Redacción ContentLab
Lunes 05 de agosto del 2019

Kerstin Forsberg, fundadora y directora de la ONG Planeta Océano dedicada a la conservación de las mantarrayas y la fauna marítima, supo de niña que dedicaría su vida al mar. Sus padres mantuvieron en ella vivo el recuerdo de su bisabuelo, un marino mercante italiano y pescador pionero en vender la primera harina de pescado en el Perú, y le inculcaron el cuidado por el medio ambiente, especialmente por el mar.

“Ahora me doy cuenta de que hay una conexión entre lo que yo he vivido desde niña y lo que hago ahora”, dice Kerstin, quien se graduó como bióloga marina y se enfocó en la conservación de la vida marina.

En 2007, cuando solo 22 años, inició su primer proyecto de investigación en Tumbes, en la conservación de tortugas marinas. “Me acerqué a universidades, institutos, expresando mi interés en entender la mortalidad y varamientos de estas especies en peligro de extinción, y los invité a unirse conmigo y salir a las playas”, dice Kerstin.

En un año encontraron más de 260 tortugas marinas varadas a lo largo de la costa y más de 100 chicos voluntarios se unieron por el interés de generar un cambio. A partir de este proyecto se sentaron las bases de Planeta Océano, la ONG que hoy trabaja junto con las comunidades para conservar y restaurar los ambientes costeros y marinos del Perú, y especialmente proteger a las mantarrayas.

AL RESCATE DE LAS MANTARRAYAS
“Me llamó mucho la atención cuando los pescadores nos empezaron a reportar que veían a animales majestuosos, las mantarrayas, que pueden medir entre 7 a 9 metros de largo, flotando encima del agua, o saltando, o enredados, a veces, en las redes de pesca. Era la oportunidad de contribuir con la conservación de una especie considerada vulnerable a nivel mundial, pero que en Perú estaba totalmente descuidada”, explica Kerstin.

Perú alberga una de las poblaciones de mantarrayas gigantes más grande del mundo, pero en los últimos 75 años se han reducido hasta en un 80% producto, entre otros factores, a su lenta reproducción y a su captura para el consumo o extracción de sus branquias, o por enredos accidentales en las redes de pesca.

Luego de trabajar en varios proyectos centrados en la vida marina junto con las comunidades costeras, Planeta Océano inició en 2011, tras la alerta de los pescadores, el trabajo centrado en las mantarrayas. Para ello, fortaleció las capacidades de los pescadores  para desarrollar ecoturismo responsable de mantarrayas y fauna marítima. “Ahora ellos pueden llevar a cualquier persona a nadar con mantarrayas, que son totalmente inofensivas”, cuenta Kerstin.

Además, los pescadores liberan a las mantarrayas que son atrapadas accidentalmente por las redes de pesca, y aprovechan el soporte técnico y financiero de Planeta Océano (microcréditos, capacitación y apoyo técnico) para emprender sus propios negocios ambientales. “Ahora, el pescador quiere ver a la mantaraya viva, no capturada, y ese negocio los beneficia a ellos, a la comunidad y al medio ambiente”, afirma Kerstin.

EDUCACIÓN PARA CUIDAR EL MAR
El trabajo de Planeta Océano se centra, además, en dos áreas de acción: investigación y educación. “El eje de investigación se centra en involucrar y equipar a las personas para que puedan generar información científica, y que a la vez los resultados de esa investigación puedan influir en la conservación”, explica Kerstin.

En el enfoque educativo, crearon ‘mantaclubes’ en los colegios para desarrollar con jóvenes de secundaria sus propios proyectos y campañas para difundir la importancia de conservar a las mantarrayas y a los ambientes marinos, pilar fundamental en el Objetivo del Desarrollo Sostenible número 14: Vida Submarina.

“Formamos en 2009 una red que tiene más de 50 colegios: la Red de Educadores Marino - Costeros. Y trabajamos con colegios e instituciones, docentes, niños y jóvenes para poder brindarles información. Queremos trabajar la cultura oceánica: entender cuál es el impacto que el océano tiene sobre mí y cuál es mi impacto sobre el océano”, explica Kerstin.

Por su trabajo junto con las comunidades en la protección de especies amenazadas, fue reconocida en 2018 con el premio Whitley, también conocido como ‘Oscar Verde’, siendo incorporada a la comunidad de Jóvenes líderes globales del Foro Económico Mundial. Además, fue destacada por la revista Time como una de las líderes de la próxima generación.

“Somos una organización chica, pero con un impacto muy grande. Estiramos los pocos recursos que tenemos. Pero, a lo largo del tiempo hemos recibido mucho más apoyo económico internacional. Creo que es algo que tiene que cambiar”, concluye Kerstin, convencida de que el país se beneficiaría con más responsabilidad social y desarrollo sostenible.

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