Redacción ContentLab
Lunes 29 de abril del 2019

Hay quienes, pese a las limitaciones, buscan darle una vuelta al sistema educativo y se valen de otras herramientas para generar un cambio. Uno de los casos más notables es el de Vania Masías, bailarina y administradora de profesión, quien logró sacar del pandillaje a jóvenes peruanos en riesgo social -en zonas como Pachacútec, en Ventanilla- y transformarlos en líderes a través del arte. 

La Asociación Cultural D1 que fundó hace 14 años para promover un modelo educativo centrado en la persona, usando las artes como herramienta de transformación individual. Es 85% autosostenible y hoy impacta a más de 7 mil jóvenes al año.

Los profesores de danza de esta escuela son los mismos jóvenes que ella conoció bailando en los semáforos por dinero. Entonces, Vania Masías pensó que, así como a ella la danza le proporcionó resiliencia, disciplina y perseverancia, ellos también podrían hacerlo si les brindaban la herramientas.

“Nuestro objetivo no es formar bailarines. Nuestro objetivo es usar el arte como una herramienta terapéutica y de proceso para que ellos puedan cambiar y tener la conciencia de que son capaces de todo”, dice Masías. Aunque admite que llegó a esta conclusión tras diez años de ensayos y errores.

EDUCAR DESDE LA DANZA
Vania Masías firmó un convenio con la Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana para impulsar el programa ‘Transformación de los aprendizajes a través del movimiento y la artes expresivas’, que beneficiará a 7,800 estudiantes de secundaria, de entre 16 y 17 años, en 30 escuelas públicas en zonas de alto riesgo social.

El programa, a cargo de la Asociación Cultural D1, consta de tres etapas. La primera se enfoca en el desarrollo del autoestima. La segunda, en el vínculo con el otro; y la tercera, en el vínculo con la comunidad. El objetivo es trabajar el desarrollo humano y socioemocional de los estudiantes.

“Ningún adolescente te va a contar sus problemas solo porque se lo preguntas, pero sí los puede dibujar o expresar en una dinámica musical o de movimiento. Así ves mucho más que si te sientas con él y tratas de sacarle verbalmente qué sucede”, explica. 

UN CAMBIO DE PARADIGMA
Para Vania Masías, la clave es usar el arte transversalmente como un método educativo, como en Finlandia, cuyo sistema de educación es uno de los más destacados del mundo. Los jóvenes logran fortalecer sus habilidades socio-emocionales a partir del autoconocimiento y la interacción con otros. Aunque ello implica romper con algunas prácticas de la educación tradicional.

“Tienes a treinta chicos sentados y el profesor adelante con una autoridad que se impone. Dice una verdad y los alumnos tienen que aprenderlo. Nuestras clases, en cambio, son en círculo, nos miramos y todos compartimos. Yo creo que la gran crisis es la pérdida del sentido comunitario. ¿En cuántos colegios los alumnos conectan con la comunidad?”, se pregunta.
 

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