Soqtapata: un proyecto de compromiso con la naturaleza Soqtapata: un proyecto de compromiso con la naturaleza

Soqtapata: un proyecto de compromiso con la naturaleza

Redacción ContentLab
Viernes 06 de septiembre del 2019

En el Perú, actualmente existen 231 áreas de conservación natural, y según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), señala que la participación de actores privados cada vez cobra mayor importancia. Actualmente, más de la mitad de estas áreas ,58%, son proyectos privados.

Para esta institución, el potencial de éstas, radica en que permiten que múltiples actores participen en la conservación biológica y la conexión de ‘grandes fragmentos de ecosistemas naturales’. Se trata de empresas, comunidades, ONG’s o incluso familias, como la familia Pilares, que desde el 2007 decidió encargarse de 9 mil 600 hectáreas de bosque en Cusco y, desde el 2011, que obtuvo la concesión para la conservación y ecoturismo en la zona, lo hizo realidad.

Desde entonces, esa inmensidad de naturaleza lleva el nombre de Soqtapata, que en quechua hace referencia a sus seis pisos ecológicos que oscilan entre los 4,350 y los 800 metros sobre el nivel del mar.

COMPROMISO CON LA NATURALEZA
Una vez que sus hijos crecieron, Rafael Pilares se dispuso a reencontrarse con los bosques cusqueños que su padre le había hecho conocer durante varias temporadas cuando era pequeño. Como oficial de marina se había especializado en submarinos, pero fue la carretera interoceánica que ahora atravesaba los paisajes de su infancia, la que lo hizo tomar una decisión: contrarrestar los efectos negativos que esta megaobra causara en el entorno natural que forma parte del Corredor de Conservación Binacional Vilcabamba-Amboró.

“Cuando mi esposo vino con la idea de una concesión para conservación en medio de la selva, fui la primera que dijo que no”recuerda en un video Ana Cecilia, la madre de la familia. “¿Qué iba a hacer yo en una zona llena de bichos, en una zona insana?, me preguntaba. Esa es la concepción que uno tiene cuando vive en la ciudad. Y sí, hay bichos. Pero hermosos”.

“Era una zona que se había mantenido virgen debido a la complejidad de su geografía, pero la carretera le había abierto una puerta muy grande que, inevitablemente, iniciaría su alteración”, recuerda Rafael, quien junto a su esposa se encargan de la gestión general. “Hoy nuestra estrategia de protección no se basa en fórmulas coactivas ni murallas que impidan el acceso, sino en generar desarrollo y enseñar, a quienes están en ese eje, a que existen otras actividades distintas a las antrópicas que desarrollaban”

SOSTENIBILIDAD Y DESARROLLO
En Soqtapata, por ello, además de servicios ecoturísticos, vienen estableciendo proyectos de desarrollo que sus hijos han trazado como ejes centrales para mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional en relación al cambio climático y la reducción de sus efectos, que son parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible del PNUD.

Años atrás Rafael papá tuvo que adentrarse en la selva virgen, toparse con osos y pumas, para empezar inventariar los primeros hallazgos de flora y fauna que les permitieran realizar un plan de gestión. Hoy, toda esa experiencia se ha transformado en dos pilares: la conservación y protección, y la investigación científica, que les permite tener recursos ecosistémicos identificados y resguardados, como lo son los paisajes, el agua o la vida silvestre.

Para atraer desarrollo, explica Pepe, uno de sus hijos, no basta con hacer que más personas vivan la experiencia del lugar. “El mayor reto es hacer que todo lo romántico que puede resultar la experiencia de estar metido en la selva, pueda generar también un modelo que tenga resultados directos, que genere bienestar social, a la vez que se conserva”, explica.

“Usualmente se cree que son las ongs las que se tienen que encargar de este tipo de actividades”, agrega Alfredo el mayor de los hermanos. “Pero nosotros consideramos que, por el contrario, cuando la actividad privada se involucre en esto va a generar algo que es crucial: el valor económico”.

A la actualidad, este esquema de trabajo les ha permitido inculcar en las comunidades el concepto de la conservación como un lenguaje común, descubrir nuevos tipos de orquídeas para ciencia, realizar el primer registro del cuidado maternal de las larvas, ser incluídos en rutas de avistamientos de aves, y ser una atracción para becarios, tesistas e investigadores que llegan hasta Soqtapata para aprovechar el buen estado del bosque.

“Son cosas que parecen pequeñas, pero que hablan de lo bien cuidado que se encuentra el bosque”, explica Carlos, el menor de los hijos. “La minería ilegal y la agricultura mal llevada deforestan, pero el mayor riesgo de la selva es su desconocimiento y con estas investigaciones que están dando sus primeros resultados, estamos luchando contra ello”. 

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