TANI: una oportunidad para reformar el sistema público de salud TANI: una oportunidad para reformar el sistema público de salud

TANI: una oportunidad para reformar el sistema público de salud

Redacción ContentLab
Viernes 11 de septiembre del 2020

Identificar las acciones urgentes en medio de una emergencia sanitaria como la pandemia del coronavirus es un desafío mayor, más aún cuando los sistemas públicos de salud en el mundo —sometidos a una exigencia sin precedentes— han colapsado.

El Perú no fue la excepción: escasez de camas hospitalarias y de cuidados intensivos, personal mal pagado y laboratorios sin capacidad de procesar pruebas moleculares reflejaron las falencias y limitaciones de un sistema público que recibe la menor inversión en salud pública de toda Latinoamérica.

A pesar de que en los últimos cinco años ha habido una mayor inversión en este sector, el limitado acceso a los servicios de salud sigue siendo una de las mayores causas de disconformidad en los ciudadanos, como ha señalado la Superintendencia Nacional de Salud.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el principal problema del sistema peruano es la falta de coordinación y, a menudo, el desempeño de funciones que se superponen, lo que se traduce muchas veces en una mala atención.

“El tipo de atención en el sistema público depende mucho de quién te atiende: te puede atender una enfermera con muchas habilidades personales o quizá no. Nosotros creemos que el sistema tiene que convertir las habilidades personales en habilidades del sistema, para que desde el primer momento en el que una familia venga con un bebé recién nacido se sienta protegida”, explica Sara Cifuentes, gerenta de gestión y desarrollo de la Asociación Taller de los Niños.

TANI, una organización sin fines de lucro que brinda un espacio de calidad para la primera infancia, es un buen ejemplo de lo que se puede lograr con un enfoque de salud comunitario: hoy logran atender al 15% de la población infantil del distrito.

Fundada en 1978 en Canto Grande —cuando San Juan de Lurigancho empezaba a forjarse con el empuje de familias migrantes— comenzó brindando cuidado y educación a niños y niñas menores de cinco años del distrito, mientras que sus padres salían a trabajar para sostener sus hogares. Con el paso de los años, sumaron atención en salud, alimentación y acompañamiento psicológico, hasta que forjaron una alternativa al sistema de salud público tradicional.

Para lograrlo no fue necesario sumar más recursos, sino fortalecer el sistema de salud desde la atención comunitaria. Así se creó el Centro de Desarrollo Infantil TANI, que atiende niños de hasta cuatro años. “El objetivo fue armar un modelo que permitiera demostrar que sí se puede tener servicios de alta calidad para la primera infancia que impacten en todas las familias a un costo que no fuera superior al del Estado. Así es como realmente puedes cambiar la forma en que las personas ven su propia salud”, explica Cifuentes.

CONSTRUIR COMUNIDAD
Tras la pandemia, TANI logró armar rápidamente un sistema de atención que les permitió incorporar a miles de niños en los programas de vacunación, desde que abrieron nuevamente sus puertas en junio. Mientras TANI atendía a diario entre 100 y 150 familias, los centros de salud públicos no atendían a más de 10 al día. “Esto no es por la saturación del servicio, sino porque no se piensa que el centro de salud tiene que ser un espacio comunitario que tiene que construirse con las familias”, dice Cifuentes.

Cada una de las estrategias construidas por TANI buscan actuar en tres niveles para cada una de las familias: ayuda humanitaria y contención, fortalecimiento de habilidades y capacidades, y finalmente pensamiento estratégico a futuro. Así, han establecido un sistema integral de acompañamiento que ofrece un servicio de alta calidad para miles de familias vulnerables.

Anualmente, atienden a 15 mil familias en todo el distrito y, para los próximos tres años, buscan replicar el modelo de atención en 100 centros de salud público, logrando impactar alrededor de 500 comunidades y más de 200 mil personas, según cifras de la organización. Además, han comenzado a trabajar con la Universidad Cayetano Heredia para transferir a los estudiantes universitarios la importancia de la primera infancia.

El esfuerzo de años de trabajo les mereció el reconocimiento de los Premios Viva Schmidheiny 2020, con el Premio Especial del Voto del Público, y el tercer lugar en categoría Organizaciones sin fines de lucro con impacto social. “Pasar de decisiones individuales a espacios colectivos, donde las mamás comparten y aprenden entre ellas: ese es el desafío de la salud pública”, señala Cifuentes. Garantizar salud de calidad para todos los peruanos, sin excepción.

PATROCINADORES