismo. Por eso, cuando modela pone una condición: no alisarse nunca más el pelo.

►DATO

Los Censos Nacionales de 2017 permitieron por primera vez a los peruanos autoidentificarse étnicamente, con miras a una visibilización que permita una atención prioritaria y adecuada. El resultado: cerca de un 4% (más de 828 mil personas) se considera afroperuano.

Fuente: INEI, 2017.

PATROCINADORES